La cultura de la incultura

Por Salvador Castro Iglesias Correo electrónico: salcasis@yahoo.com.mx

Mayo 05 del 2020

A la largo de esos días de reclusión por la cuarentena obligada ante el coronavirus, las redes sociales han ido tomando grandes cantidades de tiempo por parte de los usuarios de las mismas, incrementando las publicaciones, comentarios, fotos, memes, noticias, chismes, argüendes y demás.

Pero el tema de moda por obviedad, sigue siendo esta pandemia creada por esta nueva plaga en forma de un pequeño ser que está cambiando los hábitos, formas y costumbres a los que estábamos acostumbrados.

Así es amigos, un ser tan pequeño que no puede ser visto a simple vista, que anida en nuestro cuerpo y para el que, a la fecha, no existe cura alguna.

Ese virus nos ha movido en serio, de cada 10 comentarios que leo en las redes sociales, al menos 6 son sobre el coronavirus, que si ya mató a no sé cuantos más, que si ya se contagió fulanita o fulanito, etc.

En definitiva, no hay nada comprobado que pueda evitar el contagio, solo “la sana distancia”, resguardarse en casa para evitar contagiarnos o dispersar ese virus, lavarnos muchas veces las manos, nuestras ropas, la cara, usar cubrebocas, conservar metro y medio entre uno y otro al salir de casa (aunque se recomienda no hacerlo a menos que sea realmente necesario).

Todos los días, las autoridades hacen llamado a la cordura, a no salir, a no propagarlo, a cuidarnos.

Sin embargo y pese a ello, leo como comento en líneas anteriores, a mucha gente que ya comienza a dudar de que en verdad sea cierto lo de la tal pandemia, a cuestionar e inventar teorías conspirativas, que si los Chinos crearon a este virus para dominar al mundo, que son puras mentiras, que si la gente se muere más que de otras enfermedades, que hay más muertos por las balas del narcotráfico y la delincuencia, etc. Y etc.

La cultura de la incultura, ese pensar que nos dice “no es cierto”, no hay tal coronavirus, mejor salgamos, al cabo que a mi no me va a dar esa cosa, ya llevo muchos días encerrado en casa y necesito salir, a tomarme unas chelas con mis amigos y familia que tanto extraño, a dar la vuelta para ver si es cierto que todos están encerrados en casa, como si fuéramos inmunes, con ese pensamiento popular de yo soy muy pero muy fregón, estoy sanote o sanota y nada me pasará a mí, tal vez a otros, pero no a mí.

Y no importan los números, las estadísticas, los muertos reales, los amigos o conocidos que están muriendo por eso. No señor, son puros cuentos, de seguro los inyectaron con algo para disminuir la población o es un maquiavélico plan para controlar el mundo. De seguro es así que me vale lo que me digan las Autoridades de no salir.

Por razones diversas he tenido que salir a la calle (con todas las medidas del caso), y con mucha tristeza veo gente en la calle sin motivo aparente transitando. Automóviles llenos de gente, con niños y todos sin cubrebocas, con los vidrios del auto abiertos, muy contentos eso sí, disfrutando de la paz de La Paz. Gente a pie, en bicicleta, en motocicleta sin protección alguna, muchos con tapa bocas, pero puesta en el cuello.

Que diga el Gobierno lo que quiera, todo es mentira, no hay tal coronavirus, eso piensan hasta que les toque y queden abandonados en un frío hospital sin poder ver a sus familias, muriendo poco a poco, sin poder despedirse de ellos.

Por tradición, los Mexicanos somos fatalistas, bailamos con la muerte a diario, la vemos como parte de nuestra cultura (o incultura), somos reacios a creer más en que cosas fútiles y sin importancia, damos más crédito al chisme, al argüende y al mitote que las Instituciones, tal vez sea porque tradicionalmente quienes manejan las Instituciones nos han defraudado una y otra vez.

La cultura de la incultura se hace presente de nuevo, no creo porque alguien dijo que le dijeron que dijera, así de fácil. Es mejor creer en que todo está bien, que son puros cuentos, “me lo dijo alguien que si sabe”.

Recién vi el video en redes sociales de gente del Estado de México entrando al Hospital Ángeles para a la fuerza, querer llevarse a sus deudos, salas de hospital repletas de muertos por el coronavirus, y la gente transitando entre ellos para reconocer a sus muertitos, ofendiendo y agrediendo a los médicos, enfermeras y los guardias de seguridad, contagiándose y siendo tal vez, los próximos portadores de ese maldito virus.

No importó que les pidieran salieran de ahí, insultaban a los médicos diciendo que les habían inyectado algo a sus seres queridos ya fallecidos, como si la labor de los médicos sea esa, matar a sus pacientes.

Incultura si, terror acrecentado por no saber o no querer saber, porque alguien lo dijo, porque yo creo y aunque lo vea no es cierto.

Mientras tanto, vamos dándole vuelo a la hilacha, hagamos fiestas en nuestras casas con los amigos y familiares, sin protección alguna, de preferencia con mariachi o el sonido a todo lo alto, vayamos a festejar al cabo que a nosotros nada nos pasará. Y que ni se atreva la policía o las Autoridades a andarnos arrestando porque es Anticonstitucional, es represivo, es violento, violatorio a las Leyes que emanan de nuestra sagrada Constitución.

Sigamos felices que al cabo no es cierto, que se mueran otros, porque de seguro ya traían otras cosas malas dentro, son puros inventos para controlarnos.

Esa es la incultura de la cultura, un pueblo bueno y sabio que ve a su Gran Tlatoani ahora llamado Presidente, besando a niñitos en sus lindos cachetitos, desayunando en Oaxaca e invitándonos a salir porque no es cierto eso de la pandemia, no pasa nada caray.

Hasta que los números de víctimas comenzaron a subir, cuando los muertos se fueron convirtiendo en parte de las estadísticas, a caray, a hora si va en serio. ¿en serio?, ¿para quién?

Va en serio para cada Gobernador de sus Estados, para las Autoridades Locales que ya no saben qué hacer para hacer entender a la gente que esto es real, para tener que tomar medidas estrictas, imponiendo horarios para la venta de productos de primera necesidad, pero eso sí, la venta de cerveza ni la vayas a racionar porque se les arranca, faltaba más.

Impresionante fue ver como largas hileras de gente se formaban en los expendios de cerveza, todos felices y obvio sin protección, alegres porque encontraron cheve, al precio que sea necesario pagar si señor, sin cheve no me quedo.

Dios no lo permita, que solo uno de ellos haya sido portador de coronavirus, porque entonces si, andarán implorando cuidados médicos de primer nivel, culpando a las Autoridades por no atenderlos, viendo como se mueren uno a uno sin poder remediarlo.

¿Soy alarmista?, tal vez, pero no deja de sorprenderme esta cultura de la incultura que nos cargamos muchos Mexicanos, que creemos mejor en lo que nos dicen las redes sociales, en lo que opinan personas que ni idea tienen de lo que opinan, que provocan miedo o escarnio, que alborotan y crean temor o risa de cualquier cosa solo porque si, porque les da raiting, sus cinco minutos de gloria o solo porque pueden hacerlo.

Creer o no, es una facultad dada a todo ser humano, distinguir si algo es cierto o no, ya es un poco más complejo, se requiere (a mi juicio), discernir, pensar, analizar y eso, tristemente poco, muy poco puedo ver hoy en día.

Nos leemos más adelante …

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