BALCONEANDO / VIDA DESPUÉS DEL COVID

Por Alejandro Barañano

Mayo 04 del 2020

Hay quienes ya comienzan a vislumbrar el fin del confinamiento un poco más cerca, y por ello en muchos nacen varias interrogantes: ¿Y después qué? ¿Cómo será entonces nuestro día a día? ¿Cómo y en qué cambiaremos?

Y es que no hay que ser muy nigromantes o agoreros para saber que habrá “un antes y un después”, después de este confinamiento en que estamos, y que la vuelta a la “normalidad” tan anhelada no será un regreso a la cotidianidad previa.

Seguramente -y consciente estoy de ello-, se pueden comenzar a identificar hoy en día al menos ciertas tendencias que marcarán la nueva realidad después Covid-19.

Primera, el temor al contagio propio o de familiares no desaparecerá por arte de magia, lo que significa que la gente se cuidará más a sí misma y también a los demás, recurriendo por ende a la medicina preventiva y a los servicios de cuidado, actividad física y bienestar.

Ese miedo al contagio también determinará las experiencias con los demás, en especial en lo relativo al consumo y el ocio, pero también a la hora de trabajar. O sea, que se seguirá evitando el contacto físico y las aglomeraciones, y con ello los espacios concurridos y los cerrados, lo que condicionará la forma de divertirse, pero también la movilidad, sobre todo en lo que se refiere al uso del transporte público o los viajes innecesarios, por lo que ese instinto de protección y la repercusión económica de la crisis sanitaria marcarán la vida después del Covid-19.

Con la presencia de este “bicho raro”, hemos visto que nuestro bienestar y nuestras condiciones de vida son realmente muy frágiles, por lo que supongo que la gente intentará ahorrar más, pues la recesión actual provocará que muchos ganen menos.

Otro punto que la crisis por el Covid-19 nos ha evidenciado, es la importancia de los transportistas, empleados de supermercados, personal de limpieza y cuidadores que se han convertido junto con los médicos y enfermeras en los nuevos héroes, dejando atrás a los políticos, politiqueros y supuestos líderes sociales nacidos gracias al oportunismo.

Otro detalle que seguro se quedará serán las videollamadas y las reuniones vía plataformas, pues el ocio y el consumo digital hicieron su “agosto” con el confinamiento y, definitivamente se quedarán, obligando así a los negocios comerciales, la administración y a los gobiernos, acelerar la era de la digitalización.

Con todo esto, el auge de la vida digital hará que demos más valor a los actos sociales, ya sean reuniones de trabajo, encuentros sociales o trámites presenciales, y a los que solo dedicaremos tiempo cuando merezcan la pena o sean realmente imprescindibles. Tiempo al tiempo sino; pues eso significará que tendremos menos oportunidades de juntarnos y menos costumbre de hacerlo, de modo que quizá acabemos buscando la conexión social como terapia.

Durante el confinamiento o cuarentena en la que aún estamos inmersos, se han multiplicado las iniciativas colaborativas y solidarias, por lo que los “futuristas” auguran que ello será una tendencia que se mantendrá después del Covid-19.

Otra cosa que quizá nos pueda dejar como bueno esta crisis, es la importancia de verificar la información que nos llega, pues nos volveremos más desconfiados y buscaremos y exigiremos credibilidad y transparencia, aumentando el rechazo hacia las estrategias frívolas, populistas y la mentira. En pocas palabras, la nueva era después Covid-19 necesitará de nuevos referentes creíbles.

Además, las restricciones impuestas por los gobiernos a las libertades personales y empresariales durante la pandemia, también dejarán secuelas en la confianza de las personas, pues dicen los que saben, que viviremos en una sociedad mucho más sensible a su libertad y más conservadora en sus decisiones, y donde la libertad y la privacidad ya no estarán aseguradas ni siquiera en la democracia; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .

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