Plan Hídrico integral para la paz: agua, gestión y captación

Reflexiones sobre la relación-dependencia del agua

1,2 Enrique Troyo Diéguez y *Héctor Nolasco Soria

1Comité Técnico AGENDA PARA EL DESARROLLO SOCIAL Y ECONÓMICO DE BAJA CALIFORNIA SUR (Coordinado por la AMECTIAC, A.C). 2Investigador Titular de CIBNOR

*Academia Mexicana de Ciencia, Tecnología e Innovación, A.C., Presidente

Investigador Titular de CIBNOR

Introducción

Fuentes de agua para el Municipio y Cd. de La Paz: ¿La puesta en marcha del Acueducto…. Panacea? La oferta gubernamental, difundida ampliamente, parece inobjetable: “El proyecto Acueducto El Carrizal-La Paz solucionará (hipotéticamente) de una vez por todas el problema de abastecimiento de agua potable de la ciudad de La Paz y comunidades aledañas”.  ¿Quién podrá garantizar que vamos a contar con agua abundante, de buena calidad, de manera regular? Basta pensar en las crecientes penurias que padecemos en la temporada de secas, la mala calidad del agua que recibimos por las tuberías, o más aun, la docena de colonias del área conurbada que ni siquiera cuentan con el servicio de agua corriente y que se les tiene que abastecer por medio de pipas (estrategia en manos de algunos pocos grupos que ejercen control total sobre esta actividad).

A pesar de que a primera vista el proyecto parece atractivo, acaso precisamente porque suena demasiado bien, conviene examinarlo cuidadosamente. Después de todo ¿cuántas veces los funcionarios en turno han ofrecido a la ciudadanía soluciones de fondo, finales, definitivas, de largo plazo en temas tan variados como la seguridad, el transporte o los servicios públicos? En el propio tema hidráulico, en la ciudad de La Paz, ya escuchamos desde hace años que el acuífero se está agotando y ensalitrando, y que bombear agua desde El Carrizal sería la solución definitiva al abasto de agua para la ciudad, o que la construcción de represos u otras obras de recarga acabaría con plena seguridad con la escasez. En particular, los proyectos propuestos, varios de ellos frecuentemente estancados o archivados, pero en algunos casos ponderados por los gobiernos como fuentes seguras de abastecimiento, regularidad en la disponibilidad y prosperidad para todos, resultan con demasiada frecuencia en prosperidad para unos pocos –los constructores o los propios funcionarios— y pesadillas sociales, ambientales y económicas para la mayoría. Con la oferta de panaceas tecnocráticas se han destapado terribles cajas de Pandora.

Diagnóstico de la problemática

En todo caso, examinar proyectos como éste nos permite pensar en temas de más fondo: la relación social con el agua, la manera en que imaginamos nuestro futuro, las posibilidades de una ciudad sustentable y estable, nuestra propia sobrevivencia y la de nuestros hijos.

Cualquiera que se adentre en los asuntos del agua podrá constatar que nuestros problemas son numerosos y complejos y que las soluciones que requerimos, por ende, han de ser concertadas, integrales, e implican acciones en diversos frentes. Parece una obviedad que ningún decreto oficial, ninguna obra, por sí solos, pueden ser la solución.  No es tan claro, sin embargo, que tenemos que repensar las preguntas que nos planteamos y también los diagnósticos que las sustentan.

El proyecto gubernamental del acueducto se basa en el diagnóstico de que nos hace falta mucha agua, de ahí la pregunta obligada es: ¿de dónde traemos una suficiente cantidad de agua a la ciudad? Por eso los técnicos e investigadores de diversas instituciones, incluyendo la UNAM, UABCS, CIBNOR, el Instituto Mexicano de Tecnología de Agua (IMTA) y otras, junto con la Comisión Estatal del Agua han analizado diversas opciones y han llegado a la conclusión de que la integración de variadas soluciones inteligentes, zonificadas de manera adecuada, es la opción (y más bien, conjunto de opciones) realmente viable.

Puestas las cosas de esta manera la conclusión es sólida, igual que pueden serlo los análisis hidrológicos e hidráulicos que la sustentan. En cambio, sugerimos en estas reflexiones que los supuestos del diagnóstico son discutibles y que podemos formularnos las preguntas en términos distintos por entero. Si partimos de que la raíz de nuestros múltiples problemas de agua es la actitud social, el modo inadecuado en que nos relacionamos con ella, y tratamos de averiguar en nuestro diagnóstico cómo y cuánta agua usamos y lo que estamos haciendo con su ciclo, además de preguntarnos de dónde más podemos bombear suficiente agua a la ciudad, las interrogantes serían: ¿cómo modificamos nuestra relación con el agua?  y ¿cómo hacemos de La Paz una ciudad hidrológicamente sustentable? El cambio de planteamiento nos abre enormemente el abanico de soluciones, desata la imaginación social y tecnológica.

¿Cuánta agua necesitamos?

En atención a su misión y función propias, el COTAS La Paz-Carrizal (Comité Técnico de Aguas Subterráneas de la Paz-Carrizal) nos puede proporcionar, y en su caso actualizar, los datos siguientes:

Parecen datos duros y de nuevo inobjetables. Según las evidencias, la falta de agua es de gravedad extrema, especialmente si consideramos que una parte considerable del suministro actual (45% aprox.) se pierde en la red y que las necesidades aumentan conforme crece, aceleradamente, la población urbana. La palabra necesidad encierra cuestiones que exceden lo que es necesario discutir. ¿Necesidades de las embotelladoras (Coca-Cola, Pepsi-Cola o de los colonos de El Mezquitito, Diana Laura u otra comunidad paceña? ¿Lavar a diario el automóvil o contar con una piscina serían necesidades? ¿Quiénes y cómo las determinan?

Usemos el término requerimientos y acudamos a ciertos consensos de estudiosos y organizaciones internacionales, según los cuales el agua requerida diariamente por persona en actividades indispensables como beber, preparar alimentos, lavarse y bañarse, lavar la ropa, limpiar la casa –lo que llaman agua para la sobrevivencia— oscila entre 30 y 50 litros por día. Calcular otros usos como el riego casero, diversos servicios citadinos o actividades económicas como la industria y el turismo es más complejo, pero los mínimos de los intervalos más frecuentes andan por los 130 litros diarios per cápita. Si añadimos un tercio, es decir, algo más de 170 litros diarios por persona, y hacemos las multiplicaciones y divisiones necesarias, obtendremos los requerimientos actuales de la gente en la zona conurbada.

La realidad de la escasez

De unas pocas décadas para acá se ha instalado entre el público, los políticos y la legión en aumento de expertos, la percepción de que tenemos un creciente problema de falta de agua. El lugar común nos dice que en el futuro las guerras se librarán por el control de ese recurso escaso. Conviene de nuevo, que veamos las cosas con cuidado. Tal percepción de escasez parecería fundarse en el hecho indudable de que una parte creciente de la población tiene cada vez más dificultades de acceso a agua limpia en muchas partes del planeta. Pero por otro lado atestiguamos graves problemas por exceso de agua. En México y en Baja California Sur, el período año 2008-2012 fue una realidad y ejemplo contundente: sufrimos la peor sequía en muchas décadas y poco después (2014, 2017) padecimos efectos tropicales e inundaciones catastróficas en lugares importantes de nuestro estado.

No tiene sentido hablar de cantidad de agua sin asociarla con la mala distribución, la inequidad, el desperdicio y la contaminación. La falta de agua y sus excesos destructivos son en realidad dos caras de una misma moneda: el mal trato que le hemos dado al ciclo hidrológico en aras del lucro y el poder. En todo caso, como señalan los estudiosos, la noción de escasez no tiene que ver con cantidades, sino con la aplicación del principio económico que supone necesidades sociales infinitas que habrá que satisfacer con recursos limitados.

En cualquier lugar del mundo el agua es limitada y está sujeta a un ciclo que depende de condiciones como el clima, los suelos, la orografía. Esto lo supieron los pueblos y culturas de todos los tiempos. Diferentes civilizaciones hicieron esfuerzos para maximizar la disponibilidad de agua con diversas obras y técnicas, pero casi invariablemente la consideraron limitada y frágil, de modo que ajustaron sus demandas a la que había disponible. La sociedad industrial moderna cambió radicalmente esta concepción, especialmente a partir de la introducción del agua entubada y el drenaje. Se instaló la mentalidad del tubo: ¿Necesitamos más agua? ¡pongamos tubos para traerla de cada vez más lejos. ¿La contaminamos y es insalubre?, ¡alejémosla enviándola por un tubo!  De recurso con valor biológico-humano (sin valor tangible, o más bien, invaluable), el agua pasó a ser mercancía y, además, el medio para transportar desechos. …. Y se volvió escasa.

Una perspectiva histórica

Se trata de una relación antigua y compleja. Tiene que ver con condiciones naturales, como el hecho de que en los Valles las lluvias se distribuyen de manera muy dispareja a lo largo del año, o de que llueve relativamente poco, pero escurre mucho de las montañas aledañas. Tiene que ver también, fundamentalmente, con las matrices culturales de los antiguos pobladores sudcalifornianos, después su interacción con españoles, posteriormente con inmigrados de otros estados y la modernización desarrollista, cada una con sus actitudes, conocimientos, técnicas y controles sociales.

Durante la época independiente la ciudad creció de manera moderada y el caudal de los mantos freáticos se mantuvo relativamente estable durante los siglos XIX y mediados del siglo XX. Los testimonios históricos e información disponible indican que a partir de los 70´s del siglo XX los pozos acusan abatimiento notorio, y varios de ellos un importante y preocupante ensalitramiento.

ACCIONES ESTRATÉGICAS…Algunas opciones de abastecimiento

Con miras a una ciudad sustentable con claros límites biofísicos aspiraríamos a contar con fuentes suficientes y estables de agua buena y con la menor afectación posible de su ciclo natural. Además, buscaríamos repartirla justamente y usarla con eficiencia. Esto requiere pensar en términos de ciclos, flujos y equilibrios y no exclusivamente en términos de abasto. A continuación, se exploran algunas opciones para mejorar nuestra disponibilidad de agua buena, con énfasis en las que podrían instaurarse rápidamente, con estimaciones muy preliminares de costos que nos permitan hacer comparaciones.

– Mejoramiento de las redes de agua potable

Además de desmenuzar la polémica de cuánta agua se desperdicia en las redes urbanas de distribución como en la de la ciudad de La Paz, es trascendental esclarecer las causas y proponer soluciones viables. No se trata únicamente de mal estado de tubos o válvulas, sino de severos problemas de diseño, presión y materiales. Un sistema moderno de distribución de agua tendría un diseño modular (con unidades de distribución autónomas y regulables) con opciones de almacén y racionamiento.

– Riego eficiente

Se ha argumentado de manera correcta, que el cambio tecnológico es complejo y de mediano plazo y que además el ahorro logrado no puede aprovecharse de manera directa para uso urbano. En realidad, el efecto del ahorro sería aliviar la sobreexplotación del acuífero somero, e ir recuperando los niveles históricos de extracción de la batería actual de 28 pozos que alimentan el sistema de agua potable. Si se cambiara el riego en al menos la mitad de la superficie actual de regadío en los próximos tres años, es factible un aumento de abasto de 80 a 100 litros por segundo.   

– Captación urbana de agua de lluvia

El agua más abundante y limpia literalmente nos cae del cielo. Una primera posibilidad para captarla implica: (a) la construcción de un drenaje pluvial para la ciudad, al menos en las zonas suburbanas, y (b) obras especiales de captación directa (como las que empiezan a implementarse en la ciudad de México). El resultado de ambas es recargar el acuífero (además de contribuir a evitar inundaciones).

– Programa domiciliario de ahorro y reuso

Perdemos volúmenes importantes de agua por fugas y desperdicio en casas, oficinas, etc.  Algunas estimaciones ubican este desperdicio en niveles de 30 a 50% del agua que se surte, y señalan al WC como el responsable principal. El campo de acción en esta materia es extenso; la detección y reparación de fugas, diversos dispositivos ahorradores de agua, la adopción de sanitarios secos, la reutilización. Un inteligente programa de ahorro y reuso, combinado con una campaña informativa más allá del acostumbrado “se puede acabar el agua”, podría tener resultados muy favorables. Podrían por ejemplo, instaurarse brigadas técnicas que a solicitud de líderes de colonias o sobre la base de un programa de trabajo, realicen balances de uso de agua en casas o comercios, que detectaran fugas y sugirieran opciones técnicas o de manejo. El exitoso programa de la CFE para ahorro de energía puede ser ilustrativo.

– Programa emergente de distribución

Es obvio que el problema central de la distribución de agua potable no se resolverá con rapidez; al menos una decena de colonias no cuenta siquiera con los tubos y en el resto de la ciudad el servicio es deficiente por las razones mencionadas. Mientras se mejora y extiende la red, es necesario seguir distribuyendo agua en pipas.

Estratégicamente la ciudad y sus entornos rurales deberían contar con fuentes de agua tan variadas como fuese posible (aquello de no poner todos los huevos en una sola canasta), tanto en términos geográficos como de fase del ciclo hidrológico. Estamos acostumbrados a pensar en un sistema centralizado (burocrático o privado) de distribución de agua. Esto no es sustentable.

Imaginemos que la cuenca de La Paz pueda abastecerse en 5% de agua de lluvia, con sistemas integrados o autónomos para ello, en 15-20% de aguas desaladas o depuradas (desalinizadoras y plantas de tratamiento), con una mejora substancial en la eficiencia de la Red (incrementándola a 80%, al menos) y el resto de aguas subterráneas de buena calidad, con extracciones debidamente planificadas. Lo anterior asociado y sincronizado a una jerarquización de destinos consensuada socialmente, se alienta con vigor el reuso y la eficiencia y se impulsan esquemas locales de racionamiento a nivel de colonias, pueblos, unidades habitacionales. Puede sonar difícil, pero las profundas transformaciones requieren imaginación audaz.

Estas reflexiones pretenden despertar el interés que los asuntos del agua nos merecen. Naturalmente, dejan muchas preguntas y asuntos pendientes, tales como el control social de los procesos de distribución de agua. Un marco de referencia puede reconstruirse a partir de las conclusiones emanadas del Foro Mundial del Agua 2014.

1.         El agua es fuente de vida y cultura.

2.         El agua es un bien común, no una mercancía.

3.         El cuidado del agua es responsabilidad de todos.

4.         La política del agua debe concentrarse en los niveles local y de cuenca.

5.         Tenemos que garantizar el acceso de todos al agua para subsistencia.

Así, sobre la base de dichas conclusiones, las prioridades sobre el agua serían:

a) Mantenimiento de los sistemas naturales: zonas de recarga; atención a la relación recarga/extracciones.

b) Satisfacción de las necesidades básicas.

c) Usos sociales y comunitarios.

d) Agua para las actividades agropecuarias.

e) Agua para los usos privados, comerciales y de servicios con beneficio económico.

Propuestas de política pública

1. Mejorar las redes de agua potable. Es trascendental esclarecer las causas y proponer soluciones viables. No se trata únicamente de mal estado de tubos o válvulas, sino de severos problemas de diseño, presión y materiales. Un sistema moderno de distribución de agua tendría un diseño modular (con unidades de distribución autónomas y regulables) con opciones de almacén y racionamiento.

2. Eficientar tecnológicamente los sistemas de riego. Si se cambiara el riego en al menos la mitad de la superficie actual de regadío en los próximos tres años, es factible un aumento de abasto de 80 a 100 litros por segundo.   

3. Incrementar la captación urbana de agua de lluvia. Una primera posibilidad para captarla implica: (a) la construcción de un drenaje pluvial para la ciudad, al menos en las zonas suburbanas, y (b) obras especiales de captación directa (similar a CDMX). El resultado de ambas es recargar el acuífero (además de contribuir a evitar inundaciones).

4. Establecer un Programa domiciliario de ahorro y reuso de agua. La detección y reparación de fugas, diversos dispositivos ahorradores de agua, la adopción de sanitarios secos, la reutilización. Un inteligente programa de ahorro y reuso, combinado con una campaña informativa dirigida a la sociedad.

5. Establecer un Programa emergente de distribución de agua. La Paz pueda abastecerse en 5% de agua de lluvia, con sistemas integrados o autónomos para ello, en 15-20% de aguas desaladas o depuradas (desalinizadoras y plantas de tratamiento), con una mejora substancial en la eficiencia de la Red (incrementándola a 80%, al menos) y el resto de aguas subterráneas de buena calidad, con extracciones debidamente planificadas. Sin embargo, mientras se mejora y extiende la red, es necesario seguir distribuyendo agua en pipas.

Acciones estratégicas

Mejorar la eficiencia del OMSAPAS La Paz; se requiere un diagnóstico real para determinar las medidas pertinentes, incluyendo la instalación de medidores faltantes y la distribución de agua a zonas marginales. Estimación para instalación de medidores faltantes (avance al menos de 80%) y reposición de tramos obsoletos. Objetivar la meta de disminución de fugas a menos de 25%.

Garantizar prevención y corrección de fugas de agua y drenaje, capacitación metodológica a técnicos. Capacitación y reparación.

Promover cultura del agua en escuelas primarias y secundarias.

Crear el catálogo de obras de infraestructura: obras de recarga, canales de infiltración. Elaboración de anteproyectos y presupuestos. Promover la actualización y capacitación en tecnologías modernas de tratamiento y disposición de aguas residuales, y desalinización a técnicos y funcionarios de mando medio.

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