Civilidad y respeto, un legado que Distingue a los habitantes de BCS

Por Sealtiel Enciso Pérez

Tal vez muchos piensen que en este alejado y “descarnado brazo de la Patria”, han sido escasos y limitados los eventos en los que sus ciudadanos han tenido oportunidad de ejercitar sus valores como son el Respeto a las Instituciones y la Civilidad propia de la tolerancia y la fraternidad entre los hombres, pero no es así. Tal es el caso que en este artículo nos ocupa y que ocurrió hace casi 141 años.

El caso que a continuación se relata, ocurrió en el año de 1877 en el poblado de El Triunfo. Los hechos se encuentran relatados en el periódico “La Baja California”, el cual era un medio oficial del gobierno. Su Editor y Responsable era el Sr. Fidel S. Pujol quien lo imprimía en su propia imprenta. En aquel tiempo, el gobernador y jefe político de nuestro Territorio era el Coronel Andrés L. Tapia, y como presidente de la República Mexicana se acababa de proclamar Porfirio Díaz tras salir vencedor al derrocar al gobierno anterior con su Plan de Tuxtepec.

Durante la mañana del 19 de septiembre de 1877, se habían llevado a cabo en el mineral de El Triunfo, las elecciones para definir al Ayuntamiento que regiría los destinos de aquella población. Las expresiones políticas de aquel entonces se aglutinaron en dos “clubes” políticos: por un lado estaban los autodenominados “Reformistas” y por el otro “el del Pueblo”. Cada uno de estos grupos había realizado campañas de proselitismo entre los trabajadores de las compañías mineras, así como los pobladores, y debido al nivel de participación existente, el ambiente se había polarizado de tal forma que ambos grupos se trabaron en descalificaciones y ataques verbales.

En el transcurso del día mencionado, varios de los integrantes de ambos bandos habían estado ingiriendo bebidas embriagantes y ya para la tarde se encontraban en avanzado estado de ebriedad. Fue en esos momentos en que enardecidos por el deseo de proclamarse como vencedores, los militantes deciden salir a la calle a difundir su victoria, sin esperar al conteo de los sufragios ni el comunicado oficial. Es aquí donde ocurre un lamentable suceso. El Triunfo, en ese entonces era bastante poblado pues llegó a contar con más de 4000 habitantes, pero aún así no era difícil el recorrerlo en poco tiempo, así que llegó el momento en que ambos “clubes” se encontraron de frente y empezó el enfrentamiento.

En una primera instancia, los integrantes de ambos grupos empezaron a lanzar vítores en franco apoyo a sus candidatos, los cuales se proclamaban por igual como virtuales ganadores. No tardó mucho tiempo en que aquellas personas que habían estado tomando bebidas alcohólicas empezaran a proferir insultos y descalificaciones agresivas de uno a otro bando. Fue en ese instante en que dejando de lado las ideologías partidarias, los ánimos se desbordaron y empezó una trifulca campal en donde se lanzaron piedras de uno a otro lado. Incluso hay quienes cuentan que salieron a relucir armas de fuego y se tuvieron varias detonaciones, afortunadamente sin resultados qué lamentar.

Mientras esto ocurría, las personas más sensatas del pueblo enviaron a varios jinetes a galope tendido hacia este Puerto de La Paz, con el propósito de alertar al jefe político, Coronel Andrés L. Tapia, sobre lo que estaba aconteciendo y solicitando urgentemente que tomara las medidas necesarias para calmar los ánimos antes de que se tuviera que lamentar alguna desgracia. De sobra era conocida la capacidad y rectitud del Sr. Tapia, por lo que este al ser advertido, de inmediato organizó un piquete de soldados al mando del Capitán de apellido Calderón, y además convocó al Juez de 1a. Instancia para que en su caso sometiera a juicio a cualquier persona que se encontrara culpable de alterar la tranquilidad del poblado.

La comitiva del jefe político llegó en breve al poblado y de inmediato se dirigió al sitio donde se llevaba a cabo la trifulca. Conminó a los presentes a serenarse y dejar de lado las piedras y armas de fuego, y a controlar sus ánimos. Con energía pero de manera conciliadora el Coronel Tapia logró que la gente se calmara y de inmediato dio instrucciones de atender a los heridos. Afortunadamente sólo hubo algunos descalabrados que no requirieron de mayores atenciones médicas.

Acto seguido el Coronel Tapia, calmados los ánimos, solicitó a los dirigentes de ambos clubes que se sentaran ante una mesa de diálogo y que estructuraran una propuesta de candidatura “de unidad” la cual se conformara por integrantes de ambas expresiones ideológicas. El objetivo era anteponer el bien común a los intereses de grupos. Lamentablemente y a pesar de los esfuerzos por lograr un consenso, al interior del club “del pueblo” no se pudieron poner de acuerdo para proponer integrantes para el nuevo Ayuntamiento.

Con base a la situación que se estaba presentando y a que no era conveniente dejar la solución de este conflicto a una nueva convocatoria para conformar otro ayuntamiento, el Coronel Tapia no tuvo más solución que nombrar el cabildo integrado, eso sí, por personas de ambos clubes. A la cabeza de este Ayuntamiento designó al Señor Nicanor Cota, el cual gozaba de amplio prestigio y respeto entre los pobladores del mineral. Finalmente dejó al Capitán R. Calderón con el cargo de subprefecto del Municipio de San Antonio.

La solución encontrada en ese entonces no pudo haber sido más salomónica. Los integrantes de ambos clubes se percataron que si bien es cierto, no habían obtenido la victoria para alguno de ellos, sí habían logrado lo que al final ambas expresiones políticas buscaban, tener a personas de probada moralidad y al servicio de los intereses de los Habitantes de El Triunfo. Ciudadanos en los que tenían la confianza de que sabrían resolver con dedicación y entereza, las dificultades del día a día que se presentaran en este lugar.

De inmediato, el nuevo Ayuntamiento procedió a convocar a una Junta Patriótica en el poblado con el fin de preparar los festejos para el aniversario del inicio de la Lucha de Independencia, acontecimiento que había sido postergado en su conmemoración debido al ambiente tan enrarecido que se había formado ante las elecciones que se dieron. Algo que demostró el nivel de civilidad y tolerancia por parte de los habitantes del mineral, fue que varios de los implicados en la trifulca del día 19 de septiembre fueron presentados ante el juez de primera instancia, el cual una vez escuchados los alegatos impuso de 1 hasta 5 pesos de multa. Los culpables pagaron de buena gana la multa y se logró juntar un fondo de 250 pesos, mismos que el Coronel Tapia dispuso que se emplearan para el pago de la apertura de un camino que comunicara al poblado de El Triunfo con Todos Santos.

Cumplido con su deber, el jefe militar y de gobierno Andrés L. Tapia regresó al puerto de La Paz, con la seguridad de las decisiones tomadas, pero sobre todo, confiando en el espíritu y valores bien formados de los habitantes de este Mineral, que sabrían comportarse a la altura de las nuevas responsabilidades y respetaría al Ayuntamiento recién conformado.

Y es así como damos cuenta de un acontecimiento suscitado hace más de una centena de años pero que nos pone un ejemplo de cómo se deben llegar siempre a una decisión que tome en cuenta a todos los actores y que al final la gente, convencida de las actuaciones de buena fe y voluntad, anteponga el bien común a sus ambiciones personales o de grupo. Bien por todos los hijos e hijas forjados en las antiguas tradiciones de la California del Sur.

Bibliografía:

Periódico “La Baja California”. Septiembre de 1877. Editor y Responsable Sr. Fidel S. Pujol.

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