TRAZOS Y RETAZOS / Buen viento y marea a favor… anhelo sin cumplir

Por César de Jesús Ortega Salgado

Junio 18 del 2020

A escasos días de cumplirse dos años del triunfo electoral del actual presidente López Obrador, escribí y publiqué en este mismo espacio que, las tormentas se forman cuando se combinan fuerzas opuestas en un centro de baja presión con un sistema de alta presión que lo rodea y que así se nos representaba la despiadada lucha por el poder en México, que nos tenía sumidos entre esa presión periférica que ejerció López Obrador y su MORENA sobre el sistema establecido, representado por Pepe Meade y aunque divididos, con Ricardo Anaya.

Haciendo un contraste descriptivo de una tormenta y ese proceso electoral del 2018, en donde se describían grandes y obscuros nubarrones, con fuertes vientos y excesivas lluvias, acompañadas de rayos, relámpagos y truenos, generando regularmente daños y caos en las poblaciones; lo mismo que las campañas políticas que habían ensombrecido el ambiente social y económico, trayéndonos incertidumbre, desengaño y frustración, por la ausencia de propuestas viables de acuerdo a nuestros alcances por capacidad económica como país, además de un exceso de campañas negras basadas en sembrar dudas en la honorabilidad de los candidatos, así como una creciente polarización entre quienes piensan distinto, por incitarse a la intolerancia como nunca.

Señalábamos la conveniencia de que no siguiéramos, ni apoyáramos los propósitos de los meteorólogos del caos político, disuadiendo las condiciones de tormenta postelectoral que pronosticaban una tormenta de proporciones increíbles, pero con una lectura clara de que quienes habíamos votado, era haber abordado la embarcación de las decisiones y que quienes no lo hicieron, prefirieron quedarse en los muelles de la comodidad, la apatía y la descalificación anticipada.

El resto del 2018 y los primeros meses del 2019 siempre esperé un cambio del ahora presidente de todos los mexicanos para que dejara atrás la campaña y con visión incluyente nos uniera como nación, pero cada día me decepcionaba con sus largas, lentas y mesiánicas conferencias mañaneras en donde siempre es la marca de la casa señalar enemigos de él, acusaciones sin más fundamento que la ocurrencia, respuestas a cartas que nunca ha recibido, buenos y malos.

Todavía tratando de comprender un cambio de sistema que se impulsa con su invento de Cuarta Transformación, intenté buscar resultados en seguridad pública, eficiencia administrativa, anticorrupción e impunidad, pero nada digno de mencionar y cada día con desaciertos que hacían retroceder indicadores económicos y sociales.

A la conclusión del año pasado tenía ya la certeza de que López Obrador, no experimentaría cambio alguno en su forma de ejercer un poder presidencial absoluto, que hasta ahora se ha consolidado con las mayoría en el Congreso de la Unión, con Senadores y Diputados afines a sus propósitos, en el que el presidente de este país construye su “POST-TRUTH” (post-verdad o después de la verdad), que no es otra cosa que la referida a circunstancias en que recurren a las convocatorias a la emoción y a sus creencias personales, para que tengan mayor influencia en la formación de la opinión pública, que los hechos mismos, es decir, cuando la verdad está en duda a cada momento, como nunca había sucedido, porque este hombre enfundado en su holgado traje con el gran poder presidencial toma decisiones unipersonales que direcciona a su antojo las cuestiones públicas; innumerables veces los hemos visto afirmar, contradecirse y negar; no se equivoca y otros son los culpables.

Por ello, a finales de 2019, ya los más importantes grupos financieros e inversionistas internacionales, tenían la percepción de que definitivamente en México, las cosas en general estaban con peores expectativas de las que pudieran haberse previsto al ganar la presidencia López Obrador.

Por si ya no tuviéramos suficiente, aparece la pandemia del Covid19, que por convicción personal no he querido escribir, considerando el respeto principalmente a quienes han fallecido, la gravedad de la contingencia sanitaria y el ruinoso impacto económico, hacen que este tema no se admita lucros desde ningún punto de vista, que desafortunadamente le ha sobrado desaciertos de distintas autoridades, que ha terminado por exhibir incapacidades e insensibilidades, situando a todos en su justa dimensión.

En resumen, después de dos años la tormenta no se disipa, se incrementa y el buen viento y la marea a favor… es un anhelo sin cumplir y en donde hemos observado con preocupación grupos, así como escuchado voces reclamando urgencia en la dimisión presidencial de López Obrador, con lo que definitivamente no considero lo conveniente y que me opondré, no por defensa al actual presidente constitucional, sino principalmente porque independientemente de la complicación legal y controversial sustento en el Estado de Derecho, las consecuencias serian de abrir la puerta a periodos consecutivos de inestabilidad política, caos social y catástrofe económica, alentados por intereses de grupos solo sustentados en visiones sesgadas de las formas constitucionales de los Poderes de la Unión que integran el Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo.

Nuestra vía es seguir haciendo valer nuestra capacidad de expresarnos, aunque no coincidamos con algunos… muchas veces; luchando por hacer prevalecer las leyes, aunque siga creciendo la injusticia y la impunidad… muchas veces; ejerciendo nuestros derechos ciudadanos, aunque sigan decepcionando quienes resulten triunfadores de los procesos electorales… muchas veces.

Durante la tormenta no se puede navegar… como ahora la mayoría no lo podemos hacer; no alentemos vientos cruzados y mareas procelosas, como algunos lo pretenden hacer; la oportunidad de todos es que en el 2021 tendremos como ciudadanos comprometidos el reto de elegir sin ser engañados y aceptar los resultados que no pueden haber sido los esperados y menos a gusto individual, pero tomemos la decisión de abordar la embarcación de las decisiones y no quedarse en los muelles de la comodidad, la apatía y la descalificación anticipada, porque nos hace falta BUEN VIENTO Y MAREA A FAVOR retomando rumbo con certeza y confiados llegar a puerto seguro para CUMPLIR ANHELOS.

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