Jue. Dic 2nd, 2021

Homeostasis

Nov 2, 2021

Por Francisco Javier Lino Briones

“Es cuestión de que la tierra tome un respiro”

(nota del autor)

¿Es posible repensar la relación del hombre con la naturaleza? Aunque existen varios programas la para recuperación de flora y fauna silvestre y se han expedido leyes al respecto, tal vez nada ha tenido tanto éxito como la aparición del coronavirus SARS-Covid-19.

A este respecto, recordemos cómo desde el año pasado, los medios de comunicación comenzaron a hacer circular fotografías en la que un puma caminaba por las calles de Santiago, en Chile; jabalíes se paseaban por las calles de Barcelona y también se hizo viral un video donde se aprecia a un grupo de delfines regocijándose cerca de las costas de Cagliari, en Italia.

En México, también nos sorpendió la noticia en 2020 de que en la Sultana del Norte, un oso se paseaba por las calles aprovechando el confinamiento de los seres humanos, aunque parece ser que fueron diferentes plantígrados, pero uno de ellos fue el famoso “oso de Chipinque”.

Y es en este punto donde nos ubicamos en nuestra realidad, pues si la recuperación de la vida ocurrió en los lugares mencionados ¿habrá alcanzado este fenómeno a nuestra comunidad?

Las noticias que nos llegan de la zona montañosa de esta franja de la península son de que hay mucho venado que baja incluso hasta los ranchos, conozco el caso de una cría de venado que fue adoptada por una familia para que no muriera de hambre o en las fauces de un depredador (por cierto, que también se habla de avistamiento de pumas).

Comparto que de hace un tiempo me nació la inquietud de constatar si esto estaba ocurriendo en la localidad donde vivo, específicamente en la playa conocida como “La Empacadora”, pues tengo la suerte de conocerla y disfrutarla desde hace más de veinte años, incluso cuando todavía estaba de pie el ya peligroso muelle viejo, desde donde los tiradores de la suerte aventaban sus anzuelos con la esperanza de llevar un pez a la mesa. Y debido a que desde hace más de doce años en mi función docente doy clase de buceo, snorquel, kayac, natación y demás actividades para los alumnos de la carrera de Técnico en Recreaciones Acuáticas del CET Mar 31, he visto el deterioro de la vida de este lugar, pues teniendo poca profundidad y relativamente un nulo oleaje -a diferencia de otras como la “Santa María” o “Chileno”- es muy concurrida por familias enteras, tanto así que literalmente a veces no había espacio ni para caminar.

La vida ahí era bella. A veces con el equipo de buceo completo y otras ocasiones bajando con el simple visor y aletas ¿qué no vimos en esa parte de la Bahía de Cabo San Lucas? Caballitos de mar, erizos, tortugas (tuve la suerte de mirar una de ellas ovipositando, luego de ese nido, me embelecé con las tortuguitas corriendo presurosas al mar), botetes de diferentes colores, leones marinos, morenas, anguilas, pulpos, medusas, alguna vez vi langostas formadas y caminando hacia la profundidad. También esnorqueleando, de repente fuimos sorprendidos por una gran sombra y era un hermoso espécimen de mantarraya gigante. En otra ocasión también vimos cientos de móbulas.

En mi relato “el muelle de las envidias” hago constatar cómo una mujer sacó un túnido de tamaño increíble aventando el sedal enrollado en un bote, desde el muelle viejo. Y la cantidad de veces que he nadado entre los miles de peces que como monedas de la plata más limpia reflejan la luz del sol.

Pero a pesar del esfuerzo del personal de ZOFEMAT y de nuestro plantel (nunca se inicia una práctica si no se realiza previa limpieza de la playa y continuamente realizamos limpieza submarina) la vida fue desapareciendo poco a poco, tanto así que hasta antes de Covid, no recuerdo haber visto un solo erizo y los otros habitantes marinos, ni se diga. Ese fue el precio de ser una playa segura y bella.

Pues con esa inquietud (esperanza diría yo) invité a mi sobrina, aprovechando que las autoridades ya habían abierto “La Empacadora” al público, para que fuéramos a esnorquelear y acudimos ahí con la suerte de tener un día soleado, el agua templada y muy clara, por lo que vimos con alegría que efectivamente, tal y como ocurrió en otros lugares, la biodiversidad había regresado, el fenómeno del aislamiento de los seres humanos y su falta de presencia en ese lugar estaba haciendo su magia y ese día, como anteriormente, tuvimos qué tener cuidado para no lastimarnos con un erizo, una gran morena me sorprendió, los picudos pequeños, la vuelta de los cardúmenes, los botetes, y tantos y tantas especies de animales que pasaron ante nuestra vista.

Por ello le dije a Nelía: vamos a conseguir una cámara y a escribir esto, es necesario que el mundo sepa que el equilibrio se está dando en esta playa y ojalá y encontremos la forma de ya no deteriorar este este hermoso lugar.

El director del Cet Mar 31, Avalos, nos prestó su cámara y cumplimos el propósito de dejar constancia de recuperación submarina, pero fuera del agua volteamos a las milenarias rocas que resguardan el lugar, a un costado de las ruinas de la Empacadora y vimos el graffiti. También desde las rocas dos jóvenes pescaban con sendos botes donde enrollaron su piola:

Oigan, en este lugar no está permitida la pesca -les fije firmemente.

N´ombre oiga. Un pescadito que nos llevemos de este charcote no le hace daño a nadie.

Por fortuna ya no siguieron aventando sus anzuelos, los levantaron rápido y se nos adelantaron. Nosotros teníamos que ir a lo que antiguamente se llamaba el Lote 8. Es una buena medida que las autoridades ya no permitan que estacionen autos en el acceso, frente a la playa.

En el camino iba yo cavilando sobre la magia que da en nuestras vidas el poder darse un respiro.

Deja un comentario