El tigre y el alacrán

Refrán: El que mucho abarca, poco aprieta.

Autor: Alaska Ximena Torres Cota.   

En un bosque muy verde y frondoso se encontraban un tigre y un alacrán; era muy evidente que los dos tenían diferencias entre sí, por una parte el tigre era de gran tamaño, tenía sus garras que a cualquiera imponían miedo, siempre alardeando de su fuerza y presumiendo de sus peleas ganadas, es decir, se creía un animal invencible; por otro lado, el alacrán era muy pequeño, tímido, y no tenía nada que presumir puesto que se llevaba muy bien con los animales del bosque.

Un día, el alacrán paseaba por el bosque cuando escuchó de nuevo al tigre presumiendo de sus aventuras y enfrentamientos, menospreciando y haciendo burla de  todos los animales pequeños por ser diminutos y débiles; tales comentarios no le parecieron para nada bien al alacrán, quién se cansó de escuchar presumir al tigre, se armó de valor y le propuso que cada uno reuniera a sus amigos a enfrentarse a una pelea y demostrar quién de los dos sería el más poderoso, el tigre riéndose por la propuesta y muy seguro que ganaría aceptó llevar a cabo la pelea.

Fue así, que ambos se citaron ese mismo día por la tarde, y asistieron muy puntuales.

El tigre llegó acompañado de los animales más fuertes del bosque como el jaguar, el oso, el gorila, el ciervo y el lince; por otro lado llegó el alacrán con sus amigos el ciempiés, la tarántula, el escorpión, y varios tipos de arañas que en apariencia se veían nada peligrosos.

La pelea dio inicio, fue ahí donde los insectos atacaron sin dar aviso y los amigos del tigre salieron huyendo después de sentir el dolor de sus picaduras, el tigre fue el último en marcharse, pero al final, al verse desprotegido se rindió, no sin antes aplaudirle a los insectos por su valentía de enfrentarse a ellos y ganar la pelea, les prometió no volver a hablar mal, ni burlarse de ellos.

Como resultado el tigre y el alacrán hicieron las pases y fueron grandes amigos.Moraleja:Esta fábula nos demuestra que “no hay enemigo pequeño”, por tanto, no debemos juzgar a los demás por su apariencia, ni creerlos débiles por su tamaño.


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