De interpretaciones y equidad de género

Por Emilio Arce Castro

Desde hace algunas semanas he estado escuchando, viendo o leyendo noticias respecto de la violencia contra las mujeres. A veces creo que con respecto a este tema estamos como en la época de la guerra fría entre la URSS y EEUU: Estados Unidos defendía su libertad y democracia mientras en el país no podían convivir negros y blancos; en muchos transportes, escuelas y restaurantes, era prohibido el acceso a las personas de raza negra. Un verdadero apartheid, y a veces pienso que así estamos en México con lo de la mentada equidad de género: que si se le abre la puerta a la participación de la mujer creo que es para poder machucarle los dedos. Algo así, porque pienso que todavía queda mucho trecho por recorrer. Si no lo cree, nomás observe los gabinetes de los actuales gobiernos en sus tres niveles.

Se dice y lo confirmo, que a nuestro país le hace falta abrir los candados necesarios para que las mujeres ocupen y ejerzan libremente cargos públicos.

En este tenor de cosas, me llaman la atención algunas notas publicadas donde se cuestiona muy insistentemente las funciones de Rebeca Barrera, presidenta del Instituto Estatal Electoral, persona que goza de mi admiración por, entre muchas otras cosas, abanderar y defender esa lucha, por demás agobiante, de lograr que se cumpla cabalmente con los principios de equidad de género plasmado ya desde el artículo 4to., donde nos dice la Constitución que el varón y la mujer son iguales ante la LEY, y que ésta deberá establecer mecanismos e instituciones suficientes para garantizar la igualdad y promover la equidad de género, y demás artículos, leyes, reglamentos  y disposiciones al respecto que hasta la fecha habían sido poco menos que letra muerta.

No podemos olvidar la historia, la larga lucha de muchas generaciones de mujeres que han buscado su inclusión en la vida política no solamente como un sufragio más de los que hacen caldos gordos, sino como ciudadanos políticos activos, partícipes con su voz y voto en las decisiones torales de la vida pública.

Sin aspavientos ni protagonismos de ninguna especie, solamente la estricta vigilancia del estado de derecho, en las elecciones del 2014 se impulsó, desde la presidencia del IEE, una serie de medidas para garantizar la participación entre hombres y mujeres, donde se obligó a los partidos y se logró que se registraran la mitad de hombres y mujeres. Todo un logro histórico y un parte aguas en la participación política de la mujer en Baja California Sur; en el 2018, se volvieron a impulsar medidas garantizando que en tres alcaldías hubiera candidatas mujeres regidoras y síndicas, y diputadas.

Ahora la ley dice en su artículo tres, párrafo quinto, que en ningún caso se permitirán criterios que tengan preferencia para un género en donde el partido haya obtenido la menor votación, es decir, algo conocido como bloques. Esta observancia es justa y muy necesaria su aplicación.

Es en esta cadena de sucesos cómo el contexto social ha ido logrando que las mujeres sudcalifornianas, que son la mitad de los habitantes de esta entidad (y para el caso de La Paz donde hay más mujeres que hombres), les sean garantizados sus derechos de participar.

Lo que siempre he observado es que, por fin hay alguien que intenta cumplir con lo que establece la ley, y es precisamente Rebeca Barrera quien se ha echado en hombros la afanosa labor de hacer cumplir con los principios de equidad en los procesos electorales, y veo con pena que su labor está siendo mal interpretada, por decir lo menos, en algunas editoriales. No pongamos palabras en boca ajena, ni supongamos por los demás. Sé que Rebeca sabe bien que no es su función designar qué género corresponde para tal o cual alcaldía, qué género para cuál o tal diputación y mucho menos puede ella designar ni pelear porque sea una mujer quien gobierne nuestra entidad. No debe, no puede y ella lo sabe muy bien, que no hay ley que se lo permita. Lo que ella también sabe muy bien, es que su responsabilidad, desde la presidencia que ocupa, es observar en todo momento el cumplimiento a cabalidad de las leyes al respecto.

Es cuanto, amigo Bertoldo.

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