Desacoplamiento y reinicio

Por María Luisa Cabral Bowling

Septiembre 03 del 2020

El acontecimiento más importante que se está desarrollando ahora, es el conflicto entre China y Estados Unidos, al que muchos analistas llaman guerra híbrida o guerra fría; que la clase dirigente en China considera una guerra de amplio espectro como la que había anunciado el plan de seguridad nacional de Estados Unidos, como parte de su visión de su política exterior para el siglo XXI. El conflicto se ha acelerado de manera muy intensa en los últimos meses, sobre todo después del inicio de la pandemia. Para los medios oficiales chinos ya no pasa desapercibida ninguna amenaza, ninguna noticia negativa sobre China, ningún incidente; los contestan todos de manera puntual y contundente.

Pero ahora en un nuevo escalamiento del conflicto se habla ya de una ruptura económica definitiva y se habla de desacoplamiento de las dos economías, cosa nada sencilla de lograr en la economía global, pero si fácil de manejar en el discurso político. China y Rusia hace tiempo que se preparan para una situación de esa envergadura; desligan cada vez más sus transacciones del dólar y han estado acumulando oro, contando ya con las mayores reservas. El gobierno de Estados Unidos ha profundizado su agresividad ahora más directamente contra China, dejando un poco de lado la paranoia rusa y ha estado obligando a las universidades a no admitir estudiantes chinos y se le están prohibiendo a las empresas estadounidenses adquirir productos y tecnologías chinas en el campo de la informática, ha emprendido acciones muy agresivas en el plano diplomático y por supuesto ha vetado a ciudadanos chinos, bloqueando sus cuentas y cosas por el estilo. Además de las sanciones económicas y comerciales que hace rato les aplica tanto a Rusia como a China.

Esta situación obviamente no se puede entender sin tener en cuenta la crisis y franca decadencia económica de Estados Unidos, agravada y profundizada por la pandemia, frente a la que los chinos han tenido un manejo muy exitoso y están recuperando de manera muy acelerada su crecimiento económico, mientras que en Estados Unidos se agrava la situación económica y no se ha podido remontar la pandemia. La crisis en Estados Unidos es de una magnitud que no se refleja en las noticias de las grandes corporaciones de medios de comunicación. Se está presentando un éxodo muy pronunciado de personas que salen de ciudades como New York, Chicago, Los Ángeles y San Francisco a causa de la paralización económica que ha detonado revueltas en las calles, inseguridad, robos y violencia. Mucha gente desempleada buscando ayuda alimentaria oficial o de las organizaciones sociales. La pobreza y la precariedad ya es innegable. La crisis económica detonó una polarización social de tal magnitud que muchos analistas hablan de una nueva guerra civil, por supuesto haciendo aflorar más claramente y de la manera más violenta y agresiva el característico racismo de la sociedad estadounidense.

La economía en Estados Unidos está totalmente desconectada de la realidad, se han dado ya emisiones de dinero en trillones de dólares supuestamente para rescatar la economía, pero que en realidad lo que se ha hecho es que la Reserva Federal emita esas cantidades exorbitantes de dinero y se las entregue a Wall Street para el rescate de las grandes empresas, dando a las familias de personas desempleadas solo una ayuda muy insuficiente. A su vez Wall Street le ha dejado el manejo de los recursos a Black Rock, que es la mayor corporación de inversiones en Estados Unidos, en un proceso inédito de privatización y concentración de la riqueza, por el cual Black Rock decide a quién le otorga crédito o rescate, cómo y cuánto. Es la desaparición del control gubernamental de los recursos públicos, la privatización de los recursos del gobierno, supuestamente para rescatar “la economía” pero en realidad para rescatar a las grandes corporaciones estadounidenses. Y por otro lado, con el confinamiento y la emergencia de salud tenemos a Silicon Valley, o sea a las grandes corporaciones tecnológicas de Estados Unidos (Amazon, Google, Facebook, Twitter, Microsoft, Apple) y a las corporaciones farmacéuticas acrecentando todavía más su ya multimillonaria y obscena riqueza y queriendo formar parte central, todavía mayor, del nuevo orden mundial postpandémico, en una nueva normalidad en donde el teletrabajo, el dinero digital, las compras por internet y también la educación por internet, o sea la digitalización de todo lo que se pueda, sean lo predominante, en lo que llaman el Gran Reset, el Gran Reinicio, que por cierto venían preparando desde hace por lo menos cuatro años en los Foros de Davos, en el Banco Mundial y el Fondo Monetaria Internacional. Todo eso acompañado de las indispensables vacunas, la inteligencia artificial para facilitar la digitalización de todo, hasta de los seres humanos y la “sanitización” (en español: desinfección) de todo. O sea, imponernos sus corporaciones exitosas como centro de nuestras vidas para enfrentar el crecimiento y expansión de la economía china y resolver los desafíos de esta y de otras posibles pandemias desatadas por el deterioro ambiental junto con el consecuente cambio climático y de la brutal recesión que ya se esperaba desde 2008 y que el coronavirus solo detonó.

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