A mis 66 años…

Arq. Eugenio Santa Cruz Henríquez.

Marzo 01 de 2021

Pensé dos veces en iniciar mi artículo, porque no encontraba la punta del hilo de la madeja para comenzar estos reflexivos renglones.

Cotidianamente durante las 24 horas del día la prensa escrita de radio y televisión e internet así como en las redes sociales, nos inundan con información oportuna y veraz en el acontecer del mundo, en México y por supuesto de nuestro bello estado de Baja California Sur.

Al situarme en el centro de mi entorno y después de haber perdido a 3 queridísimos amigos en semanas anteriores y proseguir con las terribles noticas de cifras de fallecimientos por la pandemia, desastres naturales y desgracias en diferentes circunstancias lugares y condiciones en el mundo, por fin creo haber llegado al máximo de mis capacidades de asombro, comprensión y entendimiento del comportamiento del ser humano.

Este confinamiento me ha hecho más reflexivo sobre el momento en que vivo y me desenvuelvo, valoro de mejor manera a mi familia, la vida, y me hice más sensible al dolor humano. Entendí mejor el amor y la solidaridad de la familia, de los amigos y de nuestros compañeros de labores.

Refiriendo mi enfoque al comportamiento humano según mi perspectiva, catalogo la vivencia en un degradante momento, con tanta falta de valores éticos y morales, donde las reglas de las buenas costumbres se perdieron entre los dardos de inercias ajenas a nuestra cultura madre, donde el libertinaje confundido discrecionalmente a nuestra conveniencia hace estragos en la juventud envenenada por cualquier medio en un sometimiento mental que está dando graves consecuencias.

Ante la pasividad de padres, maestros y tutores, dejamos al mundo correr sin darle una ruta o una meta a donde llegar; hoy las conductas humanas en edades iniciales crecen torcidas y llegan a etapas productivas con enormes huecos existenciales y sociales, de valores y escurrimientos delicados introducidos en la ignominia, soberbia, el descaro y la desfachatez. Los buenos ciudadanos se crean en casa, y los delincuentes también, el ejemplo familiar es el reflejo del hombre que circula en nuestra sociedad. Somos el reflejo de nuestros padres, así de importante.

La mentalidad ególatra del hombre actual confundida con intereses individuales trastoca contra todo lo que riña en sus afanes mezquinos y personalistas; El que no tranza no avanza…parece ser la bandera en todo momento.

Les pondré un ejemplo personal, cuantos años pasaron desde el año de 1972 cuando por primera vez tuve la oportunidad de ejercer mi derecho al voto, como en aquel lejano año hasta ahora, nunca he dejado de votar, y desde entonces oí, supe y entendí de fraudes, cargadas, caballadas, comilongas, mítines, sobornos, urnas embarazadas, asesinatos de políticos, métodos de votaciones arregladas como el ratón loco, el carrusel, las despensas, y todas las sandeces que políticamente hemos conocido y vivido: la antítesis de la democracia,  desgraciadamente, en la actualidad sigue la misma inercia en México que, desafortunadamente, ha sido un campo fértil para implementarlas, acuñarlas y heredarlas a las nuevas estirpes familiares de quienes las iniciaron ayer. Se continúa medrando con la pobreza del pueblo, es decir, no ha cambiado nada, todo está disfrazado.

Avizoro una gran decepción social, con mayor precisión en las condiciones reinantes de la política, en la sociedad, en la juventud y de todos los aspectos de la vida; creo, era el momento de recurrir a la experiencia de mi vida para aquilatar al mundo que me rodea; solo tocaré el tema político porque, finalmente, es el que trastoca conciencias y mueve al mundo en este momento, a México lo mueve este sismo pandémico peligroso que se nos acerca día a día hasta el 6 de Junio y lo que siga…

“Veo a un México con hambre y sed de justicia”: una frase que le costó la vida a un político emanado del partido hegemónico de México por más de 50 años, apenas los mexicanos soñaron en esperar en ese personaje el cambio que se requería de fondo en nuestro país desde entonces y que a la fecha aún no sucede; sigue viva la frase del político de Magdalena de Kino aunque nos hayan mentido con la supuesta 4ta. Transformación, a la que le llamo la cuarta reata que dista mucho de lograr un mundo mejor y justo.

Como podrán cambiarlo si son los mismos de ayer pero ahora con otra piel, los parió el mismo partido al que ahora están denostando todos los días desde el púlpito de la mañanera, y lo agravian hipócritamente como sus peores adversarios, si son ellos mismos…

¿Saben por qué es difícil que llegue ese día tan anhelado y justo cambio o transformación? Porque usted y yo no hemos cambiado, porque seguimos con la misma mentalidad de hace decenas de años y votamos lo que nos merecemos, al escoger a tipos de una misma tipología  humana que solo cambian de epidermis, según sea el periodo de gestación política de la temporada en que les toque vivir, de ella deriva el gran abstencionismo, la falta de interés de votar del ciudadano, del joven con deseos de votar y pelear por un mundo mejor que, solo lo consiguen los que poco trabajan y ganan muy bien para el resto de sus vidas… la clase política; esto votamos, esto tenemos;  nos conformamos con lo mismo, con los mismos y con los mismos colores ahora entremezclados en diferentes paletas de partidos-agencias convertidos en fuentes de empleo de gente improductiva.

Es tan apetitoso para esta especie humana ganar una elección que les garantiza vivir sin trabajar por varios años y tener la oportunidad dejar herederos familiares con las mismas mañas, pero ahora, corregidos y aumentados apoyados con la tecnología que ahora le llaman carrera política, aunque no tengan estudios ni perfiles o experiencia para una tarea o den medianos resultados, solo en algunos y respetados casos hay excepciones; es su modus vivendi, vale la pena el recordar y refrendar el refrán de “hijo de tigre pintito”.

Legisladores que le ponen su criterio a leyes para hacer y deshacer de ellas con legaloide saña, el corporativismo popular haciendo del ingenuo y dejado mexicano, un rehén electoral, condicionado con su pobreza y hambre haciéndolo sentir que somos inferiores a ellos, porque nos miran de arriba para abajo, cuando esta especie humana no lo merecen ni siquiera por haber contribuido con el voto inducido y condicionado, con su miseria para ponerlos en esas elegantes curules donde duermen plácidamente sesión tras sesión, con resultados nulos y sin pena ni gloria. Son improductivos y nos cuesta mucho dinero mantenerlos, estando sentados ahí se olvidan de su pueblo.

Se olvidó el gobierno de la tecnología, de la ciencia, del arte y la cultura, y cuando lo hizo, apenas ingenuamente fue pedir el penacho de Moctezuma, cuando es consabido lo peligroso que es su traslado por lo delicado de embalaje de la pieza, contrariamente nada dijo y permite que en una subasta pública internacional en Paris, nuestras reliquias prehispánicas se vendan al mejor postor. Que impunemente se siga realizando el robo sacro en todo el país sin que nadie diga nada, mientras nos siguen saqueando, se estará esperando la disculpa que, según nos dice el de la mañanera, se nos debe desde hace muchos años a los mexicanos, que ingenuidad.

Solo quiero hacerles amables lectores esta pregunta: ¿En qué te ha ayudado o solventado en algún problema personal o de grupo tu diputado o tu senador? ¿han regresado a tu casa a saludarte como lo hicieron en campaña? ¿los haz vuelto a ver? ¿Viste como cambió su modo de vivir que ahora tienen, y los cristales polarizados de su auto no te permiten ni siquiera cruzar una mirada con el ahora diputado para darle un saludo? Ya no saca por la ventanilla de su auto de lujo la mano luria agitándola para que lo veas y hasta te aventaba un besito, como fue en su lucha electoral contra otros especímenes iguales o peores que él, ahora es ya de otra estirpe, inalcanzable, para ti simple mortal.

Esa es la decepción total y percepción de un viejo, como la de un servidor, que durante muchos años vivió y convivió la política con el trabajo institucional, donde conocí y maduré como persona para entender mejor a nuestro México y sus penares, por eso me reitero la pregunta a cada rato, ¿por quién votar ahora?

La verdad no lo sé, hasta hoy por quien hacerlo no es indecisión, es incertidumbre y temor, entre más conozco al humano, más me siento decepcionado de su especie; necesitamos cambiar todos, cada quien en su entorno, en su actitud en su vida.

Nací un 9 de agosto de 1954, es decir tengo 66 años de edad y dentro de ese periodo de mi vida fui contemporáneo y viví épocas, donde desde niño me enteré de guerras a lo que me preguntaba ingenuamente por qué las había y para que se mataba la gente unos con otros; ahora esa respuesta la tengo especificada y cualquiera que me de ninguna, estoy seguro me podrá hacer entrar en razón para aceptarla, genocidios como la Guerra de Corea, la estúpida Guerra Fría entre la U.R.S.S. y los Estados Unidos que trastornó hasta el mundo deportivo entre tantas irrealidades, la Revolución cubana del títere de Moscú Fidel Castro Ruz contra Luis Batista, el otro títere pero del Imperio americano, es decir el choque de 2 gigantes, con alfiles sometidos y con pueblos masacrados, resultando la crisis de los misiles rusos en Cuba en los 60s, cuando el mundo estuvo a punto de presenciar los inicios de la Tercera Guerra Mundial y donde todos hubiéramos perdido o tal vez ni siquiera existiéramos ahora.

Después llegó la guerra de Vietnam y sus habitantes civiles que fueron sacrificados por el Napalm estadounidense, donde miles de jóvenes americanos fueron enviados a la guerra ante la negación de la sociedad norteamericana y del mundo; la guerra de los 6 días en el Sinaí en Medio Oriente, o el conflicto del Golfo Pérsico y la lucha por el petróleo de la zona, la guerra de Irak contra Hussein, la guerra étnica de los Balcanes donde los que no murieron quedaron mutilados de por vida por las minas personales que, sembraron en tantos territorios bañados de sangre, Angola y  Sudáfrica con su tiranía racial en otra incongruencia humana y su lucha estúpida por el color de la piel; la guerra civil iniciada por Edén Pastora en Nicaragua contra el régimen de Anastasio Somoza perpetuado en el poder por más de 40 años, y en Panamá, punto geográfico, estratégico, militar y económico, controlados por el poder de nuestros vecinos del norte, también bañado en sangre; Venezuela con años de sacrificio social por la ineptitud y socialismo disfrazado de un poder social comunistoide de sus líderes, que sigue pisoteando a su pueblo en agonía diaria; el artero golpe de estado en Chile, donde Salvador Allende cayó bajo las balas del imperio yanqui, escondido en el fusil traidor de Augusto Pinochet, las Juntas Militares de Chile y Argentina que derivaron en miles de muertos y el reclamo legítimo de las islas Malvinas por los argentinos, que trajo consigo también muerte y destrucción, donde se impuso la sinrazón y el poder militar de Inglaterra; Afganistán, con años aturdido por la guerra y la intromisión de las grandes potencias que siguen matando civiles a la fecha, soportando los tiempos iguales desde hace décadas de historia sangrienta, los atentados de New York, del 11 de Septiembre que puso a vibrar al mundo y por supuesto el orgullo del imperio americano, que fue denostado con una sopa de su mismo chocolate; la guerra civil en Siria manejada por Rusia y EEU por debajo de la mesa, entre otra larga fila de choques armados en el mundo; esta ha sido la pandemia del ser humano en toda su historia reciente; estamos perdidos como especie.

Todos estos hechos vividos en mi azarosa vida, me confirman lo que arriba escribo, el ser humano es cada día más insensible ante el dolor humano, carente de valores, de ética y compromiso, de indolencia, de oportunismo y desobediencia social.

Por eso estamos como estamos, somos los que somos, porque somos los que siempre hemos sido, una mentalidad pobre, egoísta, convenenciera y personificada en la egolatría, el perfil actual del humano ronda en la soberbia y en la opacidad, por ello que difícil será entregar mi voto a quien desafíe mi confianza para dárselo.

México se merece mejor suerte y mejores hombres líderes de verdad, ya no quiero ver a un México con hambre y con sed de justicia… mi México que lindo y herido.

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