Austeridad irresponsable

Por Ángel Ozuna

Mayo 09 del 2021

Alguien austero es severo, sobrio, sin excesos. Me imagino que eso busca nuestro presidente con su “austeridad bolivariana”, es decir que no haya lujos ni excesos. En principio, se oye bien pero solo al ver a Obrador en los pasillos del palacio nacional nos damos cuenta que su tan mentada austeridad es puro cuento como todo el desempeño del mentiroso de Macuspana. Este gran simulador que tenemos en palacio, solo les ordena ahorrar a sus súbditos, caiga quien caiga, rechine quien rechine.

Aplicar medidas de austeridad en los programas de mantenimiento del Sistema de Transporte Colectivo de la ciudad de México es una barbaridad, no es conveniente para la seguridad, como se dice a menudo, es un ahorro muy mal aplicado por las posibles consecuencias a veces mortales para los usuarios, como el caso que hoy nos ocupa.

Cuando un grupo de ineptos funcionarios aplican la austeridad a rajatabla, suceden los accidentes. Para ellos la orden fue tajante: ahorrar a como dé lugar en donde sea, como se pueda, porque Obrador necesita dinero para sus planes descabellados (Santa Lucía; tren Maya y Dos Bocas).

Existe empero un pequeño problema. Aplicar austeridad en los programas de mantenimiento de una entidad como es el Metro de la ciudad de México, no es solo servilismo, sino criminal, ni para que hablar de las consecuencias trágicas. Eso es equiparable a tratar de ahorrar en el mantenimiento de los aviones, porque se puede provocar un accidente. En aviación, al igual que en otros campos, el cortar “esquinas” a los programas de mantenimiento debería estar erradicado, pero no es así. Nunca falta algún gerente que quiera quedar bien con el jefe y adquiera piezas de repuesto de mala calidad. Voy a poner un ejemplo: dentro de los componentes de los sistemas de frenos de los aviones comerciales se encuentra una cantidad grande de piezas que deben ser sustituidas, estén como estén, las partes viejas se van. Alguien tiene la brillante idea de que si una pieza está en buen estado ¿para qué cambiarla? Lo cual es una lógica que no aplica en aviación, pero sucede. Al dejar la misma pieza, ese individuo pone en riesgo la seguridad de una operación echando a perder el buen trabajo en equipo. Lo menos que pueda pasar es un incidente menor sin consecuencias graves, pero el riesgo ahí estuvo presente.

Lo mismo pasó en la ciudad de México.

Durante su construcción trataron de ahorrar hasta en las banquetas para robar lo más posible, coludido con su gestor de recursos, Mario Delgado (hoy presidente de morena, aunque pertenece al partido del trabajo, para regocijo de Franz Kafka), y luego este individuo (Marcelo) sale huyendo a Paris para evadir responsabilidades y esperar mejores tiempos. Como sucedió en efecto.

Después de miles de contra tiempos, incidentes y sobre precios, una vez terminada la línea, se le tenía que dar mantenimiento, mínimo para tapar las apariencias. Pero he aquí que YSQ, no encuentra como financiar sus caprichos y locuras y ordena recortar gastos y desviarlos a los tres caprichos presidenciales poniendo en grave riesgo la seguridad en la operación del Metro, sin embargo, la orden fue: “pase lo que pase”. Sucede lo inevitable, empiezan poco a poco a salir los problemas los cuales se van quedando sin atención, hasta que pasa algo grande, trágico y terrible, como era de esperarse.

Y empieza el patinadero para ver cómo van a manejar el asunto. Se empiezan a tirar la pelota unos a otros, su jefe los abandona y los deja que se desgarren las medias.

A no dudar son cuatro los involucrados directamente:

El que ordenó su construcción y las compañías encargadas de llevarla a cabo. (Marcelo Ebrard y las compañías que el contrató, incluyendo a las del ingeniero Slim).

El que consiguió el dinero. (Mario Delgado, Secretario de Finanzas en el gobierno de Ebrard y, Dirigente Nacional de Morena).

A la que le tocó la bolita del accidente. (Claudia Sheimbaun).

Y el jefe de la banda. (Adivinen quien es -YSQ-).

Dos de ellos tenían aspiraciones presidenciales para el 2024. Uno de ellos ya se descarriló. La otra sigue porque es la favorita y la va a cubrir el manto protector de su dios.

El pelafustán de la lana, ese ni fu ni fa, el solo quiere seguir robando a la sombra de YSQ, sea en un puesto sea en otro.

Lo más probable es que ninguno de los tres salga con responsabilidad sobre el accidente, el jefe de la banda, menos. Van a inventar una salida “cantinflesca” como es su costumbre y a otra cosa. De carambola puede que alguien salga beneficiado con el camino a la silla “vuelvelocos”. La lista se reduce.

Insensibilidad de Obrador. El pertenece a una secta que desprecia el dolor humano. Así las cosas, YSQ ni siquiera se paró en el lugar de la tragedia, mucho menos mostró algún tipo de simpatía con los deudos o los heridos, nada, para él no pasó nada. Al otro día en su acostumbrada bananera se fue sobre la prensa (que raro), empezando por el “pasquín nauseabundo” (Reforma), Universal y Excélsior, pero de los muertos en el Metro, ni una palabra.

Fue notorio en el resto del mundo como dieron relevancia al accidente y a la falta de empatía de Obrador. Los tachó como “neoliberales” y socios de los grandes capitales al servicio del mejor postor. En especial se refirió al rotativo El País, The Wall Street Journal, New York Times, Financial Times, y un largo etcétera.

Todo esto me lleva a varias conclusiones (a reserva de mejorar): se confirma el sello de la secta de Obrador: no tienen absolutamente la menor idea de lo que es gobernar un país. Son ineptos hasta el delirio. Todo lo hacen mal y chafa. Se vuelven locos por los materiales corrientes y baratos. Empezando desde su líder de la secta son corruptos y mentirosos.

El único objetivo de la secta morena en este mundo es robar, robar y seguir robando, dónde y cuándo se pueda. Todos los secretarios de estado desde que entraron a sus oficinas a robar se vieron muy mal sirviéndose con la cuchara grande. Es tanta su codicia que se atrabancan unos a otros.

Si en el camino rumbo a la destrucción de México desde su jefe hasta el último barrendero (una disculpa al gremio) se pueden enriquecer, mucho mejor. Todas estas ratas, terminando el sexenio van a salir huyendo a donde crean que pueden ir a disfrutar de su dinero mal habido sin que los moleste nadie. El jefe de todos se va a su rancho a Tabasco (al menos eso nos hace creer), pero solo el, y eso si lo dejan los tabasqueños, porque no se les va a olvidar tan fácil como los mandó inundar.

Como nunca han trabajado, Obrador y su familia lo único que desean es obtener tanto dinero como sea posible para poder vivir como siempre lo han hecho, a costa del erario sin problemas. Les quedan un poco más de 1,200 días para saquear al país.

Yo me pregunto: ¿Qué pensará YSQ de los ingenieros civiles mexicanos? ¿Por qué desperdiciar ese gran recurso y talento humano que tiene el país? ¿Por qué todas las grandes obras se las endosa a los militares? ¿Querrá hacerse de recursos fáciles y sin rendición de cuentas? Son demasiadas preguntas sin respuesta.

No le demos vueltas al asunto: solo hay un culpable y vive en palacio nacional, lo demás es querer tapar el sol con un dedo.

PD. Vuelvelocos se refiere a la silla presidencial, de la cual Emiliano Zapata solía decir: “quien sabe que tiene esa silla, que los que se sientan en ella se vuelven locos”. Le faltó agregar que los que ya estando privados de la razón se sientan en ella, se transforman en dioses sumamente peligrosos. No me refiero a nadie en particular.

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