Trazos y Retazos / La “mafia del poder” trasformada en amigables “escualos del poder”

César de Jesús Ortega Salgado

Julio 11 del 2020

En una de estas pandémicas mañanas en las que José se levantó a regar a cubetazos sus cuatro árboles frutales de limones, naranjitas, mangos y guayabas, escuchó en el noticiero de la radio que se celebraba el Día del Árbol en nuestro país, por ser el segundo jueves de julio.

Así, entre lo que hacía su labor y agradecía tener agua de una pileta de cemento, que constituía su reserva de agua por aquello de los cada vez más extendidos tandeos, el incremento de consumos domésticos por el confinamiento de las familias en casa y desde luego la histórica escasez del vital líquido en estas tierras, pensaba en lo que tendría que hacer para sobrevivir a las crisis de salud y económica que estaba agravando el llamado Covid-19.

Entre vuelta y vuelta en medio de esos bien cuidados árboles ya debidamente abastecidos, le tocaba el turno a unos frondosos rosales y aves del paraíso, lo mismo que a unos maceteros en donde familiarmente se cultivaba romero, yerbabuena, menta, albahaca, ruda, micle y mejorana, que constituían con su casa, un modesto negocio y un pick up, sus propiedades materiales.

Ya mas tarde, pero antes de mediodía, llegó al banco para continuar con su trámite de un préstamo de apoyo supuestamente a la reactivación económica que el gobierno federal a través de Nacional Financiera y el gobierno estatal habían dispuesto para personas físicas con actividades empresariales como José y también destinado a empresas formales, de esas con actas constitutivas.

Después de una larga espera, parado casi todo el tiempo bajo el inclemente sol paceño, entra al banco y otra hora sentado observando un interminable ir y venir de una serie de empleados bancarios, que al fin una amable señorita le pregunta qué se le ofrecía; a lo que José le explica que va para el financiamiento “del gobierno”, por lo que le indica dirigirse con el ejecutivo responsable “de eso”, percibiendo una ligera sonrisa de ella, que más que amable era de “otro más”.

En fin, después de una larga tramitología oficial y esfuerzo por ponerse al corriente con toda clase de impuestos y contribuciones en general, estaba después de tres semanas “al corriente” en su situación fiscal, lo que lo hacían sentirse optimista de por fin concluir su tramite y disponer de dinero para mantener a flote su negocio y principalmente poder seguir conservando los puestos de trabajo de sus cinco empleados, a los cuales se les siguió pagando a pesar de haber cerrado el negocio por determinación de la autoridad.

Armado con un folder en donde llevaba su identificación, comprobante de domicilio fiscal, constancia del SAT, su última declaración de impuestos y la constancia de situación fiscal estatal, que eran los requisitos que le habían dicho necesitaría y después de cinco minutos del saludo acompañado del propósito en el banco, el ejecutivo revisó la documentación y agregó un requisito no establecido en la convocatoria formulada por las autoridades, referente a que le presentara las garantías del caso para este tipo de préstamos bancarios.

Por supuesto que la sorpresa de José fue mayúscula, porque esas no eran las condiciones, ya que claramente habían insistido las autoridades que no exigirían garantías adicionales los bancos, lo cual fue desmentido repetidamente por el ejecutivo y sentenciando lacónicamente “el dinero es del banco, no del gobierno y ellos no nos garantizan; no lo que ellos digan, ¿aquí yo necesito tus garantías… así que?”

Con un amargo sabor de boca por la desilusión de que, a pesar de creer poco en los anuncios oficiales, esta vez más por la urgencia y necesidad, que por confiar en la palabra del presidente y del gobernador, se llevaba un portazo a sus planes de continuar con su negocio.

Y no es que pensara no pagar, más bien lo que no estaba dispuesto a perder eran sus escasas propiedades, porque ante la incertidumbre de una pandemia como la del Covid-19, no había certeza en cuanto a regresar a la operación regular de las actividades económicas en el corto plazo.

Ya en la tarde y platicando con sus amigos que habían corrido con la misma suerte con estos dizque apoyos, llegaron al punto de resignarse a aguantar hasta donde puedan y finalmente, si es necesario cerrar sus negocios, para que ahora sí, solo queden los “tiburones” empresariales que principalmente habían acompañado al presidente mexicano en su visita a EEUU, porque parece que en este país tener una micro, pequeña o mediana empresa es una condena, considerando que no existe ningún estimulo real, solo sobrerregulación, cargas y acoso fiscal.

Lo que si queda claro, es que este gobierno federal de izquierda, ahora adorador del neoliberal y ultra conservador presidente norteamericano, seguirá nadando con los mismos empresarios “tiburones”, antes conocidos por ser parte de la “Mafia del Poder”, pandilla hoy también trasformada en amigables “Escualos del Poder”, para seguir como siempre en y con el poder público en sus manos, sin importar quién sea presidente y mucho menos que tenga un solo par de zapatos, en contraste de los “Fifis” mocasines de marca extranjera o hechos a medida, que los acompañan en ese paso que denota el desgaste de un país que se derrumba económicamente.

Ojalá alguien les diga a las autoridades que no todos los empresarios son tiburones, la gran mayoría son pequeños peces; la diferencia es que estos pequeños mueven la economía…y votan.

Lo importante es no ser peones de nadie; ni de los que están a favor o en contra del presidente o del gobernador. Solo se debe ser respetuoso, que no dejados. ¡No se confundan!

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