Alegoría del diente de león

Francisco Javier Lino Briones

“…es tomar la flor por el tallo y soplar y soplar hasta que caiga la última de las cípselas al suelo de donde fue cortado”.

¿Cómo se debe describir a un hombre como él sin caer en la omisión, pero recordando también que “el que la agrega a la verdad, le quita?” Físicamente podemos decir que contaba con lo necesario para llegar antes que todos a sus compromisos e irse como un buen anfitrión, al último. Antes del cuadro de salud que nadie quiere, pero que a él le llegó a la víspera, análogo al mejor atleta en su espacio, corrió y llegó a sus propósitos; saltó por encima de sus obstáculos; e impuso la fuerza necesaria para levantar y consolidar el proyecto que allanaría el camino para que en su alteridad cristalizáramos los propios, desde cualquier trinchera enlazada a la educación.

“Quedamos de acuerdo…

lo dejé tomando.

Yo, yo encendí un recuerdo,

y me lo fui fumando…”

Jacinto Cenobio (fragmento), Cantado por Claudia Maribel

Quise buscar en las fuentes tradicionales para indagar sobre el cómo se auto-construye una persona como Sergio Quiroz Miranda, pero no hizo falta para redactar este escrito que busca honrar su obra, pues los doctores Marco Raúl y Luis Bonilla propusieron hacer una especie de café literario el martes inmediato posterior a su partida, al que se invitó a participar y a presenciar a quien quisiera (un docente siempre tiene algo qué compartir: una experiencia, un escrito, un poema, un pensamiento o una canción) de los diferentes asistentes al doctorado en Pedagogía Crítica y Educación Popular. Así, nuestra compañera Leticia Gómez nos hizo reflexionar a todos con “Nene, qué vas a hace cuando seas grande”, que construyó precisamente en el espacio áulico de esa preparatoria Benito Juárez, que ha abrigado estos años al Instituto Mc. Laren. También cantó el profesor Jorge Duarte, quien llegó desde La Paz y pulsó la acústica guitarra acompañando su canción “A mi padre”.

Así, esas experiencias clarificaron la vida y obra de este emprendedor, amigo e iluminador de caminos.

“… Camarada.

Yo no sé si aún podré volver a verte

o si solo tengo cita con la muerte

¡Sé feliz! te dejo ya, que tengas suerte.

Mi camarada…”

Fragmento de “Camarada” (canción).

Los pasillos de este bachillerato se llenaron de docentes de muchos estados de nuestro país, quienes expectantes dejaron salir sus emociones al escuchar los motivos y el material de las participaciones de esa singular tarde, entre ellas la lectura de nuestro querido doctor Luis Bonilla, quien desde Venezuela viene año con año a su quehacer docente.

“Compañero, usted sabe

que puede contar conmigo

no hasta dos o hasta diez

sino contar conmigo…”

Hagamos un trato (fragmento).

Mario Benedetti.

Luego, Leticia Aguilar, cimbró nuestras almas con una aportación de su autoría:

“…La muerte debería de estar prohibida,

que cada quien se vaya cuando ya hizo vida,

la muerte debería ser opcional

porque siempre dejas a alguien que te necesita más…”

Y cómo no estremecerse con la lectura de Marco Raúl Mejía, Doctor, también escrito con “D” mayúscula, quien acertado como el cazador que tensa el arco y dispara la flecha precisa, nos regaló esto de Porfirio Barba Jacob:

“Hay días que somos tan fértiles, tan fértiles,

como en abril el campo, que tiembla de pasión:

bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,

el alma está brotando florestas de ilusión…

…Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,

como en las noches lúgubres el llanto del pinar.

El alma gime bajo el dolor del mundo,

Y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hoy también ¡Oh tierra! Un día… un día… un día…

En que levamos ondas para jamás volver…

Un día en que discurren vientos ineluctables

¡Un día en que ya nadie nos puede retener!

Canción de la vida profunda.

(Fragmento).

Nuestra maestra de ceremonias, Judith, luego de escuchar esa miríada de aportaciones dio las gracias anunciando el último número, en el que cantó nuevamente Claudia Maribel: “No es suficiente escribir, ni soñar, ni dormir… se necesita sentir…”. Yo tomé una flor de Diente de León y soplé sobre ella:

“Como al Doctor Sergio Quiroz Miranda, a quien el ineludible destino le ha arrebatado la vida, pero de lo que ha caído al suelo pródigo, las cipselas, renacerán magníficamente multiplicadas dando origen a nuevos entes para las generaciones venideras. El misterio de la vida”.

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