De cazadores “legales”, ilegales y Semarnat

Por Emilio Arce Castro

Marzo 02 del 2020

En días pasados, en las redes sociales circuló una fotografía donde fue captado un cazador con su presa: un borrego cimarrón. Obviamente que a todos nos causó y nos seguirá causando indignación ver tal aberración, pero más allá de la impresión que causa ver tales gráficas, el saber que aún en estos tiempos se efectúe tal tipo de cacería, nos asombra; además que esta actividad es considerada legal por las leyes ambientales mexicanas bajo el pretexto de brindarles protección a los mismos animales, esto por medio del otorgamiento de permisos para la cacería, y con el dinero recaudado por la venta de los llamados “cintillos”, que son unas tiras de papel engomado que en el remoto caso de que algún inspector de PROFEPA pesque al cazador con su pieza de caza, el cintillo justificará que la cacería es totalmente legal y asunto concluido.

Al hondar un poco más en la investigación, resultó que la caza del ejemplar mostrado en la fotografía (que la red hizo viral) era legal, y provenía de uno de los ejidos del norte de nuestro estado. Por el desconocimiento del tema, o aún con el conocimiento, muchos de nosotros nos indignamos por ello, pero realmente en Baja California Sur es legal la cacería del Venado y del Borrego Cimarrón. El Borrego cimarrón (Ovis Canadiense), es una especie clasificada en riesgo y son señalados como tales en la NOM-059-SEMARNAT-2010. Lugo entonces, cabe preguntarnos ¿cómo es que llegamos a este punto de la cacería legal?

Primeramente, cabe mencionar que en el territorio nacional existe un gran número de zonas delimitadas y registradas ante SEMARNAT como Unidades de Manejo Ambiental, comúnmente conocidas como UMAS, que pueden ser definidas como unidades de producción o exhibición en un área delimitada claramente bajo cualquier régimen de propiedad (privada, ejidal, comunal, federal, etc.), donde se permite el aprovechamiento de ejemplares, productos y subproductos de los recursos de la vida silvestre y que requieren un manejo para su operación. La Ley General de Vida Silvestre establece que sólo a través de las Uma, se permite el aprovechamiento de ejemplares, partes y derivados de vida silvestre.

Las Umas tienen el propósito de contribuir y reforzar la conservación de la biodiversidad con las necesidades de producción y desarrollo socioeconómico de México en el sector rural. En 1997 se estableció el Sistema de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre, que  buscan promover esquemas alternativos de producción compatibles con el cuidado del ambiente, a través del uso racional, ordenado y planificado de los recursos naturales renovables en ellas contenidos, frenando o revirtiendo los procesos de deterioro ambiental.

Las UMA pueden funcionar como centros productores de pies de cría, como bancos de germoplasma, como nuevas alternativas de conservación y reproducción de especies, en labores de investigación, educación ambiental, capacitación, así como unidades de producción de ejemplares, partes y derivados que puedan ser incorporados a los diferentes circuitos del mercado legal.

Mucho antes del otorgamiento de los cintillos para cada Uma, obligatoriamente se tiene que realizar un censo, donde se hace un conteo del número de ejemplares de cada especie, y de acuerdo a los resultados de los censos que se efectúan, tanto aéreos como terrestres, SEMARNAT decide si se otorgan o no los permisos de caza para cada Uma, y el número de ejemplares para la actividad cinegética.

Antes, esa decisión era tomada colegiadamente con la desaparecida CONABIO (Comisión Nacional para la Biodiversidad, desmantelada por cuestiones políticas derivadas de la 4T). En algunas Umas de nuestro estado, donde por la tasa de crecimiento de la población de especies se incrementó, ya les fueron otorgados los permisos para cacería tanto de venado como de borrego cimarrón temporada 2020. En cada Uma hay un comité que es quien se encarga de observar que se cumpla a cabalidad la legalidad de todo el proceso, que va desde la recepción de los cintillos, la subasta de los mismos, permiso para internar las armas a territorio nacional, acompañamiento de rastreador, guías, gemeleros, mochileros, cocineros, etc., hasta la aplicación de los recursos obtenidos, que en el caso del borrego cimarrón, en las subastas internacionales cada cintillo de ovis llega a alcanzar el precio de entre 35 a 50 mil dólares, y el de venado oscila entre 8 y diez mil pesos, dinero que deberá ser utilizado (oh paradoja), primeramente para combatir la cacería (furtiva), que es uno de los más grandes problemas a los que se enfrenta la supervivencia de las especies, además de utilizar el recurso para limpieza de aguajes, reforestación del hábitat, y otra parte del recurso a veces se destina para apoyo económico a los propietarios de las tierras, como en el caso de algunos ejidos.

Cabe mencionar que el principal depredador, tanto del borrego cimarrón como del venado en libertad, aparte del ser humano, son los propios animales del monte como lo son las zorras, los pumas, los coyotes, etcétera, que acechan a las crías y se alimentan de ellas. Enfrentan miles de peligros, y algunos de los ejemplares que logran sobrevivir, de los que llegan a la vida adulta, son anualmente sentenciados a muerte.

Personalmente nunca he estado de acuerdo con la cacería. Se me hace alevoso que los ejemplares a cazar, genéticamente los más fuertes, que han sobrevivido a todo, sean cazados. Es en estos meses de diciembre a marzo cuando se desata el terror para estos animales en nuestros montes y montañas, debido a estas actividades “cinegéticas” que se realizan. Un asunto muy importante, es que la PROFEPA no cuenta con personal suficiente, creo que apenas son cuatro inspectores para vigilar los millones de hectáreas a merced de los cazadores furtivos durante todo el año, y la cacería legal en estos meses.

Se sabe, además, que algunos de los cintillos otorgados que finalmente llegan a manos de personas no tan responsables, carecen de los candados suficientes para un adecuado control de los mismos es: es decir, que si alguna persona no muy honesta adquiere un cintillo como el de cacería de venado bura, que aquí lo adquieren comúnmente por medio de algún club de tiro y caza, el cazador va y le da caza al animalito, se regresa con la pieza a su casa y si no le toca que en el camino lo revise alguno de los cuatro inspectores que hay para los cinco municipios, éste se regresa al monte por otro ejemplar, y si no pasa nada va por por otro y otro más, hasta que de casualidad lo revise algún inspector o se venza la temporada. Lo que suceda primero. Anda por ahí un senador de Morena moviéndole al asunto con una iniciativa para prohibir la cacería en su totalidad, pero ha de ser puro blof.

El recurso económico es indispensable para la protección de estas especies, ya que por austeridad republicana en este último año no ha habido apoyos federales para el campo, y de alguna manera se tienen que cubrir los gastos, pero ya es hora de cambiar el tipo de cacería y en lugar de utilizar armas de fuego, utilizar cámaras fotográficas. Hacer  criaderos y comercializar el producto de una manera compatible con el medio ambiente.   

Así las cosas.

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