Jue. Dic 2nd, 2021

Por Salvador Castro Iglesias

Recuerdo con mucha frecuencia esa frase de ¡Amigos por siempre o para siempre! Que nos decíamos cuando terminaba un ciclo escolar y la dedicábamos a quienes compartieron la sal y la pimienta durante ese tiempo con nosotros.

Después vinieron los estudios de Secundaria, Preparatoria y Universitarios y seguimos cultivando amigos, nuevos amigos y más amigos.

De cada ciclo de nuestras vidas quedan siempre los amigos, aquellos que a pesar de los tiempos, las crisis, las desavenencias, las ideologías partidistas seguimos frecuentando.

Los amigos son para siempre, así me decía mi madre Graciela que en paz descanse, cuídalos, cultívalos y nunca dejes de apoyarlos cuando vayan de bajada hijo.

Con el paso del tiempo, los recuerdo, algunos ya no están con nosotros pero ahí quedaron, guardados en el baúl de los recuerdos y sobre todo en la memoria y en el corazón de este humilde escribano que hoy les cuenta esto.

Se fue ya hace tiempo mi amigo Joaquín Jiménez Batista, quién fue mi consejero, asesor, maestro de vida.

Después mi gran amigo y hermano Emilio Villegas Espino, un ser humano con un espíritu indomable, audaz y dicharachero. Campeón en el arte de hacer amigos y cuidar de ellos.

Y así, se nos van poco a poco algunos de nuestros amigos y solo queda entenderlo y tratar de hacer nuevos amigos aunque estos jamás podrán suplir a quienes hoy ya no están a nuestro lado.

Hoy en día en que leo y veo como algunas personas van y se dan de alta en algún partido político, convencen a otros de que ellos son sus amigos, los utilizan y luego olvidándose de sus promesas de amistad se van a otros partidos y cuando ven a aquellos disimulan y les dan la espalda.

Bien dijo alguien que cada día se pierden los valores, la ética y el respeto. Valores que la amistad debería de refrendar, de apoyar y cuidar como si este fuera oro molido.

Con mucho gusto y a mucha honra me jacto de contar con amigos y conocidos en todos los partidos políticos, sin reservas, consignas ni nada de eso, son mis amigos que independientemente de sus creencias están buscando hacer algo por su Estado, con sus errores y aciertos, todos (al menos en su mayoría) dando lo mejor de sí para que salgamos todos juntos adelante.

El tener amigos leales y fieles me ha permitido transitar por los tiempos en paz, independientemente de lo que ellos piensen, de lo que ellos crean, siempre he sido respetuoso de las personas y los cargos que pudieran ostentar, porque el final de las cosas todo lo bueno o lo malo que pudieran llegar a hacer será cosa de ellos.

Tengo el gran privilegio de poder opinar, siempre con el debido respeto, sean o no mis amigos a quienes pudiera yo dirigirme y ello es un valor que no debería perderse, el respeto a las personas y a sus ideas.

Tal vez no concuerde con algunos actos de ellos, todos públicos, los privados deberán quedar en lo privado. Porque la democracia así es, poder opinar estando o no de acuerdo con algo, tratando en lo posible de aportar ideas que ayuden a superar los retos y sobre todo poniendo la amistad siempre por delante.

Los partidos, los colores, las ideas cambian, las personas debemos adaptarnos a los cambios, pero cuando se está en una posición pública se debe entender que se actúa siempre en beneficio de los demás, no solo de un grupo. Que las ideas vengan de quien vengan siempre deberían de ser escuchadas y valoradas, que los actos públicos sean transparentes y en apego a la legalidad.

Lo anterior tendrá que ser valorado por los amigos ya que el decir o no concordar con algo va o irá siempre en aras de una mejora continua y que si bien errar es de seres humanos, corregir el camino también lo será.

Nunca olvidemos que los tiempos pasan, los cargos terminan y que el resultado de las acciones jamás se olvida, que actos llevados a cabo dejan su marca y que nada es más grato que poder ver de frente, charlar y tomar una buena taza de café con los amigos.

Nos leemos más adelante …

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