Vie. Dic 3rd, 2021

Por César de Jesús Ortega Salgado

En 1897 William Sydney Porter, antes de convertirse en un reconocido escritor y ser famoso como “O. Henry”, que tomó del nombre de un gato con el que compartió vivienda, de último momento logró abordar una bananera goleta de dos mástiles y 120pies, que partía esa veraniega mañana de Nueva Orleans rumbo a Honduras, ya que había sido acusado de robarse dinero del First National Bank en Austin Texas, al desempeñarse como cajero.

Para entonces este tipo de embarcaciones y se registra que desde 1860, Nueva Orleans, empezaron a llegar los primeros racimos de bananos hondureños y Mr. Oteri, comerciante en frutas, había iniciado un próspero negocio de su transporte y comercialización de manera regular, tanto por la novedad del producto como por la halagadora ganancia obtenida, empezando los agricultores hondureños a depender del cultivo y venta de la fruta, consecuencia del rápido crecimiento del gusto estadounidense por los plátanos.

Años después el capitán Lorenzo Dow Baker, en su embarcación y con gran éxito de dedicó a la trasportación de la fruta, tanto que para 1885 se asoció con Andrew Preston y fundaron la Boston Fruit Company, base empresarial sobre la que se constituyó el poderoso imperio de la United Fruit Company.

En 1892, la exportación de banano constituía para Honduras el 11% del total de sus exportaciones y 10 años después el 53%, circunstancia que se repitió en otros países caribeños, en donde la United Fruit Company poseía enormes extensiones de tierra de cultivo, redes de transporte regionales a través de sus ferrocarriles y barcos de vapor, dominando gobiernos que concedían privilegios excepcionales a cambio de dádivas, lo que necesariamente llevaba a que esta empresa extrajera tuviera que estar políticamente involucrada en la región, alentando potestades de gobiernos corruptos y tiránicos, creándose por el escritor estadounidense O. Henry, el término «república bananera», que representa justamente eso, dictaduras serviles.

Ya en Honduras O. Henry, donde vivió varios meses, escribió cuentos que tenían lugar en el pueblo de Coralio, de un ficticio país de América Central llamado Anchuria, basado en Trujillo, Honduras, que forman parte del libro publicado en 1904 “Cabbages and Kings” (Repollos y Reyes) formado por una serie de pequeñas historias entrelazadas sobre los acontecimientos que suceden en esa república imaginaria, en lugares exuberantes, húmedos y ardientes, saturados de contradicciones y extravagancias, dominada por presidentes, militares y compañías extranjeras, conviviendo en el exceso de la corrupción, la impunidad y leyes a modo para servirse de un pueblo paralizado y dormido.

Cuando O. Henry decide volver a su país de origen para estar junto a su esposa poco antes de su muerte y hacerse cargo de su hija, fue apresado por la justicia y condenado con una pena de cinco años; saliendo tres años después por buena conducta. Posteriormente debido a su amplia producción y alta calidad literaria, en Estados Unidos se creó en 1919 el Premio de Cuentos “O. Henry”, que es uno de los más importantes del mundo.

Me hubiera gustado cerrar la historia de O. Henry con un “… Y enmendó su tormentosa vida, dedicado a escribir, recibiendo el reconocimiento, fortuna y éxito literario… falleciendo tranquilamente después de haber plasmado las ultimas letras de su cuento…”, pero no, lo cierto es que continuó con su tormentosa vida escoltada por el alcohol, en su permanente soledad y penas de todo tipo, sucumbiendo a causa de cirrosis hepática en 1910, en el verano, como cuando se fugó a Honduras.

Toda esta amplia referencia de la popularidad de una expresión francamente peyorativa, como lo es “república bananera”, es para que repasemos en que no necesariamente las inversiones extranjeras resultan tan favorecedoras a los países donde se establecen y que tampoco quienes gobiernan, necesariamente están capacitados para resolver exitosamente con empresas públicas los retos de hoy.

Un reto nacional inmediato, es la reforma eléctrica que ha propuesto el gobierno federal de la República Mexicana, que conlleva cambios nuevamente en los artículos 25, 27 y 28 constitucionales, con la intención de regresar a la CFE el monopolio en la comercialización de la energía eléctrica y acotar la participación de la inversión privada en la generación a un 46 por ciento y deberá ser vendida exclusivamente a la CFE, al ser esta la única que pueda comercializarla, por lo que se tendrían que cancelar contratos que sustituirían el régimen de productores independientes de energía y desaparecerían las sociedades de autoabasto, que permite a las empresas asociarse para construir centrales eléctricas y suministrarse electricidad con su producción.

Las implicaciones en el sistema eléctrico, de aprobarse la iniciativa presidencial, serían varias al modificarse el criterio de generación y comercialización de la energía eléctrica, ya que se tendrán que revocar los permisos otorgados al sector privado, por lo que se prevén múltiples y cuantiosas demandas que tendrá que afrontar el gobierno de México; además se plantea eliminar los certificados de energía limpia; de igual manera se considera desaparecer a la Comisión Reguladora de Energía y la Comisión Nacional de Hidrocarburos, pero incorpora el Centro Nacional de Control de Energía a la estructura de la CFE; y establece la explotación del Litio como actividad exclusiva del Estado.

Usted juzgue que tan lejos hemos estado o estaremos de convertirnos en una “república bananera”, dadas las circunstancias políticas de antes y ahora, para finalmente saber si han cambiado los políticos que hoy tienen el control político nacional, a tal grado que nos generen la necesaria certeza ciudadana de que algunos son sensatos y otros insensatos, porque para empezar la cabeza del sector eléctrico, el director de CFE Manuel Bartlett Díaz, no es el ejemplo de servidor público por su confianza, credibilidad y honradez.

También es cierto que ayer como ahora, observo alineados con el presidente de la república en turno, a los legisladores que mayoritariamente decidirán el sentido de la reforma constitucional que conlleva el replanteamiento de la generación y suministro de la energía eléctrica nacional, esa que cubrimos en facturas cada día más altas y en contraste, recibida en nuestras casas y negocios, desalentadoramente deficiente por constantes y prolongadas interrupciones, por la insuficiente capacidad de suministro, particularmente en los candentes veranos sudcalifornianos.

Al final de cuentas usted y yo como simples ciudadanos, iremos a pagar las facturas del consumo de la energía eléctrica más cara del país y altamente contaminante, por cierto, inadvertida por los grupos ambientalistas, debido a una planta de generación de CFE que nos deja en el horizonte de la hermosa bahía de La Paz, una nube tóxica, por la quema de combustóleo.

Pronto sabremos en que goleta se cargaron más plátanos en estos electrizantes tiempos mexicanos; quienes los capitanes de esas embarcaciones; pero sobre todo los socios ganadores con la cosecha y comercialización de los bananos, que se seguirán consumiendo en los hogares y negocios, porque lo que si es cierto es que este fruto con cualidades variables en tamaño, color y firmeza, alargado, generalmente curvado, así como carnoso, con una cáscara, a veces verde, amarilla, roja, púrpura o marrón se seguirá cotizando alto en el mercado de la república.

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