BALCONEANDO / IBARRA: ¡CHAPULÍN!

Por Alejandro Barañano

Desde hace varios meses se vienen mostrando pruebas documentales donde queda claro que Narciso Agúndez Montaño exhibe su plan para de alguna manera recuperar su cacicazgo, utilizando para ello como marioneta al ex panista Víctor Ernesto Ibarra Montoya.

Incluso tan maquiavélica ha sido la treta del tristemente célebre ex gobernador, que obligó a muchos a voltear y recordar como en su momento el galeno sinaloense violentó de forma flagrante un sinnúmero de artículos que están inscritos en el Reglamento de “Aplicaciones de Sanciones del PAN”, instituto político donde militaba el nativo de Culiacán por varios años.

¿Qué por qué lo digo? Bueno, porqué según el estatuto antes comentado en su Sección III del Apartado A del Artículo 16, se anota claramente que el miembro adherente o militante activo que incurre en deslealtad es cuando incurre en los siguientes actos: Incumplimiento, abandono o lenidad en el cumplimiento de las obligaciones cívico políticas; además del incumplimiento, abandono o lenidad de las obligaciones como miembro activo, dirigente del Partido o responsable de cargo o comisión otorgada por el instituto político; y esto fue parte de la acusación que pesó sobre Víctor Ernesto Ibarra Morales, quien al final tuvo que renunciar al blanquiazul pues ya que no le quedaba de otra.

Y fue justo ahí cuando huyó al Partido Verde Ecologista de México y poco tiempo después al Partido del Trabajo, buscando con ello simplemente un puesto político en las elecciones de julio del 2018, pero demostró el colmo de su total desfachatez pues como legislador federal quedó a deber mucho, sobre todo a quienes en su momento confiaron en él.

Lo decimos porque resulta que “el culichi” como diputado federal se embolsó la bicoca de 4 millones 152 mil 316 pesos y 28 centavos solo por estar al “servicio de la comunidad”, esto en base a un sueldo que ascendía a los 148 mil 297 pesos mensuales.

Pero para ganarse ese jugoso estipendio, se supone que Víctor Ernesto Ibarra Montoya debía de asistir a 160 sesiones en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, sobre todo porque cada una de ellas le costaba a los ciudadanos 25 mil 951 pesos y 97 centavos. ¡Qué tal!

Sin embargo y de acuerdo al portal del Sistema de Información Legislativa, el galeno sinaloense radicado en la zona de Los Cabos comenzó su labor legislativa presentando 147 iniciativas con un solo Proyecto de Decreto, de las cuales 88 se quedaron pendientes en varias Comisiones; 26 de ellas fueron aprobadas; 22 más desechadas por improcedencia y otras 11 fueron retiradas por estar pesimamente mal elaboradas.

Con esto Víctor Ernesto Ibarra Montoya dejó constancia que tuvo una productividad de tan solo 17.68 por ciento en cuanto a iniciativas aprobadas. Pero si dividimos las 26 propuestas palomeadas entre los 28 meses que fungió como legislador federal, se deduce que presentó únicamente 0.9 iniciativas positivas por mes, o sea ni tan siquiera una completa en ese intervalo.

Ahora bien, si tomamos una calculadora y dividimos su paga de poco más de dos años entre cada una de las 26 iniciativas aprobadas -supuestamente en bien de la sociedad- se obtendría que cada una de ellas tuvo un costo de 159 mil 704 pesos con 47 centavos al pueblo; pero resulta que fue tan pusilánime su desempeño, que lo más “rescatable” resultó cuando el 3 de diciembre del año 2015 sufragó a favor de la iniciativa para que el 25 de octubre de cada año se celebre el Día Nacional de las Personas de Talla Pequeña. No más, no menos.

Por otro lado, quien por cierto posee una clínica médica bien montada en el puerto turístico de Cabo San Lucas, cobró nueve sesiones legislativas a las cuales no asistió, razón por lo cual debió de regresar 233 mil 567 pesos con 73 centavos, y que obviamente se adjudicó sin importarle no haber cumplido con sus compromisos en el Congreso de la Unión. ¡Quihubole!

Por eso debemos recordar que tipos como Víctor Ernesto Ibarra Montoya surgen prometiendo el sol y las estrellas, cuando en realidad se manejan “chapulineando” sin darse cuenta que no es por compasión sino por obligación lo que tienen que hacer en pos de la sociedad.

Tal parece que el “galeno chapulín” no conoce lo que es el decoro, honor, respeto y dignidad, sinónimos que debió haber sembrado desde hace mucho tiempo en su limitada formación política y que debía haber traducido en acciones públicas.

Por eso para el sinaloense radicado en Baja California Sur e impulsado vorazmente por Narciso Agúndez Montaño, es claro que no conoce lo que es la decencia política, pues esta debería ser un referente para renovar sus ideas y conductas, y no creer como cree que la política depende exclusivamente de la intuición, berrinches o meras reacciones, dejando por ende a la deriva la planeación y obligación que exigen los procesos democráticos.

En conclusión, no cabe duda que el tiempo pondrá a cada quien en el lugar que se merece; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .

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