El Atlas ¡Campeón de Campeones!

Por Olgafreda Cota

Fernanda ajustó sus tenis, tomó la mochila y salió rumbo al gimnasio. Casi para llegar se cruzó con su amiga Lulú, pero iba tan ensimismada que no se fijó. Lulú la tomó del brazo y le preguntó:

– ¿Qué te pasa Fernanda? ¿Qué tienes?

– Es por Eduardo, cada vez que pierde el Atlas, se me achicopala mucho; se sienta a lamentar la derrota del equipo por horas enteras, no habla de otra cosa y a mí no me gusta verlo así. El Atlas pierde siempre, a veces lo hace de manera normal, pero otras veces falla todos los goles y acierta los autogoles.

– Huy… amiga, yo sé cómo quieres a tu marido, con razón te veo así. Conozco una señora que vive en una cerrada cerca del bordo, se llama doña Teclita y hace trabajos casi milagrosos. Vamos, te llevo.

Fernanda con mirada de esperanza, siguió a su amiga a la casa de doña Teclita. Cuando llegaron, encontraron en la puerta un chamaco de unos quince años, que de manera brusca las cuestionó:

– ¿Cómo a quién buscan y cómo para qué?

– Dile a tu tía que la busca Lulú.

Doña Teclita las atendió de inmediato. Era una anciana muy arrugadita y delgada.

– ¿Cómo puedo ayudarte?, le dijo directamente a Fernanda.

– Necesito que el Atlas se convierta en campeón.

Doña Teclita abrió unos ojos enormes.

-Yo no hago milagros, esos vienen de allá arriba-, le dijo señalando el cielo.

– Cuéntame ¿qué le pasa a tu esposo cuando el Atlas pierde?

– Se pone muy deprimido, le empiezan a doler las piernas, no duerme, hasta festejó el Día de Reyes cuando no era y a la hora de cenar, en vez de ocho burritos de machaca, se come dos.

– ¡A caramba, eso de los burritos si está grave! Te voy a ayudar. Ten este frasquito, dentro hay unas pequeñas pildoritas. Solamente tengo estas. Cada vez que empiece el juego le das una. Ya te ingeniarás como hacerlo. En cinco minutos empieza a hacer efecto: tú marido verá lo que desea que suceda, así que todos los goles los meterá el Atlas.

Juega con las Chivas, gana el Atlas, juega con el Querétaro, gana el Atlas, juega con el América, gana el Atlas.

A partir de ese día la vida en casa de Eduardo cambió, estaba feliz, lleno de ánimo y energía. Pintó el cuarto de los niños, arregló la llave del fregadero y cenaba otra vez sus ocho burritos de machaca. Fernanda por su parte, también estaba muy contenta de ver bien a Eduardo.

A la hora de los juegos, Eduardo gritaba eufórico: ¡Gooool del Atlas!  ¡Ya ves Fernanda, el Atlas es campeón de campeones!

Fernanda asintió con la cabeza y vio con preocupación el frasquito, ya sólo quedaban en él tres pildoritas.

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