Mié. Sep 22nd, 2021

Arq. Santa Cruz

San Daniel Comboni (Daniele Comboni; Brescia, 15 de marzo de 1831 – Jartún, 10 de octubre de 1881), fue un Misionero y Sacerdote católico italiano que fue designado como Obispo de África Central.

Daniel Comboni participó en el Concilio Vaticano I, como teólogo del Obispo de Verona, y fue capaz de convencer a 70 Obispos de firmar una petición para la Evangelización de África Central: Postulatum pro Nigris Africæ Centralis.

El (2 de julio) de 1877, Comboni fue nombrado Vicario Apostólico de África Central, y nombrado Obispo en Agosto de 1877, con sede en Jartún.

El Padre Daniel Comboni fue Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 17 de marzo de 1996 y fue posteriormente Canonizado por el mismo Pontífice el 5 de octubre de 2003, en la Basílica de San Pedro en El Vaticano. Con el nace la Orden de los Padres Combonianos y ligado a la vida de él, aparece la figura enorme de Monseñor Juan Giordanni Nana.

Corría aquel lejano 17 de marzo de 1996, era un día muy frio y lluvioso típico de la ciudad de Roma, me había despertado muy temprano en aquel cuarto del Hotel Aretuzza para tomar el autobús y con billeto en mano dirigirme a la Plaza de San Pietro para ser testigo de la Beatificación de Daniel Comboni.

Al llegar al Vaticano muy temprano, se miraban en el interior de la columnata de Bernini multitudes de feligreses de todo el mundo principalmente de África (lugar donde nació la Orden de los Combonianos) y por supuesto también de nuestro querido México.

En los rumores de la Plaza de San Pedro se decía que el Papa Juan Pablo II estaba enfermo de gripe y que tal vez no asistiría a la Beatificación, el clima tan frio y lluvioso hacia más fuerte la posibilidad de que así fuera. Había incertidumbre.

Me tocó estar en la primera fila para esperar que abrieran la puerta izquierda de la Basilica, por cuestión de orden y protocolo se abrían en ese entonces solo las puertas laterales; la del centro se abrió durante el Jubileo del año 2000. Por suerte en esta ocasión fui el primer peregrino de entrar en ese día al interior de la gran Basilica. Llevaba en mi pecho colgada al cuello una pequeña pero visible bandera de México.

Me ordenaron los guardias suizos colocarme a unos 40 metros del Altar Papal del famoso Baldaquino de Bernini, obra escultórica de bronce con sus torneadas columnas salomónicas y junto al pasillo central debajo de la gran cúpula de Miguel Ángel. Era un lugar privilegiado.

Con las horas el interior de la Basilica estaba repleta de fieles de diferentes nacionalidades mientras se escuchaba  sin cesar un hermoso Coro de niños y niñas que entonaban cánticos de origen africano que hacía una atmosfera de inigualable armonía, a tope las tres naves no daban más cabida a los feligreses, ni para donde salir o moverse, así estuve 4 horas esperando emocionado y cámara de video en mano para que ingresara el Papa Juan Pablo II y su Séquito a la nave central del Templo por donde pasaría el Pontífice.

Por fin se escuchó un estruendo de aplausos y gritos… el Santo Padre y sus acompañantes estaban ingresando a la nave principal de San Pedro; con paso lento y sin detenerse en ningún momento prosiguió el Papa avanzando y saludando diestra en alto a lo largo del Templo con rumbo al Altar Mayor.

Con vehemencia esperaba verlo pasar frente a mí, y cuando esto sucedió, no sé por qué razón giró su cabeza hacia su izquierda para fijar su penetrante mirada en mis ojos, y sin más ni más se detuvo y se vino a mi lado para saludarme, mi reacción de sorpresa y emoción fue abrazarlo y decirle con un grito ahogado ¡MEXICO PADRE SANTO!

“Prohibido tocarlo”, no me importó, era el momento que le había pedido a Dios que me diera la oportunidad de ver al Papa de cerquita, y lo más cerca que lo había visto era en su ventana de sus aposentos allá arriba de la columnata de Bernini junto a la Capilla Sixtina y la Fumaratta. En otras ocasiones lo había visto en México durante sus peregrinaciones en Guadalajara Jalisco. Dios me había brindado esa gran y anhelada oportunidad.

Pero había otra gran noticia para un servidor y para los amigos de Monseñor Juan Giordanni Nana que estábamos en ese momento en Roma, ver a Monseñor Giordanni entrar en el Séquito del Papa Juan Pablo II; quien podría imaginarse que el humilde Misionero que vivía en la Comunidad de Las Pocitas Mpio. de La Paz estuviera presente en esa fecha, en ese lugar y a un lado del Santo Padre.

Los videos de esa Beatificación los habían capturado en películas Super 8, y los guardé como un tesoro, estando en México de regreso los compartí al Padre Juan Gómez para que él le sacara una copia. Entiendo que resguardó una copia y me los regresó. Desgraciadamente la delincuencia hizo la mala obra de saquearme mi casa durante unas vacaciones en Tijuana y se llevaron los enemigos de lo ajeno todos mis videos películas y recuerdos de mi estancia en Europa. Así perdí ese momento de mi encuentro con el Papa Juan Pablo II y sobre todo la única película que tal vez exista de ese momento de Monseñor Giordanni junto a Juan Pablo II el culmen de su vida pastoral.

Por eso, y por mil razones la amistad que prevaleció con Monseñor hasta el último día de su vida, me hizo buscar y seguir las cualidades de su vida, llena de obras buenas y de una entrega total de humildad y fe por más de 40 años en las comunidades serranas de Los Dolores. En B.C.S.

El conocerlo de cerca me hizo entender la grandeza de este personaje, el Padrecito como le llamaba la gente de la Sierra, había nacido en Lanzada Sondrio (Italia), comulgando siempre el Amor al prójimo y llevar de estandarte la voluntad Mariana, en 1958 es Prefecto Apostólico en Baja California Sur, instalado en la pequeña comunidad de Las Pocitas, vivió ahí por más de 40 años, realizando las tareas propias de un Misionero, bautizó a mis esposa Fátima como lo hizo con cientos de niños serranos de aquellos tiempos, sembró la Sierra de Capillas de Visita en muchas comunidades y dejó la imagen de la Cruz en muchas lomas y cerros de la geografía Delegacional.

Conviví con él varios años en su casita modesta instalada atrás de la Capilla de Las Pocitas, los sábados muy temprano saboreaba su café estilo italiano que siempre él me preparaba cuando llegaba a saludarlo, rezar junto con él y la Madre Meche Barba era un protocolo de los fines de semana, oír sus memorias de la II Guerra Mundial donde fue Capellán del Ejército Italiano y su calvario al estar prisionero de guerra en África (1941), lo hizo merecedor de Reconocimiento al Mérito de la República Italiana (Cabaliere de Italia), observar sus velas chorreadas que demostraban sus desvelos, pues leía mucho la Biblia, estudiaba, escribía y contestaba las cartas que le llegaban de todo el mundo, en esos tiempos no había electricidad en la comunidad, guardaba cientos de timbres postales de diferentes países y no podía faltar la imagen de la Virgen Maria su fiel inspiración de vida; la vieja máquina de escribir mecánica de manufactura italiana, la oía teclear mientras la Madre Meche en sus quehaceres preparaba nuestros alimentos, también estaba al cuidado de su huerto particular de unos 4 metros cuadrados donde cosechaba jitomate, cebolla y otras legumbres, las regaba con el agua residual de su lavatrastos, la falta de agua en Las Pocitas no era razón para convivir feliz en ese lugar y estar en Misión permanente.  

Guardaba reliquias de varios rollos Kodak de películas inéditas de la II Guerra Mundial, nunca las pudimos ver por falta de un proyector y electricidad, desconozco ahora donde fueron a parar y que contenido específico tenían.

Su vieja cama desvencijada, estaba en un rincón de uno de los dos cuartos que tenía su hogar, una tabla ancha le servía de tapete al pie de ella, en un clavo pegado a la pared su inseparable boina color azul marino era testigo y compañera de su roído maletín negro donde siempre transportaba sus documentos cuando viajaba al pueblo (La Paz).

Cuando venía a La Paz, se paraba debajo de un arbolillo afuera de la antigua Central Camionera por la calle Jalisco, ahí parado me esperaba con su vestimenta siempre de color negro, boina y maletín en mano. Era transportarlo a Casa Comboni en la Iglesia de Maria Auxiliadora para las tareas propias de su encargo.

Un secreto por él guardado era una caja fuerte que el mismo fabricó; nunca supimos que guardaba ahí hasta los días posteriores a su muerte; la Madre Meche y un servidor, hicimos una especie de inventario, con etiquetas pegadas a los objetos y en una vieja libreta de Taquigrafía nos dedicamos a realizar un recuento de sus poquísimas pertenencias.

Su Rosario me lo había regalado un día antes de su fallecimiento (8 de enero de 2001) y lo conservé para siempre, igual fotos y una medalla que me obsequió allá en Roma que la guardo como un tesoro.

Aprendí de él a tener fe, entender que la vida la debemos de valorar por Amor en Dios y no en el dinero, poder o cosas materiales, entendí que la humildad es el verdadero tesoro junto con la familia que los humanos debemos interpretar y valorar, es muy difícil, pero con fe se logra el propósito.

La fe mueve montañas se dice… Observaba a Monseñor Giordanni por horas en su Capilla de las Pocitas de rodillas frente al Altísimo y con los brazos extendidos extasiado mirando la imagen de Maria, me preguntaba como soportaba estar así en esa incómoda posición por horas enteras, cuando estaba ya muy enfermo y lo teníamos en el Sanatorio, antes que expirara, nos pidió lo levantáramos de su lecho para ir caminando al Santísimo Expuesto en la Capilla del Hospital, fue una de sus últimas voluntades en vida, nos pidió que lo sepultaran en la comunidad de Rancho Santa Fe, junto a unos cardones a un costado de la Iglesia que el construyó en ese lugar, la había financiado con ahorros de su madre y su hermana Teresín (también religiosa).

En los días previos a su fallecimiento me había pedido su reloj de pulso y su Rosario, el reloj suponíamos la madre Meche y yo que era para saber la hora de la llegada de 3 de sus sobrinos que desde Italia vinieron a verlo y lo alcanzaron con vida, estuvieron en privado con él unos momentos y la Madre Meche yo nos salimos un rato de su habitación. A la mañana siguiente murió.

Ahora Monseñor descansa eternamente en la Catedral de La Paz en un justo homenaje al Misionero Comboniano que dio un gran ejemplo de Amor al pueblo de Baja California Sur.

Al pasar los años después de su muerte, me he dedicado a investigar anécdotas, milagros, hechos y buscar sus reliquias… tengo los proyectos arquitectónicos que realicé para hacer de su casa un Museo, había objetos sacros, vestimentas, mobiliario, etc.  la Madre Meche y un servidor abrimos su caja fuerte…encontramos en su interior algo inimaginable… unos chocolates italianos; los guardaba en secreto porque le hacían daño, fue su gran secreto.

Lo más reciente que encontré de sus antiguas pertenencias en mayo pasado (2021) en la Sierra de Los Dolores buscando información sobre su vida fue su camioneta Ford modelo de los 40´s que se vendió a un particular después de su muerte.

En esa “troca” se escribieron páginas de Misiones de Evangelización y ayuda a las gentes más pobres del Estado de Baja California Sur que realizó Monseñor Giordanni, fue testigo de un hecho que la Madre Meche contaba como milagro al ser arrastrados por el arroyo del KM 100 cuando se dirigían ella y el Padre Giordanni Nana a inaugurar la Capilla del 100 y donde acudiría el Sr. Obispo a su apertura.

Esta reliquia de gran valor estimativo ahora la tiene afortunadamente en buen y seguro resguardo y propiedad legítima el Sr. Manuel Hirales Murillo, allá en el rancho San Moisés, Subdelegación de San Fermín en la Sierra de Los Dolores.

Por medio de mi cuñado Romualdo Lucero y su esposa Paula, me hicieron el favor de conllevarme a encontrar esa máquina llena de historia, a ellos muchas gracias.

Seguir investigando datos, fotos, lugares, fechas y anécdotas del gran Misionero Juan Giordanni Nana, es una tarea que realizo con el agrado de percibir en cada hallazgo que encuentro, la grandeza de este ser inigualable, que desde que fue consagrado como Sacerdote en la Catedral de Foggia, Italia, el 22 de Marzo de 1931 se dedicó a la proclamación de la Fe Cristina en África y desde 1956 en México a partir 1956, así llegó a B.C.S. en 1958 donde desarrolló su vida ejemplar Pastoral hasta su muerte.

Dios lo tenga en su Gloria.

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