La ley de la gravedad

“El silencio es la virtud de los tontos”. Francis Bacon.

Por Ángel Ozuna

Enero 19 del 2021

Una de las leyes inmutables del universo es la de la gravedad, nada ni nadie se escapa de ella.

Al sur del rio Bravo, al norte del Suchiate y entre dos mares existe un país latinoamericano cuyo presidente pretende escapar a todas las leyes conocidas sin detenerse a pensar que haga lo que haga, la ley de la gravedad lo va a alcanzar.

Desde la comodidad de la distancia, observamos como ese país desdichado se va hundiendo a pasos agigantados en una vorágine populista, los avisos que se le envían al culpable de esa tragedia parece ignorarlos o pretende ignorarlos. Aunque la realidad lo atropelle. Según se ve por lo que nos informan, el tipo finge demencia y hace como que no escucha, ni ve. Un amigo mío dice que solo están esperando que la carpa del circo le caiga encima.

Lo que está por ocurrirle a dicho país es muy similar, por sus propias características, a un “colapso gravitatorio” de un cuerpo estelar el cual se desmorona hacia adentro llevado por su propia gravedad. Las malas noticias son que después de ese colapso lo único que va a quedar es un “hoyo negro”.

Si yo estuviera viviendo en ese supuesto paraíso tropical tendría sobrados motivos de alarma. Me cuenta un amigo que si vive en aquel infierno que las cosas cada día se tornan más caóticas. Que su presidente en lugar de tratar de enderezar la nave los lleva directo al desastre, que en lugar de mandar procesar a su hermano por malversación le otorga incentivos millonarios -89 millones de pesos- para un equipo de beisbol, todo con el dinero del pueblo.

Cada día que pasa, me sigue contando mi amigo, aumenta el daño a la economía, el presidente sigue y sigue consumiendo el escaso presupuesto en apoyar sus obras carísimas sin ningún objeto. Tira y tira dinero a manos llenas, claro a él no le cuesta, pero al final los que vamos a pagar todo ya sabemos quiénes vamos a ser -me cuenta-. El problema empero -me dice- es que no hay poder humano que lo detenga en su loca carrera por acabar con nosotros. Estamos llenos de mediocres -dice mi amigo- yo me cuento entre ellos para que mentir, nadie nos atrevemos a contradecirlo ni ha chistar siquiera, todo se lo aguantamos a ese cínico desvergonzado, pero se le va a acabar -filosofa mi amigo- no hay nada eterno.

Me cuenta mi amigo que cuando ese presidente era candidato gritaba y vociferaba contra sus adversarios y ahora, ya con el poder en la mano quiere callar a todo mundo, no permite que nadie lo critique pero al mismo tiempo pregona que hay libertad de expresión siempre y cuando él lo apruebe.

Dice mi amigo que este personaje singular (su presidente) todos los días organiza una especie de conferencia de prensa pero que nada tiene que ver con eso, ya que se dedica a auto ensalzarse y a denostar a los que no lo halagan pero que lo que más les llama la atención son las diarias incongruencias. Las cuales cínicamente defiende y ataca, solo por mencionar un ejemplo: al principio de su gobierno bautizó a las redes sociales de internet como “benditas” por haberle servido a sus aviesos fines de conquistar a tantos descuidados, -a propósito, le dije-, ¿te acuerdas de la definición de “bendita”? Ahí te va: “santo”, así de simple, o sea que para este individuo que sacamos de la selva tabasqueña -dice mi amigo- las redes están “santificadas”. Pero oh cochina realidad, cuando a su gran amigo el presidente Trump le cancelan sus cuentas, sale inmediatamente a defenderlo tildando a los dueños de esas redes de déspotas y de que quieren acabar con la libre expresión, en suma, que son unas “malditas redes sociales”. De estar bendecidas por alguien pasan a formar parte del infierno por “perversas y de malas intenciones”. No le interesan ni la crisis de su país, ni los muertos, ni la economía de cabeza, nada, solo le interesa defender a su gran amigo Donald Trump y fustiga a las redes sociales. Dice mi amigo: algunas voces valientes le dicen a este dictadorzuelo de cartón: “sigues tu presidente”.

Me sigue contando mi amigo: “este presidentillo que nos mandó el diablo es tan cínico que durante las mencionadas conferencias, saca un pañuelo blanco diciendo: -“pañuelito blanco ya no hay corrupción”-, cuando el mismo acepta que el dinero que le entregaban a su hermano no era un robo en despoblado eran “aportaciones”, aun así -dice mi amigo- eso es muy grave, pero nadie se atreve a denunciarlo.

Pues sí que están amolados -le digo yo a mi amigo-, encima de tantos problemas y pandemias tienen que soportar a ese personaje -“es pura pacotilla”, dice mi amigo- “toda la secta que representa, “marrón”,  creo que le dicen, son una banda de vividores del sistema, son unos verdaderos ineptos y además corruptos igual o más que los anteriores.

“Nuestro pobre país” -termina diciendo mi amigo-, “se le está desbaratando en las manos, y ni quién lo detenga”. Solo me resta desearles suerte.

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