La migración en el contexto actual

María Luisa Cabral Bowling

Mayo 03 del 2021

Uno de los temas más importantes ahora en la agenda de la relación entre Estados Unidos y México, es la migración. Con la nueva administración del presidente Biden se inician intentos de un diálogo para resolver el problema de la migración en la frontera norte de nuestro país, ahora compuesta mayoritariamente por personas provenientes de Centroamérica, del llamado triángulo norte: Guatemala, Honduras y el Salvador, además de los migrantes mexicanos. La migración mexicana tiene actualmente un componente muy alto de niñas y niños no acompañados, debido a la estrategia estadounidense de no rechazarlos, pero también debida a las expectativas para reunificación de familias que ya residen en Estados Unidos. Persiste el rechazo a nuevos migrantes, a pesar de que Biden cambio el enfoque sobre este problema. Biden habla de la importancia que ha tenido la migración en la historia y en la construcción de Estados Unidos y sostiene una política definitivamente más incluyente que las que promovió Trump, que incluye supuestamente, legalizar a 11 millones de indocumentados, entre ellos a los llamados dreamers.

Sin embargo, el nuevo discurso va mas allá que las acciones, pues siguen las deportaciones, sigue la negación de asilo y se ha mantenido la cuota anual para admitir solo 15,000 migrantes al año. Las expectativas que creó el nuevo discurso propiciaron que la migración y la presión en la frontera norte aumentaran al tal grado que se provocó una crisis inmanejable, por el poco cambio legal y asistencial y por la deficiente infraestructura de atención a los migrantes.

El presidente López Obrador ha insistido en que se deben combatir las causas de la migración y en ese contexto propuso la aplicación en el Triángulo norte de la política de empleo para jóvenes para la siembra de árboles, del llamado programa Jóvenes sembrando vida. El presidente Biden, que además nombró a la vicepresidenta Kamala Harris, responsable de la política migratoria para los tres países centroamericanos, ignoró la propuesta del gobierno mexicano. K. Harris propone una política similar pero al estilo estadounidense, o sea ofrecer apoyos para jóvenes de esos tres países con ayudas provenientes de organizaciones e instituciones estadounidenses, muchas de ellas acusadas de ser partícipes de las llamadas intervenciones humanitarias de Estados Unidos, como la USAID, con apoyos de la CIA (una de las más conocidas fue la que apoyó a Guaidó para tratar de ingresar “ayuda humanitaria” en la frontera de Venezuela con Colombia que buscaba apuntalar un golpe de Estado, como ya lo reconocieron algunas autoridades estadounidenses) y Fundaciones como la Ford y la Rockefeller, también con la ecológica misión de combatir el cambio climático, al mismo tiempo que se busca arraigar a los posibles migrantes.

El tema de la migración y la importancia de los migrantes se han convertido en puntos esenciales en el tablero de la geopolítica global, no solo para Estados Unidos. Todo el mundo se ha visto fuertemente impactado y transformado por la agudización de la crisis del modelo económico y por la pandemia del coronavirus y sus efectos. La transformación es de tal dimensión a nivel global que, por lo pronto, es muy difícil conocer su verdadera dimensión. Europa, que es uno de los territorios más afectados, ya tenía serios problemas demográficos, por el envejecimiento de su población, y sociales y políticos, por el impacto de las migraciones provenientes, igual que en el caso de Estados Unidos, de países sobreexplotados y violentados por el colonialismo. Ahora con la pandemia que, por un lado, golpeó sobre todo a personas adultas mayores y por otro lado, agravó la discriminación racial y religiosa, fortaleciendo todavía más visiones nacionalistas de corte fascista, está en una situación cuyas consecuencias es difícil predecir, porque, también al igual que la migración “latina” en Estados Unidos, la migración en Europa está compuesta por muchos migrantes jóvenes no europeos que desempeñan los trabajos más precarios y que ahora también han mostrado ser los esenciales para la sobrevivencia y la superación de la crisis provocada por la pandemia. Europa y Estados Unidos se enfrentan ya desde hace tiempo y ahora con mayor razón, a la disyuntiva de defender sus identidades históricas o promover el crecimiento sustentando básicamente en mano de obra migrante.

Pero también cada vez es más claro que le explotación de los países subordinados se les revierte con migraciones para ellos indeseables. De hecho, están surgiendo no solo en México sino en muchas otras partes, incluyendo Estados Unidos, posturas que sostienen que, si realmente se quiere combatir la polarización y la violencia que resulta de la presencia de estos migrantes no deseados, pero en realidad esenciales, se debe cambiar la política colonialista frente a sus países de origen para atender las verdaderas causas de este fenómeno. Incluso se llega a hablar de dejar de distorsionar procesos electorales en los países llamados subdesarrollados, como claramente sucedió en el golpe de Estado contra Zelaya en Honduras en 2009, que agudizó el deterioro social y político en ese país a niveles intolerables para muchas personas que se vieron obligadas a emigrar.

Afortunadamente la necesidad de competir con China está obligando a Estados Unidos a adoptar medidas más adecuadas para combatir el deterioro social en Estados Unidos, como lo señala el Plan que Biden presentó a su Congreso en estos últimos días y que necesariamente se verán reflejadas en su zona de influencia, aun cuando subsistan en paralelo sus intentos de políticas de dominación hegemónica.

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