La separación Iglesia Estado ya nos costó mucho sufrimiento y muertos

Por Olgafreda Cota    ofcota@prodigy.net.mx

Desgraciadamente van en aumento las actitudes y decisiones que diariamente toma nuestro presidente y con las cuales cada vez más mexicanos estamos en franco desacuerdo.

Hacemos un análisis y los que votamos por él, tratamos de entender, sin lograrlo, sus razones y su visión; solo para llegar a la conclusión de que fuimos engañados o muy torpes al no haber analizado correctamente. No entendemos su decisión sobre el aeropuerto, ni sobre las guarderías, ni la desaparición del seguro popular; tampoco la venta del avión presidencial, ni el que no asista a eventos tan importantes como la firma del T-MEC. Sin embargo, aunque varias de ellas perjudican enormemente al país, ninguna me parece tan peligrosa como el uso político que le ha dado a las iglesias en México.

El presidente ha otorgado una fuerza enorme a las diversas religiones. Su toma de posesión empezó entre sahumerios y canticos indígenas. Después imprimió 10 millones de ejemplares de la Cartilla Moral, pidiendo el apoyo de las iglesias evangelistas para su reparto.

No olvidemos, como dijo Bernardo Barranco (sociólogo, especialista en estudios religiosos), en una entrevista televisiva: La iglesia también es responsable de la crisis social, con sus escándalos sexuales, el manejo turbio del dinero y del poder.

AMLO sostiene frecuentes reuniones con Arturo Farela presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evángelicas y activista social. Esto no debería ser un problema, porque uno es libre de escoger sus amistades, salvo porque al parecer, apoyó abiertamente a AMLO en su carrera hacia la presidencia, lo cual no está permitido. Los religiosos no pueden manifestarse políticamente en campaña electoral.

Según la revista Proceso, uno de sus hijos, Josué Farela, percibe un sueldo de 73,507 pesos mensuales por ser coordinador regional de los Servidores de la Nación, dependientes de la Secretaría de Bienestar -los Servidores de la Nación son cerca de 18 mil funcionarios públicos que recorren el país llevando la cuarta transformación- y al mismo tiempo Josué, es asesor jurídico de la asociación evangélica que dirige su padre. No es el único, hay varios religiosos más en dicha nómina, aunque con sueldos mucho menores.

No podemos dejar de darnos cuenta la forma en que está amenazado el Estado laico, existente en México desde mediados del siglo XIX.

Latinoamérica ha sufrido un descenso del catolicismo y México no es la excepción; esto ha incrementado a los evangelistas, que no solo intervienen en la vida espiritual de sus fieles, sino en su situación social y material. Esta teología, los lleva también a un voto disciplinado valiosísimo para los candidatos.

La separación del estado laico costó una sangrienta Guerra Cristera (1926-1929), con una estimación de 250,000 muertos. En México, los curas no podían ir por la calle con sotana, las iglesias eran propiedad estatal y las gestiones económicas de los obispos se canalizaban mediante organizaciones civiles.

La separación Iglesia Estado se debe a Benito Juárez que participó en la Guerra de Reforma, defendiendo la Constitución de 1857 la cual consagraba el Estado laico. Costó muchos muertos consolidar el laicismo.

Ignacio Ramírez, constituyente que participó en la abolición del Estado confesional, nos alertó años después, acerca de que se producirían de manera recurrente presiones para restablecerlo. ¿Es esto lo que está sucediendo ahora?

La historiadora Patricia Galeana Herrera, embajadora actual de México en Colombia dice: “Las conquistas históricas duran tanto como las sepamos defender”.

Roberto Blancarte Pimentel, sociólogo e historiador especializado en religión, laicidad y democracia, nos explica que el propósito del Estado laico es defender y garantizar una serie de libertades y derechos, a la vez que establecer claramente los límites de las religiones, para que cada uno pueda vivir acorde a su concepción moral y sin que haya alguien, que lo obligue a vivir su vida de manera contraria a lo que le dicta su propia conciencia.

El presidente mezcla constantemente elementos religiosos en los asuntos de Estado.

Arturo Farela ha declarado que el plan del gobierno mexicano es que, a los jóvenes becarios de “Jóvenes Construyendo el Futuro”, se les dé una hora diaria de la palabra de Dios. ¿Va nuestro presidente a gastar recursos públicos para la promoción de una religión?

AMLO no solo tolera, sino favorece la intromisión de las religiones en los espacios públicos arriesgando muchas de nuestras libertades.

Quiero terminar citando textualmente a Blancarte: “El presidente confunde su papel que es el de presidente para resolver nuestros problemas políticos, materiales y sociales y no tendría por qué estar metiéndose en tratar de resolver el problema de nuestras almas”.

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