Sáb. Nov 27th, 2021

Templo de Santiago Apóstol de Tupátaro, Michoacán

Arq. Eugenio Santa Cruz Henríquez

Marzo 10 del 2021

La tragedia que estamos viviendo en estos momentos los mexicanos y los amantes del Arte y de la Arquitectura por la pérdida casi total provocada por el incendio del Templo de Santiago Apóstol conocida como “La Capilla Sixtina de Michoacán” en Pátzcuaro, estado de Michoacán, tierra y cuna de civilizaciones prehispánicas con herencias históricas únicas como las Yácatas y Tells de enorme importancia arqueológica que están en una situación de riesgo total como la que hoy desaparece.

El incendio sucedido el pasado 7 de marzo de 2021 que al momento desconozco su origen, viene a poner nuevamente en evidencia la nula y a veces, inexistentes esquemas de seguridad que tienen nuestros edificios históricos en toda la República Mexicana ante atentados como el robo del Arte Sacro, vandalismo, sismos, inclemencias del tiempo y por incendios como el de hoy que fue lo que terminó con esta reliquia arquitectónica del Siglo XVI.

Mientras el gobierno federal tiene poco interés en resguardar nuestro Patrimonio Histórico, las delegaciones estatales de I.N.A.H. en todo el país, realizan enormes esfuerzos para salvaguardar, rehabilitar y curar las reliquias ante los grandes recortes presupuestales que han sufrido truncando proyectos, investigaciones, estudios, cursos, equipo humano y material para sus tareas y sobre todo, darle seguridad a monumentos y muestras del Arte Mexicano.

Será oportuno que en las Cámaras de Diputados y de Senadores que son las que aprueban los presupuestos federales le dieran una hojeada a sus iniciativas y verifiquen lo indispensable que resulta dar certidumbre y seguridad ante todo a nuestros tesoros que son de todos los mexicanos. Pero ¿cómo podemos exigirle este análisis a quien a duras penas a veces sabe escribir su nombre? Para aprobar presupuestos serios, responsables y sobre todo justos, se requiere de gente experta, culta, informada y sobre todo que le tenga amor a México.

Este siniestro es otra desgracia que sucede por la falta de vigilancia en nuestros monumentos históricos, por no tener tal vez los protocolos necesarios de prevención y de una adecuada infraestructura. Se dirá que los hubo, pero no lo suficiente para evitarlo.

El resultado ahí está, una pérdida casi total del Templo relacionado a una mala planeación federal del presupuesto. Es cierto que se incendió un inmueble importante y que lastima, pero en el sector salud se pierden decenas de vidas diariamente debido a esa mala planeación y a falta de medicinas y de personal en hospitales por el mismo motivo, están con los presupuestos recortados, en educación y cultura se pierden obras de arte en todas las modalidades, alumnos que por necesidad dejan sus estudios debido al mismo problema, el injusto y desorden presupuestal.

Fueron precisamente éstos, los rubros más castigados por este gobierno federal en los dos últimos años. No nos quejemos pues, los mexicanos votaron por tenerlo ahí en el poder, sin dar resultados y haciendo una miscelánea de la política y de la economía nacional un total desorden.

En pocas palabras, la falta de gente preparada en esas curules y en las carteras importantes del gabinete presidencial, ponen en evidencias las carencias de decisiones atinadas, con el respeto que como personas me merecen pero que les quedó muy grande la responsabilidad contraída.

A continuación, les narraré brevemente y con una tristeza profunda, del tesoro perdido ese día 8 de marzo. Una tragedia que la Nación emparenta con otras desgracias como son los feminicidios y la pandemia que vivimos todos los días y también, sin dar solución alguna por parte de nuestras autoridades.

Al Templo o Iglesia de Santiago Apóstol de Tupátaro Michoacán, se le conoce también como la Capilla Sixtina Michoacana, debido a la decoración tan detallada de pinturas que tiene en su techo. La construcción data del Siglo XVI, por lo que su estilo es característico del barroco, y cuenta con uno de los pocos artesonados del Siglo XVIII en todo México”.

Esta construcción del Siglo XVI, donde la vida y la muerte habitan el mismo espacio cuando entra uno a ese lugar, se pueden sentir los olores que han ido dejando el pasar de los años y los sueños que en ella se plasmaron. El Templo principal del pueblo de Tupátaro de Nurio, es una remota Capilla de corazón barroco que se planta frente a las prisas de nuestra época para no dejarnos olvidar la memoria de lo que estamos hechos. Hoy, tristemente ya no lo tenemos.

Lo primero que observan las miradas curiosas que llegan a su encuentro, es una construcción de adobe frente a una cruz de piedra al centro del atrio que recibe y orienta a los visitantes tanto como a los lugareños. De fachada austera y de interior esmerado, nos muestra la complejidad con que se adoptó la religión católica entre los antiguos pobladores de estas tierras.

Del lado izquierdo, hallamos una torre que resguarda una silenciosa campana antigua y tiene como encargo, vigilar sigilosa a los que entran al jardín donde descansan sus muertos.

Caminar sobre los restos de los que han vivido en este pueblo no termina cuando penetramos en los gruesos muros de la capilla, pues bajo el viejo piso de madera se encuentran 90 tumbas que fungen como moradas de los cuerpos de aquellos que fueron dejando su ingenio y alma en la obra de Arte que veremos dentro.

De frente encontramos un hermoso retablo cubierto en oro que se comenzó en 1725 y que tardó 36 años en darles la bienvenida a los fieles que acudían a Santiago Apóstol, Santo del Templo, para pedirle cualquier milagro que los ayudase a entender esta existencia tan divina como humana. El retablo contiene 4 óleos laterales que plasman el dolor de la vida de Cristo; en el centro, la imagen del milagro del nacimiento de Jesús y por encima, el valiente Santiago Apóstol sobre su caballo blanco, Santo militar que defiende a los cristianos frente a cualquier guerra que tengan que luchar. Tal como defendió a este retablo de los saqueos que se hicieron en la región durante la Guerra Cristera que azoló al México antiguo y lo conservó intacto hasta nuestros días.

En el Altar, se descubre también un frontal donde se celebran las misas que data del año 1765, una pieza única de escultura hecha de caña de maíz cubierta con lámina de plata. Es un relieve que simboliza el adornado Arte Barroco del Siglo XVIII, repleto de flores y arcángeles que acompañan con sus detalles los pensamientos de los que observan el Arte sintetizador de esta Iglesia.

Y es imposible no posar largo rato la mirada en el techo de esta Capilla, invaluable obra de Arte de origen mineral y vegetal que se concluye en 1761 bajo la dirección del Sacerdote Diego Fernández Blanco. Algunos de sus visitantes escucharon antes hablar o conocieron la Capilla Sixtina que plasmó Miguel Ángel en el Vaticano, y acuden a comprobar que exista obra de magnitud similar en un aislado poblado de Michoacán. En efecto, si no es comparable ni la época, ni el trazo, ni el material de su trabajo; lo que sí se repite en esta obra es el magnífico ingenio humano que se personifica en colores y formas de la historia de Cristo.

Desde los costados del techo nos observan los 33 arcángeles que, según la religión católica, recorren la Tierra para resguardar nuestra alma del pecado y son los ojos de Dios en este mundo. Cada uno lleva los símbolos de la pasión de Cristo para combatir el mal -o el aburrimiento- existente entre los mortales, y en cada detalle nos muestran la esencia misma de aquellas almas valientes que realizaron este gran mural superior.

Los pintores que dieron vida a esta magnífica obra tenían en su trazo la memoria prehispánica tanto como europea, pues habían pasado un par de siglos de la llegada de los españoles a Mesoamérica. Y ninguna de esas dos memorias fue descartada en las imágenes de la obra; colores y símbolos de los antiguos Códices dan forma a la historia de los que llegaron a conquistar estas tierras.

Por último, se centran los episodios de la vida de María y de Cristo en 12 cuadros principales. Desde el nacimiento hasta la resurrección, la vida y la muerte se plasman no como principio y final, sino como la continuidad misma. Y es justo ésta, la sensación con la que los visitantes parten, la idea de haber vivido en un mismo espacio y tiempo los dos puntos de partida que nos encuentran en nuestra humanidad.

Una lástima que ahora ya no está con nosotros. La fiesta que se celebraba cada 25 de julio día del Santo Patrono, ahora se perderá en sus orígenes que estará solo en el recuerdo.

Templo de Santiago Apóstol de Nurio, Municipio de Paracho Michoacán. Interior del Templo. Retablo tríptico y estructura de madera.

Artesonados del Siglo XVIII elaborados por manos indígenas. Templo de Santiago Apóstol en Tupátaro, Michoacán, México.

Así terminó nuestra reliquia….

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