Trazos y Retazos / Mentiras consistentes y frágiles justificaciones por la falta de resultados

César de Jesús Ortega Salgado

Hace cuatro años un fragmento amplio de estadounidenses, que no la mayoría que votó, sino la mayoría de los colegios electorales estatales, decidieron confiar la presidencia de su país a Donald Trump, porque cimentó su fortaleza en el rechazo a políticos tradicionales, la promesa de un mejoramiento económico con repercusión en los bolsillos de las mayorías y en el combate real a la corrupción, capitalizando el hartazgo de una sociedad.

Poco antes, visita Trump la Ciudad de México en plena campaña del 2016, siendo un momento crítico para el auge del estadounidense y la caída de su anfitrión, el entonces presidente mexicano Enrique Peña Nieto, cuando el ahora presidente norteamericano anunció, inmediatamente después de la reunión, que había forzado a Peña a pagar por la construcción del muro fronterizo. Peña lo desmintió, pero la reunión fue vista en México como una humillación nacional.

Luego en las elecciones mexicanas de dos años después, en 2018 el partido de Peña Nieto fue ampliamente derrotado por el inobjetable triunfo de Andrés Manuel López Obrador, básicamente con la misma fórmula de Trump, por el rechazo a políticos tradicionales, la promesa de un mejoramiento económico con repercusión en los bolsillos de las mayorías y en el combate real a la corrupción, capitalizando el hartazgo de una sociedad. Solo que en ese entonces la opinión del ahora presidente mexicano era diametralmente opuesta a Trump.

Llamó la atención López Obrador, que en julio pasado visitara a su homólogo estadounidense en su única salida al extranjero hasta ahora, en el marco de la entrada en vigor del acuerdo comercial del T-MEC, como motivo oficial y de carácter económico, pero con el ingrediente de estar en medio de la pandemia de coronavirus, protestas sociales y la debacle en las preferencias electorales de Trump.

Por lo que se consideró esta primera gira internacional mexicana como innegablemente política, considerando que existen 35 millones de personas de origen mexicano en ese país y otros cinco millones sin documentos viviendo allá; tanta así de carga política que desde luego, fue utilizada la imagen de López Obrador y Trump juntos, en un spot de campaña de este último en donde se enumeran los logros de la batalla contra el Covid19, la construcción del muro fronterizo y la captura o muerte de varios terroristas.

Rematándose esa visita con la declaración de Trump: “Su presidente Andrés Manuel López Obrador es el mejor presidente que han tenido. Es duro, audaz y quiere mucho a su país”, durante una cena privada en la Casa Blanca dirigiéndose a la comitiva de “Tiburonescos” empresarios mexicanos que acompañaron a los mandatarios. Sí, esos empresarios privilegiados de siempre y por la cual se pagan culpas el resto que a duras penas sobrevive como apenas medianos, pequeños y microempresarios, ahora mayormente hostigados al igual que todos los mexicanos, por una insensible, voraz e irrazonable aprobada para 2021 miscelánea fiscal.

Hoy ambos países han sido gravemente impactados, independientemente de la crisis en salud por el Covid19 y la consecuente de carácter económica, por la crisis política y polarización social, generada por la visión de ambos presidentes de “Están conmigo o en contra mía” ataviados con trajes holgados de semidioses.

Ahora, a escasos días de que en EEUU elijan a su presidente el “Super Martes” 3 de noviembre de este 2020 y a unos meses de las elecciones intermedias mexicanas del 6 de junio del inminente 2021, todo puede estar a punto de repetirse en donde ambos mandatarios pierdan los procesos electorales ante el desgaste de las fórmulas antes ganadoras de rechazo a políticos tradicionales, la promesa de un mejoramiento económico con repercusión en los bolsillos de las mayorías y en el combate real a la corrupción, capitalizando el hartazgo de una sociedad.

Ambos enfrentan el señalamiento publico de ser iguales o peor que los políticos tradicionales, que salvo su particular forma desenfadada de expresarse, en donde ofenden y acusan en juicios sumarios sin ninguna limitante, son políticos tradicionales que solo llegaron al poder para hacerlo sujeto a su única voluntad, cargada de MENTIRAS CONSISTENTES Y FRÁGILES JUSTIFICACIONES POR LA FALTA DE RESULTADOS.

Ambos no encuentran refugio en las consecuencias desastrosas de la pandemia ocasionada por el Covid19 para justificar el incumplimiento de sus promesas de un mejoramiento económico con repercusión en los bolsillos de las mayorías, cuando se observa ineficiencias de sus políticas públicas en sus propósitos de darle la espalda al resto del mundo y pensar que como países encerrados pueden resolver su situación económica, agravado en México con mega proyectos inviables y de muy alto costo, con servidores públicos ineficientes y faltos de carácter así como servilmente obedientes, que cuando se atreven a declarar algo que no agrada, han sido desmentidos por el propio presidente mexicano.

Ambos no han sido capaces de desterrar o cuando menos, evitar malas practicas de corrupción en sus gobiernos y como en México, que algunos gobernadores, ayuntamientos, así como legisladores federales y locales de la llamada 4T, dan muestras de manera cotidiana de mentiras, ineficiencias y corrupción, dando paso franco a la impunidad que gana terreno.

Lo que, si es nuestro asunto, es la oportunidad de votar el 6 de junio del 2021 poniendo en la balanza mentiras, ineficiencia e impunidad; recordemos que en Coahuila e Hidalgo dio una muestra ciudadana de desenmascarar a quienes pretendiendo lucrar reglando dinero a grupos de interés político, disfrazados de padrones de necesitados por situaciones de desempleo, discapacidad, rango de edad, falta de oportunidades para estudiar y demás vulnerabilidades sociales, se han encontrado con la realidad de que los mexicanos no hace ganar partidos, pero si sabe rechazar a quienes los pretenden comprar a cambio de olvidar fracasos, mentiras repetidas y promesas incumplidas.

El hartazgo social norteamericano esta por dar su veredicto para sacar o no a Trump de la presidencia y en México, se percibieron señales en octubre del 2020 de que el hartazgo se manifestó.

El presidente Trump tiene una base sólida, que le apoya y acompaña en todo y hasta diría que a pesar de todo; como aquí el presidente López Obrador. Pero no es una base electoral, porque no se estructuro como tal, sino que como candidato en dos procesos electorales previos fue aglutinando simpatizantes en torno a él, que consolidó en su tercera candidatura presidencial, que no es suficientemente amplia hoy y que no ha crecido, es más, ha decrecido por el desencanto y desgaste del poder.

Lejos de crecer, la base de Trump se ha desgastado principalmente porque la economía va mal, mermando gravemente negocios y sus ingresos; en segundo, la gestión de la pandemia está siendo un estrepitoso fracaso, incluido él que fue contagiado de Covid19 cuando minimizó la enfermedad y luego la pandemia e ir contra el criterio de los científicos y sus propios asesores médicos, tanto que solo esto le puede costar la reelección; y el tercer punto, los estallidos raciales y la movilización de la población de color y de las minorías.

En el último debate de hoy 22 de octubre entre Trump y Biden, el presidente cometió errores fundamentales como seguir con mentiras básicamente, al decir que es el presidente menos racista y que lo aman las minorías, así mismo asegurar que violadores, asesinos y gente con escaso coeficiente intelectual buscan entrar a Estados Unidos; para rematar con una super mentira de decir que ¡99.9 por ciento de las personas se recuperan del coronavirus! Sin embargo, aún puede ganar a pesar de sus mentiras.

López Obrador, lleva los dos primeros puntos de economía y salud igualmente apuntados con nota reprobatoria ¡por tener otros datos!

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