Para enfrentar la crisis

Por María Luisa Cabral Bowling

Nos está tocando vivir un periodo excepcional, con una pandemia de enormes dimensiones a cuya duración todavía no le vemos el final. Estamos confinados en nuestros domicilios, o teniendo que salir a trabajar en condiciones de precariedad laboral y sanitaria; con un considerable número de personas sufriendo la enfermedad personalmente o con alguna persona muy cercana, y en demasiados casos, aunque no sean la mayoría, sufriendo la pérdida de vidas de seres queridos. Todos en medio de una incertidumbre tanto por la situación de la pandemia como por su impacto económico y social.

Tenemos que echar mano de nuestras fortalezas individuales y sociales para salir adelante. En una situación así, es especialmente importante buscar información lo más objetiva posible y sobre todo, buscar y construir una defensa en solidaridad social. Dejarnos llevar por la depresión y el aislamiento nos puede llevar a un callejón sin salida, de manera personal o en colectivo.

Es muy importante tratar de entender la verdadera dimensión de esta situación, buscar analizarla con mayor perspectiva y con una mayor comprensión del contexto para que no nos abrume la incertidumbre emocional y nos permita tomar mejores decisiones.

Primero debemos tener muy claro que no todas las dificultades y problemas que enfrentamos son culpa de un virus, por muy letal y contagioso que sea y por mucho que nos haya agarrado desprevenidos y que todavía no tengamos las herramientas para combatirlo o evitarlo. Obviamente nos tenemos que cuidar y tenemos que cuidar a todas las personas en nuestro entorno, que es mucho más amplio de lo que nos imaginábamos, y tenemos que tratar de apoyarnos, en la medida de nuestras posibilidades, para superar esta emergencia sanitaria.

Para tener una mayor claridad, debemos separar la emergencia sanitaria de la crisis económica. En realidad, la crisis económica, o quizá más precisamente el colapso del sistema económico “global” ya se veía venir hace buen rato. Ya hacía años, de hecho, desde 2008, cuando el estallido de la burbuja especulativa en Estados Unidos no solo no se resolvió, sino que se agravó y se expandió a todo el sistema económico globalizado, que los expertos nos habían advertido que, en algún momento, más temprano que tarde, estallaría otra crisis incluso todavía más grave. Así es que en realidad el coronavirus solo precipitó, agravó y en buena medida enmascaró una crisis que ya sabíamos que vendría. Pero también es cierto que la pandemia si es un grave problema de salud a nivel mundial. Sin embargo, si hubiéramos enfrentado esta pandemia con una economía más estable, con un sistema de atención a la salud más sólido, con una sociedad con menos personas en situaciones de riesgo por enfermedades debidas a la mala alimentación, con la mayoría de las personas en edad productiva con empleos dignos, seguros y bien pagados, con una ciudad más segura e incluyente y en un entorno natural menos deteriorado y contaminado, el panorama sería diferente. Seguramente las personas adultas mayores correríamos el mismo riesgo, pero no así la gran mayoría de las personas y en todo caso, aunque hubiera habido muchos contagios con numerosas muertes, aun cuando se perdieran empleos y la economía se estancara, tendríamos un muy buen colchón de amortiguamiento y la solidaridad social podría muy fácilmente enfrentar de mucho mejor manera los retos una pandemia como la del Covid-19.

Esto es importante entenderlo porque no solo tenemos que enfrentar la epidemia con muy pobres herramientas de las que echar mano, sino porque también de esto depende como vayamos a definir el futuro de una sociedad postpandemia. Necesitamos reconocer la importancia de la solidaridad social, necesitamos impulsar una sociedad más sana, más igualitaria, más incluyente y no dejarnos dominar por el temor o adoptar una visión egoísta de “sálvese quien pueda” porque, como dice Mario Pecheny, investigador en ciencias sociales de Argentina,[1] “nadie se salva solo”.

La sociedad en la vivimos está cambiando aceleradamente mientras atravesamos esta contingencia. Después de esta pandemia ya nada será igual.

Cuando un sistema colapsa, decía Immanuel Wallerstein, recientemente fallecido, se abre una bifurcación. Es decir, el camino conocido se agota y hay que decidir emprender un nuevo camino para el que se presentan varias alternativas. Las alternativas posibles se construyen de dos maneras, con lo que tenemos en el presente y con lo que queremos del futuro, que son las condiciones de posibilidad para construir un proceso social. No cualquier cosa puede suceder. Solo puede suceder aquello para lo que existen condiciones de posibilidad. En este caso las condiciones de posibilidad que existen se pueden definir entre dos escenarios extremos posibles, uno, aterrador, pero que desgraciadamente hemos hecho posible, que es una especie de fascismo digitalizado, en donde predomine el aislamiento social y todo se maneje de manera digital en gran medida: el trabajo, el consumo, la educación, la comunicación y en donde aceptemos cualquier mecanismo de control social con tal de que nos garanticen una vacuna y una muy precaria seguridad existencial y que garantizaría el predominio de los intereses de los grupos más poderosos sobre el resto de la sociedad, y el otro, mucho más esperanzador y que también muchos movimientos sociales en todo el mundo estaban exigiendo antes de la pandemia y por lo tanto sentando bases de posibilidad (y tenemos que estar convencidos de que todo lo que podemos imaginar es posible hacerlo realidad), es una sociedad menos centrada en el consumo irracional y en el egoísmo aspiracionista y más basado en la solidaridad, la inclusión, la igualdad, la protección y armonía con la naturaleza; el diálogo plural y la construcción de consensos para la convivencia y la promoción de la cultura y el enriquecimiento espiritual. Entre esos dos extremos se está dando la batalla y el futuro dependerá de la fuerza de los procesos sociales que se promuevan para impulsar todos los aspectos y todas las posibilidades contenidas entre esos dos extremos.

[1] https://es.euronews.com/2020/07/07/el-mundo-despues-del-covid-3-una-solidaridad-necesaria

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