El fiasco transformador de “pañuelito blanco”

“Lo mejor para ser engañado es creerse más listo que los demás” Roche Foucault.

Por Ángel Ozuna

Obrador está llevando a México a una dictadura comunista a través de la aplicación de un credo populista salido aparentemente del Grupo de Sao Paulo. Según este plan se debe ir siguiendo varios pasos no necesariamente en orden cronológico, uno de ellos que nos sirve de ejemplo son las enmiendas y reformas a la constitución para ir acomodando sus intenciones perversas. Hasta ahorita todo le ha salido bien, simplemente por la abrumadora mayoría que su partido tiene en ambas cámaras, en donde no obstante lo disparatado de algunas de ellas, todo le dan para adelante (tienen prohibido cambiarle una coma), eso a la larga nos va a salir muy caro a todos los mexicanos. No se habla abiertamente de ello, pero ahí está.

Nos lleva montados en un viaje demencial del cual no vamos a tener retorno. ¿De dónde sacaría Obrador ese engaño barato de una cuarta transformación? ¿Porqué no una primera, una segunda, una tercera o una quinta? No, el señor se imaginó torcidamente una cuarta y ya sabemos sus razones históricas de tercer año de primaria. Para no meterme en honduras, y que luego se me acuse de fatalista voy a tratar de explicarme. ¿A qué se refiere con la tercera transformación, según él? Nada menos que a la revolución mexicana, así con minúsculas. La revolución no fue otra cosa que un gran engaño, como dice Macario Schettino: fueron tan solo “100 años de confusión” de los cuales parece que ya vamos despertando; sin embargo, el gobierno se encargó de hacernos creer que todo cambió, que aquella gesta por heroica y mortal, fue la solución a todos los males que aquejaban al país, nada más alejado de la realidad.

Como su nombre lo dice, fue una revolución, es decir un giro de 360 grados para quedar donde mismo, en este sentido hubiera sido en todo caso mejor una media revolución, o sea un giro de tan solo 180 grados, ese sí hubiera sido un cambio de rumbo radical y en sentido contrario. Dos acontecimientos dan una pauta para el inicio de la revolución mexicana: la publicación de su libro “La sucesión presidencial de 1910” de un empresario coahuilense Francisco I. Madero y la entrevista de Porfirio Díaz con el periodista Creelman en donde le menciona que México ya estaba listo para entrar a la democracia y el entregar el poder. Eso no paso. Hubo elecciones y de nuevo salió electo el viejo dictador. Madero entonces no vio otro camino que el de la insurgencia armada.

De hecho, ya había muchos “levantamientos” por todo el país, pero fueron sofocados por el ejército y las fuerzas rurales. Se puso una fecha: el 20 de noviembre de 1910 para iniciar la revuelta. De una u otra manera se unieron las fuerzas rebeldes y lograron derrotar al ejército federal. En el Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez se firmó los tratados que daban por terminado el conflicto y Madero marchó triunfante hacia la capital del país. Se llamó a elecciones ganando la formula Madero-Pino Suárez. Entramos al periodo de transición durante el cual surgieron muchas diferencias entre algunos dirigentes estatales como Pascual Orozco en Chihuahua y Emiliano Zapata en Morelos. Ellos exigirán al gobierno la dotación de tierras para todos, cosa no tan fácil de lograr, se mantuvieron en rebeldía y el gobierno salió a combatirlos… El antiguo ejército federal o lo que del quedo, siguió intacto, se dice que este fue uno de los errores que cometió Madero. Las demás fuerzas contendientes fueron licenciadas para que se regresaran a sus terruños a iniciar la reconstrucción del país. Cambiaron el arado y la yunta por el 30/30 y las cartucheras. Los obreros y los habitantes de las grandes ciudades se regresaron simplemente a sus lugares de trabajo, pero no todos los mexicanos aceptaron ese cambio. El ejército logro derrotar a Orozco, no así a los zapatistas quienes siguieron en beligerancia por muchos años. La “bola” continuo. El problema fue que se tuvieron que desviar muchos recursos para esas campañas

Los generales del ejército federal con mando de tropas, cosa que no reconoce la historia oficial, se sintieron con muchos derechos y arrestos para aspirar a la presidencia, y amenazaron el estatus que. Uno de aquellos generales de nombre Victoriano Huerta egresado del Colegio Militar, urdió un plan macabro para apoderarse de la silla tan codiciada. Después de múltiples engaños y arreglos tras bambalinas en donde incluso intervino la embajada de Estados Unidos, lograron derrocar a Madero y a su vicepresidente Pino Suárez. Bajo una simulación, los pusieron presos para después asesinarlos cobardemente y así hacerse del gobierno bajo las sombras de la traición. Algunos gobernadores reconocieron al usurpador, no todos. El gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza lo desconoció y se aprestó a luchar contra esa imposición, a la postre lograron derrocarlo y don “venus” como le decían, convocó a elecciones en las cuales el salió triunfador. A partir de aquí la revolución, inició lo que llamaremos segunda etapa que concluye con la proclamación de la constitución de 1917.

Se suponía que México tenía que entrar en una era de reconstrucción después de la revuelta, pero no fue así. La guerra civil, hermano contra hermano se intensificó. Llegaron los sonorenses con Álvaro Obregón, siguió Elías Calles, Obregón mañosamente manipuló la constitución para reelegirse pero fue asesinado por un extremista católico. Cada uno de los caudillos quería de una u otra forma perpetuarse en el poder. De hecho, don Plutarco lo logró a través de Emilio Portes Gil; Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez, lo conocimos como “el maximato”, el poder tras el trono. Llegó don “tata” Lázaro Cárdenas y todo cambió, a Calles, Cárdenas lo subió en un avión Ford Trimotor de American Airlines y lo mandó a Los Ángeles para que lo dejara gobernar en paz.

Cárdenas fue un verdadero populista, lo aceptemos o no, repartió millones de hectáreas de tierra a los campesinos, y, por supuesto nacionalizó el petróleo, el cual se suponía que ya era nuestro, pero por problemas con las compañías extranjeras Cárdenas expropió todo. Nació Pemex y hasta ahí llegó el corrido para nuestra desgracia. El petróleo es propiedad de nosotros, pero pagamos las gasolinas más caras del mundo. Lo anterior tiene una explicación, pero escapa al enfoque que llevamos.

La revolución llegó y se fue. Todo siguió igual en el campo mexicano. Por dar unas cifras: durante el periodo de 1906 a 1910 la cosecha de cereales fue de 3, 500,000 toneladas. Años después, en 1936 con todo y flamante reforma agraria de don “tata” Lázaro se cosecharon 1, 500,000 toneladas, ¡menos de la mitad que con don Porfirio! las cifras ahí están en el libro de Jean Meyer: “La Revolución Mexicana”. En las ciudades se habla de que durante el periodo entre guerras mundiales hubo un “milagro mexicano” pero nadie sabe qué fue eso. ¿Estamos mejor que en 1910? Tal vez, pero no mucho, al menos aquí en México. Hoy tenemos celulares, flamantes vehículos, aviones veloces, increíblemente la misma cantidad de kilómetros de vías férreas de la época porfiriana, cuánto inútiles, ya que están abandonadas.

Eso es lo que Obrador llama la tercera transformación, pero ya le demostramos que no hubo tal. Obrador tiene tres obsesiones en su vida, una de ellas es el rescate de Pemex. Los especialistas le recomiendan que no desperdicie recursos frescos en un barril sin fondo, pero el señor no escucha razones, es más, tiene la intención mafufa de construir, contra toda lógica, una nueva refinería, ¿en dónde? En su estado por supuesto, y nadie lo va a detener.

Obrador dijo en su campaña que bajaría el precio de las gasolinas, pero hasta el día de hoy no lo ha cumplido, y por los vientos que corren ni esperanzas que eso vaya a pasar. La verdad no sé cómo va a justificar un aumento, pero lo va a tener que hacer, por que la economía no se le dio al pobre Obrador, ni mucho menos a su equipo de ineptos.

Siguiente obsesión: A fuerzas quiere recetarnos un “tren maya” que no sabemos de dónde lo va a sacar, él dice en sus necedades que no nos va a costar casi nada, que nos va a salir casi gratis, con tan solo portarnos bien, eso sin contar el enorme daño ecológico que le va a infringir a un medio ambiente de por sí muy delicado.

Y la tercera obsesión por conocida no quisiera ni repetirla: El plan de consolidar tres aeropuertos para solucionar el problema del congestionamiento del actual aeropuerto de la ciudad de México va a ser un verdadero fracaso que nos va a costar carísimo a los mexicanos cuando termine el experimento caprichoso. Según Obrador y sus ineptos, tener un montón de pistas desparramadas por el valle de México es mejor que tener un solo aeropuerto con varias pistas, pero más funcional y moderno. Me han dicho varios viajeros que el actual AICM ha entrado en una etapa de detrimento muy grave tanto en servicios en tierra como en demoras para llegadas y salidas, tal parece que las autoridades lo tienen abandonado, no obstante tener las intenciones de, según Obrador, construirle otra pista más ¿en dónde fregados, señor presidente? No hay espacio para crecer, si le han dicho otra cosa le mintieron, bien dice el dicho que cuando el lobo quiere tener razón, pobres corderos.

Si no tenemos suficientes problemas, hay que inventar más.

El affaire Bolivia.

Quiero suponer que a Bolivia, Obrador también la quiere convertir en parte de su cuarta transformación trasnochada o se están ayudando entre ellos. ¿Qué diablos andamos haciendo inmiscuyéndonos en los asuntos internos de otro país? Él mismo lo pregona una y otra vez: “el respeto al derecho…bla…bla…bla”. ¿Y quién es el primero que mete las narices en Bolivia? ¿No es eso una enorme contradicción? ¿No fue suficiente con enviarle un avión militar a rescatar al señor Morales y traerlo a México para hacer el ridículo? Ahora nos sale la cancillería mexicana que tenemos asilados en la embajada de nuestro país a varios ciudadanos bolivianos buscados por la justicia y amenazan con no dejarlos salir. Bonito brete en el que nos metieron nuestros ineptos funcionarios.

Algunos ciudadanos bolivianos ya le dijeron “hasta de lo que se va a morir” a Obrador (diablo, corrupto y cobarde), pero ya saben la respuesta: “él no va a entrar en discusiones, ni caer en provocaciones” pero tampoco va a soltar a los prófugos de la justicia. Por lo pronto nuestra embajadora en La Paz, Bolivia fue declarada “persona non grata” y ya salió como cohete chino de regreso a México. Nuestro gobierno no sabe qué hacer para solucionar ese asunto en el que ellos mismos se metieron. Su nerviosismo es evidente, un día nos dicen una cosa, al otro día cambian de opinión, luego sale Obrador a desmentir a sus funcionarios, total esto ya se convirtió en el MO (modus operandi) de este gobierno que rápidamente se ha convertido en un circo de mentirosos.

Hasta la publicación de estas líneas las relaciones siguen congeladas entre ambos países, solo intercambian lo indispensable. El problema con Bolivia se lo debemos exclusivamente a “pañuelito blanco”, él nos metió en ese broncón sin haber ninguna necesidad. Ahora que él lo arregle… si puede.

Mientras tanto, sigamos pagando felices de la vida los costos de los aviones presidenciales que no han podido (nadie los quiere) ser vendidos o rematados al mejor postor, por la necedad presidencial ahora no encuentran la salida, otra más de las trampas auto impuestas, y nada vale, como dicen en Monterrey, si Obrador pagara sus caprichos de su bolsillo fuera más mesurado.

Gracias por la fina costumbre de leer. Saludos.

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