Carta al Editor

Los mejores triunfos de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo que ese algo se haga. Aldus Huxley

Por Juan Barragán, el Mula sanjuanelmula@gmail.com

Mayo 09 del 2020

Estimado Bertoldo, antes que nada, una disculpa por mi falta de colaboración con la revista, pero como ya algún día comentamos, mi intención de colaborar con tu magnifica publicación era tratar temas que no estuvieran relacionados con la política. Debido a la pandemia, la política se ha convertido en el tema por antonomasia, imposible sustraerse de estos asuntos que tan magníficamente denuncian y analizan tú y tus colaboradores. Mis felicitaciones a todos Ustedes, los sigo con mucho interés mientras me dedico a sacar la poca chamba que puedo y a releer a algunos autores que siempre había postergado dando preferencia a libros nuevos que por fortuna, nunca me faltan. En estos días de encierro volví a leer, entre otros, el “Siddharta” de Hermann Hesse, que no es otra cosa que su propia versión de la vida del Budha Gautama. En este hermoso libro, Hesse sintetiza en tres lecciones la sabiduría del maestro y que vienen muy al caso de nuestro forzado encierro y en general, para superar cualquier situación de vida adversa: “Saber pensar, saber ayunar y saber esperar”.

No hay que olvidar que el budismo es una filosofía más que una religión, y que la filosofía puede considerarse un género literario y que en la realidad se trasmina en cualquier texto que se escriba con un mínimo de seriedad. Entre otros de los títulos que había venido postergando para su eventual relectura estaba “Un Mundo Feliz”, del imprescindible Aldus Huxley. En la versión de esta novela que conseguí en la red, venía un prólogo escrito por el mismo autor muchos años después de la publicación original de la obra. En este prologo viene la frase que me sirve de epígrafe y otra que llamó poderosamente mi atención: “Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el que el jefe político todopoderoso y su ejército de colaboradores pudiera gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuera necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre”. Aquí fue cuando tuve mi epifanía y decidí escribirte esta colaboración. No comprendía yo el por qué, a pesar de que López Obrador parece empeñado en desacreditarse a sí mismo -es un hecho incontrovertible que para exhibirse como ignorante, mentiroso y pelmazo se pinta solo y no necesita de la prensa “fifi”-; sin embargo, y a pesar de sí mismo, no deja de tener un altísimo  número de incondicionales que seguramente votarán ciegamente por el partido que representa en las próximas elecciones intermedias del 2021; es triste, pero hay que reconocer que este ejército de seguidores aman su servidumbre, de otro modo resultarían simplemente inexplicables.

“Saber pensar” es la primera lección que pone Hesse en los labios del Budha. Pienso que exhibir las barbaridades del gobierno es indispensable; sin embargo, tristemente me doy cuenta de que esto resulta del todo insuficiente, dado que aunque la opinión pública que ya es una mayoría, rechaza las políticas gubernamentales de la 4T, esta mayoría se encuentra dividida, fragmentada, no hay cohesión en la oposición ni se percibe en el horizonte político un líder que sea capaz de aglutinarla; más al contrario, ya que además de los partidos tradicionales, ahora contamos con dos nuevos partidos que abonaran seguramente a una mayor fragmentación. Es un hecho que ni Calderón ni la maestra Elba Esther -enfermos ambos de poder, por fortuna ya en etapa terminal-, estén ni remotamente dispuestos a renunciar a su enfermedad. Pero tampoco nosotros, la oposición ciudadana de los de “a pie”, estamos dispuestos a renunciar a nuestros conocimientos ideológicos y creencias políticas.

En mis conversaciones interpersonales y en las redes sociales escucho y leo permanentemente sentencias como: “¿Yo votar por el PRI?, ni que estuviera loco….”; otros dicen: “¿Por el PAN? menos; si ellos fueron los que pavimentaron el camino que llevó al poder al corrupto de Peña Nieto”; y otros: “¿Por el PRD?, a, ¿todavía existe?”; y otros más: “¿Por Movimiento Ciudadano? ¿Para tener como en Jalisco un pequeño Mussolini que según sus propias palabras llegó a la gobernatura por la voluntad de Dios? ¿Otro ‘verbo encarnado’ como el Peje?, no gracias”. Lo dramático de la situación es que todos absolutamente tienen razón, el hartazgo y la desazón con los políticos de cualquier denominación resulta más que evidente y está más que justificada ¿Qué podemos hacer al respecto? Porque es un hecho que así será imposible vencer a Morena en las próximas elecciones intermedias; hay que reconocer que los morenistas, por absurdo que nos parezca, si demuestran cohesión, aunque sea aglutinados en torno a su “mesías tropical”, cual si fueran moscas a un trozo de estiércol.

Es por demás; los seguidores de López Obrador, son inconvencibles, el camino hacia su razón está bloqueado por años de abandono, mentiras y decepciones de anteriores gobernantes de todos los colores y sabores; esta irritación justificadísima ha sido maquiavélicamente aprovechada por el Tabasqueño aprovechándose de un pueblo -que será muy sabio, pero también tan proclive a la adulación y a la cursilería-, que lo ve como un “rayito de esperanza”. Desde el punto de vista del presidente, la sabiduría del pueblo consiste en que puede hacerle creer y este cree entender la razón de la sinrazón, o en la sinrazón de la razón; ya no sé; y el “rayito de esperanza” se ha convertido en un fanal de halógeno que encandila a los incautos cual si fueran liebres noctámbulas en una brecha de la Baja 1000; porque ya basta de echarle la culpa tan solo al presidente: para bailar se necesitan dos. El idiotizador necesita de idiotas.  

Meditando a este respecto, surgieron en mi consciencia las palabras que el gran sabio chino Lao Tze pronunciara hace apenas 3,000 años. Este genio del pensamiento paradójico, en uno de sus muchos aforismos sentenció: “Para llegar a la sabiduría, es necesario deshacerse del conocimiento”. Aunque como todas las paradojas a primera vista suena a aberración, es necesario reflexionar e ir más a fondo para comprender la verdad inexpugnable que encierra.

Todos nosotros, y me refiero a la mayoría, los que estamos en contra de la 4T, tenemos como ya lo he dicho, muchas razones y justificaciones para votar o no votar por cualquiera de nuestras preferencias políticas, o en última instancia, votar por el que consideramos menos peor; pero es aquí donde  aplica otro de los aforismos paradójicos de Lao Tze: “El que se justifica no convence”, porque la justificación siempre está dirigida hacia nosotros mismos, a justificar que tenemos la razón y esto puede ser muy cierto, pero ya establecimos que en este caso tener la razón no basta, la razón está bloqueada y no sirve a ningún otro propósito que no sea fragmentar; y claro, AMLO feliz de la vida.

Es aquí donde aplica la segunda lección de Hesse que yo interpreto metafóricamente: “Saber ayunar”. ¿Estaríamos dispuestos a someternos a un ayuno democrático voluntario? ¿Estaríamos dispuestos a renunciar al incuestionable conocimiento de nuestras propias ideologías, aversiones y creencias en aras del bien común de la mayoría? Que en este caso sería quitarle al presidente el control absoluto del congreso. Porque es un hecho que, si en las próximas elecciones intermedias la mayoría vota fragmentada en contra de Morena, no serviría de nada, volverá a ganar Morena, y no necesitan hacer trampa porque tendrían el apoyo incondicional de una mayoría relativa de “liebres encandiladas” que les permitiría retener el control de la Cámara de Diputados y como consecuencia el Congreso. Una sabia decisión sería dejar de lado nuestro amplio conocimiento de política y votar en cada distrito, no por el candidato de nuestras concordancias ideológicas o preferencias, sino por el candidato que más posibilidades tenga de vencer al candidato de Morena, independientemente de nuestros conocimientos, ideologías, creencia, compadrazgos, preferencias o aborrecimientos hacia cualquier partido; esa es la única manera de recuperarnos, por lo menos en parte, de la debacle que ha sido esta 4T.

Estamos a tiempo de hacer una campaña de difusión de esta idea: “No votar por nuestra preferencia, sino por el candidato distrital que pueda vencer al de Morena: el enemigo común; distrito por distrito e independientemente del partido del candidato opositor; se debe votar por el que tenga más posibilidades de vencer al de Morena”, estoy seguro que este ayuno democrático voluntario se traduciría en un bien común mayor, y vuelvo a la sentencia de Aldus Huxley que me sirve de epígrafe: “Los mejores triunfos de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo que ese algo se haga”.

Bueno Bertoldo, pues como dicen los políticos: “es cuanto”, te mando una felicitación y un gran abrazo mientras me aplico en la tercera lección de Hesse: “Saber esperar” que mis palabras hagan eco en tus lectores y mucho más allá.

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