Paseando por La Paz de forma virtual

Arq. Eugenio Santa Cruz Henríquez 

Agosto 14 del 2020

Hoy, me propuse realizar un viaje virtual por la ciudad de La Paz. Singular forma de hacerlo para no tener que salir físicamente de mi casa por las medidas de confinamiento que todos debemos guardar. Espero regresar temprano para seguir escribiendo y estudiando. 

Para ello me preparé colocando mis antiparras que me harán ver y transportarme al panorama de mi ciudad en toda su movilidad; cubre bocas, careta, guantes, gel en la bolsa, y mi ya inseparable bastón que me regaló una de mis mejores amigas, así como unos cacles cómodos para la larga “caminata”. 

Con mis arreos de protección a la mano, inicio mi recorrido virtual por el sur de la ciudad a pie y por calles y avenidas que me llevan a sus venas de ríos y carros, peregrinaciones de gente que caminan de prisa y en todas direcciones, donde otros manejan desesperados sus carros chocolates de MOSTAFAFA, porque cada uno de ellos llevan consigo un portafolio, lleno de asuntos, problemas y retos como cada uno de nosotros tenemos todos los días.  

La primera impresión que tengo al salir a la calle después de estar hacinado en mi casa por más de 4 meses, son los descuidados parques y camellones de mi ciudad que se encuentran en pésimas condiciones; sucios, lapidados por la vagancia y descuidados por la nula vigilancia policiaca, sin luz muchos de ellos; y otros luciendo las espectaculares mantas que marcan a las colonias más contagiadas de Covid-19.  

Entiendo en parte el problema la desatención oficial por la pandemia y sus consecuencias que han trastocado los insuficientes recursos económicos que anterior a la emergencia apenas aplicaban a estos menesteres. Hay que aceptar que era una inercia ya avanzada desde antes de esta crisis sanitaria el descuido de lo que arriba describo por parte de las Autoridades sobre todo Municipales. 

Allí en la cancha del parque veo grupos de mujeres sin respetar la sana distancia y sin cubre bocas que realizan rutinas corporales (Zumba), para mantenerse en forma, entiendo es saludable, aunque llegando a casa un burrito de machaca y café de talega le harán los honores correspondientes a la fiel costumbre culinaria paceña.  

Alcanzo a ver muchos jóvenes en hacinamiento total conviviendo un chiste, un cotorreo y una bebida de botella ámbar llamada cerveza, sin importar que en la colonia les acaban de colocar una manta como una de las más contaminadas por Covid-19; estoy en el Fraccionamiento La Brecha Real. 

Poca responsabilidad ciudadana se respira ante la gravedad del virus que hace estragos inmisericordemente en nuestras familias y que muchos aun no lo asimilan todavía, no por falta de información, sino por falta de responsabilidad en la mayor parte de los casos. 

Al continuar recorriendo las colonias de mi ciudad, avizoro otro gran problema de consecuencias impredecibles: la dramática escasez de agua en todos los sectores, un problema que no ha sido atendido a fondo por ninguna Autoridad. El último que realizó una verdadera cultura del agua y de trabajos de infraestructura hídrica fue el ex Gobernador Alberto Andrés Alvarado Arámburo (Q.E.P.D.); hombre visionario que implementó el Plan Hidráulico Estatal. Tal vez pocos no hemos imaginado o al menos preocupado por el día en que prácticamente no tengamos nada de agua; y créanlo, ya casi lo estamos logrando.  

Si llueve, por más agua que nos caiga, se derrama en el mar porque no tenemos presas ni contenciones desde aquellos tiempos de Don Alberto Alvarado.  

Pero fíjese USTED, en las primeras cuadras que caminé, vi a doña Cuquita y a decenas de Cuquitas por toda la ciudad regando sus banquetas, lavando carros o llenando albercas inflables en sus casas particulares; es decir, nos falta conciencia, responsabilidad y una mano dura por parte de la autoridad competente. 

Como padre de 2 pequeños hijos, me preocupa la irresponsabilidad e insolvencia adulta de nuestra sociedad de consumo, y de una generación irresponsable de lo que estamos heredando a los que nos sucederán en las decisiones del futuro inmediato. He arraigado a mi familia en esta tierra hermosa y divina desde que llegué hace 45 años, y aquí moriré para quedarme para siempre. Mi amor por esta tierra es total. 

En tiempos de epidemias y brotes como el que ahora padecemos, el agua es vital para las más elementales necesidades del hombre… simplemente: beberla. 

Pero continúo mi marcha virtual por la ciudad…

Comprendo a la clase trabajadora que por necesidad tiene que desplazarse a diario para buscar el sustento familiar, para constatarlo, abordé un pesero frente a una tienda LEY y compartí con los trabajadores su sufrimiento diario al experimentar un recorrido virtual dentro de esa chatarra que tenemos como transporte urbano, al subir a la unidad, detecto al operador del autobús sin cubre bocas, celular en mano y oyendo en un ronco y destartalado radio una música estridente y chillona de banda que ensordece, por curiosidad le tomé el tiempo a una llamada que hizo y que duró desde el Fracc. La Brecha Real hasta el centro de la ciudad, es decir casi 35 minutos que nos llevó en constante peligro entre el pesado tráfico vehicular.   

Me quise sentar en un desvalijado asiento cuidando de no picarme una de mis pobres nalgas tan raquíticas de estructura cárnica ante la amenaza inminente de un resorte que brota de lo que un día fue un asiento completo, dudo sentarme, un piquete es lo de menos, la infección ¿quién me la quita? Por necesidad tuve que sentarme. 

El respaldo del asiento del frente deja muy atrás a cualquier mural jeroglífico maya opacado por el grafitis y dibujos, palabras y frases obscenas realizados por vagos, pero ese era el único asiento que encontré vacío en el camión, los demás todos estaban ocupados por pasajeros y otros llenos de bolsas de mandado, pocos pasajeros cubiertos de la cara, otros tosiendo, escupiendo o estornudando, es decir, sin sana distancia ni protocolos de sanidad. ¿Hace mucho calor, como poder abrir las ventanas, sí están selladas y enrejadas? La temperatura se eleva y los contagios se multiplican irremediablemente. 

Durante el recorrido me fui entretenido observando la enorme cantidad de autos sin placas, carros chocolates, venta de autos usados en aceras completas, motociclistas sin casco, altas velocidades, rebases imprudentes y patrullas de Policía con torretas apagadas pasándose a alta velocidad en varios semáforos. 

Continúo el recorrido y por fin, allá a lo lejos diviso más adelante un filtro de Policía en los 4 Altos del boulevard que resguardan según se dice los Protocolos de Sanidad dictados por la misma autoridad; por supuesto pensé que pararían al conductor e infraccionarlo por incumplir por lo que describo anteriormente, para mi sorpresa, no nos detuvieron, pasamos frente a ellos, y éstos ni se fijaron que pasamos, cobijados bajo la sombra de una esquelética rama de árbol de tabachín, estaban platicando los 4 atenta y amenamente cada quien en sus respectivos celulares.  

¿Para qué sirven entonces los filtros? Me pregunté… Para nada. El personal y el tiempo son desperdiciados inútilmente. Pensé que estos elementos policiacos con sus 3 patrullas estacionadas en ese lugar podrían estar realizando un trabajo más eficiente, efectivo y productivo como el resguardo de las entradas a las playas, detección de carros cantina, callar las casas musicales nocturnas de ruido ensordecedor que padecen todas las colonias de la ciudad, congregaciones sociales, robos, asaltos, etc. Pero ellos solo reciben órdenes de sus jefes y éstas las cumplen cabalmente. 

Por fin llegué a mi destino; me bajé en la Plaza Chorriana. Con intrépido brinco salté a la banqueta porque el chofer no se paró totalmente en la esquina. Al llegar a la Plaza, inmediatamente me asaltan ambulantes vendiendo ajos, paletitas, y hasta pan. Están haciendo su lucha, pero sin cubre bocas. 

Virtualmente continúo mi recorrido para ingresar al Banco Palnorte; ya son las 9.30 de la mañana y me encontré con un hacinamiento (fila) de unas 25 personas, que, sin guardar distancia, sin referenciar a las personas de la tercera edad -mi caso- el trato era igual; democráticamente tenemos que hacer “cola”. Mi bastón me sirve para apartar lugar y sentarme en la orilla de la banqueta, mis rodillas no soportan mucho tiempo mi peso. Después de 2 horas de espera, encuentro una de las respuestas que me hice por qué tan lento el servicio bancario: hay 2 cajeras solamente que se turnan su espacio para desayunar, hablar por teléfono e ir al baño etc. ¿No tendrán más personal para agilizar sus carísimos servicios?  

Querer entrevistarse con un Ejecutivo es ir a dormir a la puerta del Banco desde un día antes para ser de los primeros en recibir su atención, si no lo haces, perderás todo el día con el riesgo de que no alcancen a atenderte. Hay que decirlo, la mayoría tienen buen trato. 

Con las piernas trabadas de cansancio salí del banco Palnorte con hambre, calor y con sed.  

Para mi débil tentación se cruza frente a mí, un carrito de madera con vasos de agua fresca repleta de hielo opaco de barra que suda de frio y que se me antoja… me animo a comprarlo, pero verifico que el comerciante no trae cubre bocas, ni guantes, y no dispone de gel y menos de resguardo higiénico de vasos, ¿popotes que por cierto se supone están prohibidos…y Salubridad?  Me hice esta pregunta, por supuesto ya no intenté comprar ni el agua o un vaso de fruta picada que estaba llena de enjambres de moscas que revoloteaban encima de ellos. 

Caminé rumbo al Malecón, lugar donde se respira otra atmosfera todavía más preocupante, vi gente caminando y haciendo ejercicio corriendo por la acera comercial porque en la banqueta de enfrente (malecón) está cerrada por la pandemia. Es decir, en una banqueta corres riesgo, y en la otra no pasa nada; (plop). Extranjeros, locales y nacionales llenan las mesas de negocios privilegiados a los que no les ha llegado las restricciones por la pandemia y les han permitido estar abiertos a pesar de las reglas impuestas por Salubridad, que bueno por sus trabajadores pero que injusto es para otros negocios que les han prohibido hasta lo imposible, al grado que tuvieron que cerrar definitivamente. 

Si nuestras calles y avenidas de la ciudad de La Paz tuvieran el trato de limpieza, vigilancia, alumbrado y mantenimiento de sus áreas verdes como las que tiene afortunadamente nuestro bello paseo costero, entonces estaríamos hablando de una ciudad de solidez turística presumiendo e invitando la llegada de turismo que tanta falta le hace a la economía local tan golpeada por la pandemia.  

Al transitar por la calle Esquerro me encontré a Juan, joven estudiante que amablemente me saluda y me pregunta que si tengo idea de por qué no han pagado las becas que ofrece pomposamente el gobierno federal a través de la Secretaría de Malestar Social. Me dice estar preocupado por el cercano inicio de clases y requiere hacer compras de útiles, libros y material escolar. Lo veo muy enojado y desesperado porque tiene 3 días consecutivos haciendo largas filas en el Banco de la tienda Reflekta y no le llega su ansiada Beca. Está desesperado. 

Curioso (mitotero) que soy, me fui a asomar al Banco por allá cerquita del Mercado Público del centro y aquello parecía una romería, muchas sombrillas desplegadas, ambulantes, decenas de jóvenes, clientes y un sol terrible y por supuesto sin medidas de higiene por parte del Banco ni de los clientes. La mentada Susana ni se ve ni se siente. La historia de muchos Bancos y tiendas. 

¿Y las líneas virtuales ahora tan de moda por qué no las utilizan? 

Es hora de regresar a casa, esperar el camión en el mercado del centro es otra historia. 

Media hora esperando de pie el flamante camión urbano para que me tocara el mismo pesero y el mismo chofer…; que mala suerte, abordo la unidad y me fijo que ahora no hay música, no hay teléfono celular en mano, va medio vacío, y esa es una buena señal… !Ni madres! Va al lado del chofer, una dama que en todo el recorrido la amena charla obligó al operador contorsionarse hacia atrás del asiento para ir platicando con su estimada amiga. Como no soy metiche me senté en mero adelante para que por la desvencijada puerta de acceso me fuera entrando aire fresco, y por supuesto ir oyendo la vernácula charla entre estas dos personas. 

Desafortunadamente el ruido ensordecedor del motor evitó enterarme supongo, de los buenos chistes o puntadas que el chofer le platicaba a la señorita, ya que ésta reía a carcajada estrepitosa que le hacía asomar dos dientes de oro que le daban un toque grotesco cada vez que abría su enorme cavidad bucal. 

Después de más de 40 minutos de ruta, volví a pasar por el filtro Policiaco de los 4 Altos y que creen… los Policías seguían pegados en sus celulares. Han de ver tenido entumidos los dedos, pensé. 

Medio adormilado por el San Goloteo de la carretera, unos sendos brincos me hicieron despabilarme abruptamente… estábamos entrando nuevamente al Fracc. La Brecha Real.  

Luego luego lo reconocí por sus camellones llenos de basura y árboles secos, arbotantes caídos y el empedrado artesanal que tiene su avenida principal. Así terminé mi recorrido virtual en esta singular aventura. Usted amable lector, ¿se le hace conocida? 

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