Absolutamente todo necesita tener un límite

Por Olgafreda Cota ofcota@prodigy.net.mx

Inimaginable cerrar una de las cuentas más atractivas y con más adeptos, que al mismo tiempo, canceló a un presidente en funciones. Trump tenía cerca de 9 millones de seguidores, lo que representaba una buena ganancia para esta red social.

La prohibición y su justificación de la seguridad pública, nos muestra el poder que tienen estas empresas. Son muchos los que amenazan con abandonar Twitter, en protesta por la cancelación al presidente Trump.

Los inversionistas se sienten inquietos ante este riesgo. El precio de sus acciones disminuyó 4.5% desde el motín y luego cayó un 3.8% adicional ante la prohibición a Trump. Estamos hablando de una pérdida de 5 mil millones de dólares en la Bolsa de Nueva York.

Lo que es innegable o al menos así lo parece, es que Twitter interpuso el interés público a sus beneficios. ¿Pero realmente es sólo interés público? o como piensan algunos, quiere quedar bien con el presidente Joe Biden.

El fundador y dueño de Twitter dijo: “Es una situación de emergencia y estamos tomando las medidas de emergencia necesarias, incluyendo remover el video del presidente”. También comenta tener reglas establecidas; señala que incitar la violencia, fomentar el terrorismo, el extremismo violento o el abuso y acoso, son situaciones que serán penalizadas. Y quien utiliza sus redes, conocen las reglas.

No debemos olvidar que las redes sociales, son ante todo un negocio; son empresas privadas y pueden poner su límite en donde crean conveniente.

Desde mi punto de vista tienen derecho a negar el acceso a internet cuando decidan hacerlo y no están violando la libertad de expresión. Una persona puede salir a gritar su punto de visa desde la azotea de su casa, o en una calle desfilar con letreros; es decir, puede expresarse por otra ruta distinta a las redes sociales.

No sólo en Twitter bloquearon a Trump, también lo hicieron YouTube y Facebook.

Los mensajes de Trump, ya “habían sido etiquetados como potencialmente peligrosos”.

Empezaron eliminándole tres tuits, luego lo suspendieron doce horas y después de manera, al parecer, definitiva.

Hay quienes piensan que esa medida convirtió a Trump en víctima de censura, y le permite quejarse de habérsele anulado su libertad de expresión.

No pocos afirman que se sienta un precedente peligroso. ¿Por qué a Trump sí y a otros no?

Algunos de los que están en desacuerdo con estas medidas de las redes sociales, dicen sentirse como si tuvieran niñeras que les dicen qué pueden o no pueden ver; qué deben o no deben creer y esto viola su libertad de expresión.

Entre estas personas está nuestro presidente, López Obrador, quien dijo “No me gusta que a nadie le quiten el derecho a trasmitir un mensaje. Es un asunto de Estado, no es asunto de empresas”. Agregó que las redes sociales son de las cosas más importantes que han surgido porque, garantizan que la gente se comunique abiertamente sin censura. “La libertad de expresión debe ser absoluta”. No debe incitarse a la violencia, pero la violencia no puede ser un motivo para suspender la libertad de expresión.

-¿Cuál es el límite? ¿Qué necesitaría suceder para que nuestro presidente considerara poner un límite?

También Rusia rechaza la censura aplicada a Trump. Se refiere a ello como: “Un golpe a los valores democráticos profesados por la sociedad occidental”.

Y ante mi asombro también están de acuerdo, la Canciller federal de Alemania, Angela Merkel quien dijo que el derecho a la libertad de opinión puede ser intervenido acorde a la ley, no por los administradores de redes sociales. Opiniones similares han surgido en Francia y otros países.

Muchas personas se escudan en las redes sociales y de manera fácil y muy cobarde, las usan para insultar y atemorizar a otras personas que piensan diferente. ¿No debería ponérseles un límite?

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