Los peligros de no saber hablarle a los mexicanos

Por Lluch Carvalho, Liliana

Julio 03 del 2020

Entre quienes conforman el partido MORENA, el subsecretario de la secretaría de salud es considerado como una persona competente en el ámbito laboral, especialmente comparado con sus colegas, entre ellos el presidente. No hay desprecio por su trabajo, mientras el presidente celebra su triunfo de ser elegido el año antepasado, él en estos momentos se encuentra buscando cómo funcionará esta nueva normalidad: qué labores y centros se reabren.

Pero esto no significa que su desempeño, a lo largo de la jornada, haya sido perfecto y López Gatell ha cometido, dentro de sus discursos, errores muy grandes, ya tiempo atrás (específicamente dos).

Desde luego que muchas de las cifras a exponer no se encontraban del todo correctas, ya que el coronavirus avanzó significativamente más rápido de lo que pronosticó. Estos no son los errores de los que hablamos, no es la información sino la manera en que la transmitió:

Para ser razonables, la culpa de la situación actual, recae menos en el gobierno y las autoridades y más en los habitantes, ya que fuimos nosotros quienes lo expandieron al no acatar las normas de salubridad que por tanto tiempo se nos indicó. La gente en México que se encuentra dispuesta a escuchar es, lamentablemente, muy poca y a su vez, entre esos pocos, no todos analizan correctamente la información que reciben. Es muy desagradable hablar de manera tan deplorable sobre mis compatriotas, pero sus acciones no me permiten hablar bien del país en general.

Así que con esto queremos decir que (en lo que se refiere al trabajo de transmitir información sobre la pandemia) los métodos eran buenas ideas en teoría, pero no se tomó en cuenta la incapacidad de la gente para seguir instrucciones.

El primer error consistió en establecer una fecha límite para el fin de la cuarentena. En teoría significaba un pronóstico de cuando se podía romper el distanciamiento social si se seguían las instrucciones de salubridad al pie de la letra. Sin embargo, para alguien que pasa tanto tiempo bajo el ojo de la prensa, no tomó en cuenta que se torcerían sus palabras y se anunciaría erróneamente como la fecha definitiva. Esto causó que a principios de junio, una gran parte de la población rompiera la cuarentena sin leer e informarse sobre, lo que yo llamo, el error número dos; el semáforo de la nueva normalidad.

Si en México (y posiblemente otras partes del mundo) la gente al ver un literal semáforo de amarillo, en lugar de avanzar más despacio como se debe, acelera para evitar el rojo, no veo por qué sería diferente con un semáforo metafórico.

Es desafortunado que no todos tengan acceso en internet, pues buscando rápidamente el modelo del semáforo, nos damos cuenta que incluso en verde, nada indica el fin del distanciamiento físico. En verde se llama “nueva normalidad” e incluso ahí se muestra que la distancia entre dos humanos sigue siendo de dos metros mínimo y de ninguna manera significa que se ha superado la pandemia en los estados en color verde, si no que se ha controlado.

En nuestro estado en particular, ha pasado poco tiempo que hemos pasado de rojo a naranja, este cambió dio a las personas un alivio que no debió porque, igualmente, si se busca el semáforo se darían cuenta que “naranja” significa “crítico”. Por el bien del pueblo, en mi humilde opinión, no debió incluirse un color naranja sino secamente un amarillo (para cuando de verdad sea seguro salir a las calles) y rojo (donde deberíamos estar porque los números de defunciones) no han bajado. Me tomaré la libertad para anunciar que esto lo he visto con mis propios ojos, la ubicación de mi casa me ha permitido contemplar ciudadanos que organizan reuniones y fiestas en la playa sin tomar su distancia y llevando niños vulnerables con ellos.

La única solución que en este momento podría pensar para ellos, es transmitir la información completa y concreta de forma que llegue a todos los sectores de la población.

Todavía no estamos ahí, pero ciertamente estamos a dos pasos de ello. Tomando en cuenta que nos encontramos con una población, por falta de una mejor palabra; egoísta, en vista que no parece preocuparles como sus acciones podrían afectar a sus allegados, lo mejor sería apelar al egoísmo de cada habitante de la población y plantearles el peor escenario para cada uno.

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