EN PRIVADO / *Los 4 Jinetes del Apocalipsis

Por Dionicio LARA

Con la recalcitrante postura, obstinada y sistemática que ha adoptado el presidente mexicano, tal cual lo dejó muy claro desde sus inicios al señalar: “Soy terco, es de dominio público, necio, obcecado”. Y esta otra: “Con esta misma convicción actuaré como Presidente de la República, con terquedad, con necedad, con perseverancia rayando en la locura de manera obcecada”. Sin embargo, fue del agrado de los mexicanos cuando dijo: “Ofrezco seguir actuando con los principios de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.

Lo cuestionable de todo lo anterior es que lamentablemente desoye a los expertos. Y al hacerlo podría, en un corto o largo tiempo poner en riesgo las sanas finanzas que le heredaron, y con ello también la conducción del país.

Porque un verdadero adalid, un estadista, un guía -sinónimo de caudillo-, es aquel que verdaderamente ama a su gente y quiere lo mejor para su pueblo. Por tanto, para darle la satisfacción a sus seguidores y representados, antes de tomar decisiones a la ligera, debe necesariamente aceptar la asesoría de los especialistas y escuchar el consejo de los experimentados.

De no ser así, la conducción de un país se pierde por los caminos de la inestabilidad, la vacilación, la inconstancia. Y a la postre, se sufren las consecuencias; tal como hoy está ocurriendo con el Maduro de Venezuela, el Ortega de Nicaragua, el Díaz-Canel de Cuba, y el proscrito de Bolivia que ya tenemos con mesa servida en casa.

Con esta introducción, no pretendo salirme de mi tema de hoy, que está relacionado con los Salarios Mínimos. Y cuyo tema lo empato al decir que esa intención del presidente de aumentar el Salario Mínimo, pudiera ser sana y positiva, siempre y cuando solo sea vista desde el punto de vista del trabajador, mas no de los empresarios, de los patrones, o de los expertos.

¿Por qué? Porque si no hay previsiones con anticipación, puede traer graves consecuencias, como pudiera ser un decrecimiento de la actividad económica, con riesgos -incluso- de caer en una recesión al verse lesionados algunos factores de la productividad de los bienes y servicios del país, que -afortunadamente- hasta la fecha, la tasa de variación anual del PIB ha sido un tanto positiva en México.

Y es que, no podemos soslayar que normalmente, un retroceso económico va acompañado de un crecimiento de las tasas de desempleo e inflación. Luego entonces, se considera que un país entra en recesión cuando su producto interior bruto (PIB) desciende durante al menos tres trimestres consecutivos, lo que, por fortuna, no sucede en este momento, pero puede suceder.

Nada menos, hoy por hoy, cuatro grandes economías mundiales están en riesgo de recesión, y solo se necesita un pequeño empujón para echarlas al voladero. Una de ellas la economía británica, otra es la italiana; lo mismo que la economía de Brasil; y por último la alemana, considerada la cuarta economía más grande del mundo.

Pero curiosamente, México también estaba en riesgo. Y justamente en agosto de este año, apenas acaba de librarse de una recesión.

En otras palabras, los expertos opinan que un salario mínimo puede incrementarse hasta donde quiera el presidente; y hasta donde lleguen los acuerdos de quienes integran la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, que “si les da la gana pudiera ser de hasta mil pesos diarios”.

Añaden los expertos que: “en efecto, cualquier patrón lo pagaría; sin embargo, las consecuencias que serían terribles, las pagaría el pueblo. Y no es para menos, pues tras ello se viene una escalada de precios de productos, bienes y servicios, además el gobierno se obliga a emitir más circulante y tras eso, nuestra moneda tiende a devaluarse”.

Y reafirman que un incremento salarial desfasado, provoca desempleo y fomenta el trabajo en negro, que es conocido como uno de los flagelos mayores de nuestra sociedad. Toda vez que un trabajador en negro es clasificado como un trabajador ilegal que por tanto carece de la protección de la Seguridad Social, que por tanto no tiene ni Obra Social, ni seguro de riesgos del trabajo.

En síntesis, mientras los defensores de uno y otro lado discuten sobre las consecuencias nefastas para la economía o que es un apoyo para la clase obrera, los economistas creen que los efectos suelen a veces ser insignificantes, pero otras veces de gran impacto, dependiendo del incremento porcentual que se otorgue y de las estrategias que se adopten.

Uno de los principales argumentos que se advierten en contra de aumentar el salario mínimo, es que los salarios más altos aumentan los costos operativos de las pequeñas empresas, tanto que provocan suficientes quiebras para contrarrestar los beneficios de aumentar el salario mínimo.

Y para contrarrestar los salarios altos de los empleados, las pequeñas empresas necesitan subir precios de bienes y servicios. Lo que conlleva a una reducción en ventas, disminución de ingresos y rentabilidad más baja. Es decir, con menos dinero para gastar, tienen que disminuir o eliminar las mejoras de capital, las nuevas contrataciones, e incluso el servicio de la deuda y la producción.

Sin embargo, los defensores del Salario Mínimo afirman que la existencia de un salario mínimo es un instrumento positivo, y eficaz en la lucha contra la explotación laboral, ya que refuerza la posición de los trabajadores que de otra forma tendrían dificultades a la hora de negociar sus salarios, reafirmando al mismo tiempo que un Salario más elevado contribuiría a aumentar la formación de capital humano y a reducir la temporalidad, ya que los empleadores suelen estar más abiertos a invertir a largo plazo en los trabajadores que tienen remuneración más elevada.

Ahora bien, no olvidemos que la inflación generada acumulada en México, en este 2019, si bien es cierto es de las más bajas en las últimas dos décadas, y que de cualquier manera el BBVA México, prevé que la inflación continuará evolucionando favorablemente y que se mantienen sin cambios las previsiones para 2019 y 2020, los riesgos siempre están latentes.

Y ya para concluir, lo que tampoco podemos olvidar los mexicanos es aquella crisis económica que registró México en 1994 y que fue una crisis iniciada y provocada por la falta de reservas internacionales, que incluso, provocó la devaluación del peso mexicano durante los primeros días de la presidencia de Ernesto Zedillo.

Menos olvidar que precisamente al inicio del proceso de devaluación de la moneda mexicana, el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, solicitó al Congreso de su país autorizar una línea de crédito por $20 mil millones de dólares para el gobierno mexicano, que le permitiera garantizar a sus acreedores el cumplimiento cabal de sus compromisos financieros denominados en dólares. Y lo que por cierto en el contexto internacional, las consecuencias económicas de esta crisis se denominaron “Efecto Tequila”, mientras en México se le conoce como el “Error de Diciembre”, frase acuñada por el expresidente Carlos Salinas de Gortari para atribuir la crisis a las presuntas malas decisiones de la administración entrante de Ernesto Zedillo Ponce de León y no a la política económica de su sexenio.

Luego entonces, el presidente Andrés Manuel López Obrador, si determina y acepta mirarse en el mismo espejo de los cuatro jinetes del Apocalipsis, debe ser previsible y conciliador, y por sobre todas las cosas, escuchar la opinión de los expertos. Esto es si quiere evitar que el país se le caiga de las manos.

Cuestión de tiempo.

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