De ballenas y sal

Emilio Arce Castro


Hace pocos días, al leer el argüende que se traen acerca de la creación de un nuevo municipio en el sur de la península, vino a mi memoria otra situación vivida allá a finales del siglo pasado, en 1999, que una calentura similar se hizo epidemia entre “la clase política” del norte del estado, cuando se pretendía la formación del municipio de Guerrero Negro. Bueno, allá era otro rollo.

Recuerdo claramente que se daban ciertas condiciones (en la mente de algunos) que podrían hacer que esto acabara de manera benéfica para los habitantes del municipio de Mulegé, ya que se cocinaba el establecimiento de una nueva salinera en la zona de los médanos en los llanos amarillos a escasos kilómetros de Punta Abreojos. En ese tiempo se hicieron cientos de estudios por parte de la comunidad científica de Japón, de la UNAM, del CIBNOR, de la UABCS y muchas prestigiosas mentes científicas, que dieron como resultado un altísimo porcentaje de éxito productivo y económico a nivel mundial, ya que el terreno en los llanos amarillos reúne, y todavía está allí firme, sólido, las condiciones para la siembra de sal solar, con lo que nos convertiríamos (dijo la mosca) en el país con la salinera más grande del mundo.

El mencionado terreno (cientos de hectáreas), cuenta con una base de sal petrificada que impediría que el agua salada que se vierta sobre ellos (previa construcción de muros de arena, que son los que forman los llamados vasos), se consuma en el subsuelo y en lugar de ello el agua se evaporará por la acción del sol, quedando al final bloques de sal pura, tal como sucede en los aledaños, precisamente en la laguna Ojo de Liebre, en la salinera de Guerrero Negro.

Recuerdo con mucha claridad que en ese tiempo, los puros impuestos que generaban la Exportadora de Sal y Transportadora de Sal (porque el negocio es millonario y redondo: vender y transportar la sal desde aquí hasta donde se encuentre el comprador) equivalían a más del 70% de las aportaciones federales anuales para nuestro estado. Los puros impuestos sobre las ventas y transportes, que en ese tiempo eran el 10%, daban para casi el presupuesto estatal de todo un año; del resto de los ingresos de la venta del producto en sí y su transporte, el 49% de la ganancia se iba a Japón y los otros 51% iban a parar directamente a la caja chica, o partida secreta del presidente en turno.

Oficialmente, Exportadora de Sal no cuenta ni siquiera como industria paraestatal, creo que por aquello de la opacidad del destino del dinero… En los estudios de impacto ambiental resultaba negativo el daño ecológico ya que esa zona era considerada un páramo desértico, y las posibilidades del macro ingreso económico superaba las expectativas, ya que, en ese tiempo, Mulegé era uno de los municipios más olvidados por los gobiernos locales y con sus excepciones en ciertas áreas, la pobreza campeaba en toda esa geografía. Las cuentas alegres iban y venían. La nueva salinera “Llanos Amarillos” le correspondería al municipio de Mulegé, y la Salinera Ojo de Liebre le tocaría al nuevo Municipio de Guerrero Negro. La moneda estaba en el aire. No faltó quien se diera cuenta de lo que se avizoraba y empezaron a llegar a nuestro estado voces en defensa del entorno, entre ellos Homero Aridgis, poetizo que hizo del nuevo proyecto su bandera y en cuanto foro le prestaron el micrófono habló pestes de la nueva salinera y la masacre en ciernes de ballenas, patrocinado por Green Peace, of course.

El rata de Jorge Emilio González, el “Niño Verde”, fue otro que sacó tajada política manifestándose absolutamente en contra de la expansión salinera de nuestro estado. John F. Kennedy Jr. voló hasta estas tierras en su avioneta para pronunciarse también en contra del supuesto ecocidio (lo que nunca dijo fue su familia es accionista de la salinera más grande del mundo, claro, si sumamos el total de salinas que tienen desparramadas por todo el mundo). De aprobarse la creación de la nueva salinera, Guerrero Negro-Llanos Amarillos sería la productora de sal más grande del mundo ubicada en una sola zona geográfica. Con la sal se fabrican teléfonos, computadoras, mesas, envases, y todo lo imaginable. Se deshielan calles, se conservan cosas, y el consumo comestible es sólo una parte infinitesimal de su aprovechamiento.

Bueno, el caso es que me tocó ser parte de ese proyecto con la elaboración y difusión de una revista tipo cómic donde hablábamos de una manera sencilla del proyecto salinero y de su nulo impacto en el entorno. Los científicos abocados a la investigación, fueron contundentes en la conclusión de que no habría impacto ambiental negativo, pero al modo corrupto, el presidente Ernesto Zedillo por decreto presidencial, ordenó que no se instalara la nueva planta productora de sal en nuestro estado. El proyecto del Municipio de Guerrero Negro, como daño colateral, también cayó a consecuencia del decreto de marras. Las condiciones, el terreno, el mar, los estudios, la gente, la experiencia, los probables clientes y todo lo necesario para la creación de una nueva salinera ahí están, es cuestión de echarle ganas (y si se puede, de pasadita, que también se decrete la no creación del nuevo municipio. #SalinerasíMunicipiono!). Como decía mi nana: “El dinero está en tu espinazo, mijito. Súdalo y solito caerá a tu bolsillo, mijito…”

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