¿Qué cubrebocas usaré hoy?

A todas las familias de quienes hoy, ya no están con nosotros a causa del covid 19

Gilberto Bonilla Rodríguez @koimetherion

Jamás lo pensamos, de un día para otro dejamos de hacer lo que a diario era parte de nuestra rutina, la vida dio un giro de 180 grados después del 22 de marzo de este 2020, reunirnos con los amigos o visitar a nuestros padres, la escuela, el trabajo, el desayuno del domingo, el servicio dominical o la misa, nuestras propias relaciones interpersonales han cambiado para siempre… lo que antes hacíamos de manera cotidiana y casi mecánica hoy ya no puede ser, ¿recuerdan a quién saludaron de abrazo y beso por última vez? Yo no… eso es triste.

Todos los días me levanto y hago todo un ritual previo para irme a trabajar… pero hoy, además de ese ritual me descubrí haciendo un check list, toallitas con alcohol, gel antibacterial, dos cubrebocas, un atomizador con una mezcla de alcohol con agua y una franela para limpiar el escritorio en el cual me siento frente a él para trabajar todos los días…

He dejado de usar mucho el transporte público, primero, por temor a contagiarme de COVID, pero también porque no circulan todas las rutas como antes… y obvio, es mentira que todos los transportistas cumplan con las medidas de higiene necesaria, al pesero suben personas que no usan cubrebocas, mientras que el chofer lleva el suyo sosteniéndole la papada… si, aunque las autoridades hagan la indicación de usarlos, no les hacen caso, mucho menos le hacen caso al cartel ese donde dice que por nuestra salud usemos el maldito cubrebocas…

¿Qué cubre bocas usaré hoy? Esa es una pregunta que todos los que necesitamos salir nos hacemos… además de algunos cuantos desechables yo tengo cuatro lavables, uno gris, uno negro, uno blanco y otro negro con una leyenda que dice “fuck coronavirus”, pienso seriamente en conseguir uno más… o 3, uno para cada día de la semana; sinceramente, los odio, tengo que ajustarlos bien y sobreponer mis lentes para evitar que se empañen las micas, además por la noche me provocan un tremendo dolor de cabeza ¡es frustrante!

Como si fuera una broma, mientras repaso en mi mente lo que necesito llevar en la mochila, por mi mente pasa el comprar uno con un bigote tupido, para celebrar el mes patrio, uno con una calaverita para Halloween y el Día de muertos, y digo casi de broma, porque, honestamente, pienso que para esas fechas continuaremos en situación de pandemia.

Me asusto al detenerme en mis pensamientos, porque estos van más allá, cuando me descubro imaginando un cubrebocas, si, otro más… uno con el  diseño del Grinch; esta pandemia no estropeará mi animadversión a las fiestas decembrinas, las mismas que en verdad, no tienen nada de navideñas; la habilidad y el ingenio del mexicano nos ha brindado una gran variedad de diseños, desde los que tienen a pepa pig, paw patrol, ositos y demás caricaturas para los peques, hasta los que portan el escudo del equipo de futbol, incluso unos muy vistosos con una chica en bikini, no dudo ni tantito que en un mes o dos quizá, se empiecen a vender algunos con un santoclos, unos renos, pinitos o qué se yo, pero de que los veremos, los veremos.

Regresando a mi día a día, cuando llego a la oficina, rocío un poco de líquido sanitizante o higienizante, dejo actuar unos minutos y limpio con la franela de microfibra, después con una toallita con alcohol hago una segunda limpia, tomo un poco de gel y me froto las manos, con una nueva toallita limpio el equipo de cómputo y con otra mi celular… me distraigo un poco de ese ritual y volteo a ver a mis compañeros, todos llegan y hacen el mismo procedimiento, comienza nuestra jornada, constantemente estamos yendo al baño a lavarnos las manos; agua, jabón, frotar palmas, dorso, puntas de los dedos, en medio de ellos y finalmente las muñecas, más agua, un poco de papel para secar y con ese mismo abrir la puerta para llegar a mi lugar y usar más gel antibacterial.

Todos los paquetes o cosas que llegan son sanitizados, bromeamos, platicamos, seguimos trabajando, pero todos nos mostramos tensos cuando sabemos de algún compañero que ha contraído el covid o que presenta síntomas, en alguna ocasión alguien preguntó ¿Quién será el próximo? Todos volteamos a vernos… es cierto, la vida sigue, pero muchos seguimos con miedo, tenemos que salir a trabajar, yo tengo miedo, soy diabético, tengo sobrepeso y fumo, mala combinación de hábitos y enfermedades que agudizarían mi condición si llegase a enfermar… pienso en mis hijas, qué sería de ellas si yo faltara, sacudo la cabeza, y trato de ahogar mis pensamientos en la computadora.

El ir al súper también implica una serie de medidas, en mi caso, saco una toallita y limpio el carrito, voy a la puerta me revisan la temperatura y me brindan una pequeñísima porción de gel, saco mi botecito y me pongo un poco más, al llegar a casa hay que desinfectar todo y lavar frutas y verduras antes de guardar en la alacena o el refri.

Así que continuamos con nuestra vida, sin embargo, todo ha cambiado, por ejemplo, cuando vengo de visita con Bertoldo y Tafoya, quienes dirigen los destinos de esta casa editora, primero llego, y piso un recipiente con cloro, que las suelas queden bien humedecidas, posteriormente soy rociado con una mezcla de cloro y agua; odio con toda mi alma el olor a cloro y sé que jamás me acostumbraré… bromeo con ellos, sobre todo con mi amá Tafoya, le digo que no sea tan aprensiva, que el peor enemigo es el miedo y que no debemos andar con miedo por la vida, pero la verdad es que, yo también siento miedo… mucho miedo.

Llegar a casa, quitarse la ropa meterlas en bolsas para lavarse después, entrar al baño y bañarse sigue siendo incomodo, pero esto se ha convertido en nuestro día a día, al igual que las videoconferencias, las videollamadas y las llamadas convencionales para tratar de acortar esta distancia que lastima.

El regreso a clases de manera presencial aún no se ha definido, se dice que si se diera estaríamos ante un brote muy peligroso para todos, pues no se tendría el control necesario; la educación a distancia con el uso de la tecnología es un hecho, muchas personas lo vivieron ya, ahora en el pasado cierre de cursos, la gran mayoría de estudiantes tuvieron una clausura virtual, donde convivieron a través de la pantalla de una computadora, una tableta o un celular.

Los medios de comunicación también se han visto forzados a adaptarse a esta forma “nueva” de comunicar, hoy los enlaces, por zoom o por teams son utilizados como herramientas primordiales en los procesos de comunicación y difusión de la información, estamos a punto de entrar de lleno a una nueva forma de vivir, de trabajar y de relacionarnos en todos los niveles, habrá que estar preparados.

Estamos entrando de manera forzada a una nueva realidad o normalidad pues… los números se han disparado luego del 1ro y el 15 de junio, fechas en las que se determinó el regreso a algunas actividades; los contagiados son mas, muchos son asintomáticos o con síntomas y afecciones leves, pero también están aquellos que con problemas respiratorios severos van a dar a un hospital, quienes no han sobrevivido han pasado sus últimos días lejos de su familia, en una soledad dolorosa… y deberían dolernos a todos y cada uno, porque ellos formaron parte de nuestra sociedad, de nuestra comunidad, de nuestra colonia o incluso de nuestras familias.

¡Carajo! Como nos cuesta llevar a cabo las medidas sanitarias, regresar a nuestras actividades es necesario, México no aguanta más, necesitamos salir a seguir produciendo y generando, y si se puede, claro que se puede, solo debemos cuidarnos y atender las recomendaciones de las autoridades, si nos dicen que no nos amontonemos pues no lo hagamos, dejemos de hacer esas grandes fiestas, las mismas que no han parado, usemos gel antibacterial, lavémonos las manos, evitemos el contacto físico, usemos el maldito cubrebocas, no importa si lo odiamos con toda el alma o si al presidente de México le parece que no es necesario, usemos el cubrebocas no nos cuesta nada y si puede protegernos y representar una enorme diferencia.

El director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, Robert Redfield señaló recientemente que, si TODOS usáramos el cubrebocas de manera adecuada se podría salir de este problema en máximo dos meses; pero no, preferimos traerlo ahí, de guardapapada; hagámoslo por nosotros, por los nuestros, si yo me lo pongo, me protejo yo y protejo a los que me rodean, protejámonos todos…

Pero por lo pronto seguiré pensando en que otro diseñito usar para este artículo que se han convertido en uno de primera necesidad.

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