Trazos y Retazos / Epostracismo

César de Jesús Ortega salgado

Temprano al levantarse, Rosa vio que su recibo domiciliario de “luz” se vencía al día siguiente de este radiante y caluroso mes de agosto paceño, que marcaba apenas 24 grados centígrados a las siete de la mañana; después de hacer lo propio antes de salir de casa como bañarse, vestirse, desayunar y hacer la correspondiente, así como necesaria coordinación de agendas con los integrantes de su familia, considerando que durante los periodos vacacionales se modifican los usos y costumbres cotidianos.

Ya marcando los 32 grados centígrados antes de mediodía, dejó en un estacionamiento su carro para caminar al banco y disponer de dinero en efectivo para pagar a la CFE y quedarse con algo para los imprevistos de fin de semana, considerando que era viernes.

Rosa, había nacido y crecido a pocas cuadras del malecón paceño y por tanto esta zona, formaba parte de su estilo de vida al caminarlo o transitarlo en cuanta oportunidad se le presentaba, que este soleado día; por lo que de regreso a su carro, decidió hacerlo caminando con vista al mar, lo cual siempre resultara altamente recomendable y relajante, pero no solo fue el recorrido, sino que para hacerlo con mayor intensidad se quitó las sandalias que calzaba, para caminar por la blanca y limpia arena favoreciendo la relajación.

Y en eso estaba Rosa, prestándose atención al propiciarse un efecto sedante que liberaba estrés, que en ocasiones cargamos y pocas veces notamos, pero menos aceptamos, cuando sintió las refrescantes virtudes del agua de mar que alcanzaban sus pies, para enseguida notar una gran variedad de algunas dispersas y pequeñas piedras redondeadas por el rítmico ir y venir de las casi imperceptibles olas de nuestro mar bermejo al atardecer de cada día, cuando también se percibe el refrescante viento pirata del “Coromuel”, que durante los meses de verano es mayormente valorado cuando se rondan los 40 grados centígrados, llegando desde el sur o el suroeste a última hora de la tarde para permanecer durante el horario nocturno, empezando el descenso del termómetro.

Ella levantó una piedra no mayor a una cuarta parte de la palma de su mano y la observo cuidadosamente, recodando tantos momentos felices que se resumían en una simple piedra, cuando en compañía de amigas y primos, hacían competencias en las que lanzaban piedras a la superficie del agua haciendo “patitos” o “sapitos” y ganaba el que más rebotes conseguía antes de que se sumergiera; luego supo que este pasatiempo se llama epostracismo, una palabra de origen griego, del prefijo epi- (sobre) y de ostrako (concha).

¡Inevitablemente e imaginariamente rodeada de sus recuerdos, instintivamente lanzó la piedra!

Conservando una bella sonrisa que encerraba no solo los recuerdos, sino revalorando las cosas buenas de lo que tenemos a nuestro alcance tangiblemente y también lo impalpable.

Continuo Rosa su recorrido de regreso y recordó que, en este malecón paceño está una escultura del explorador marítimo Jacques-Yves Cousteau, que con sobrada razón llamó el acuario del mundo al Mar de Cortés, declarado como una zona natural protegida y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, debido a su gran biodiversidad concentrando cerca de la mitad de los mamíferos marinos conocidos, así como el setenta y cinco por ciento de los que habitan las costas y mares mexicanos, representando el avistamiento de tiburones ballenas, tanto solo una de las atracciones más conocidas e impresionantes que puedes hacer en La Paz.

Rosa como residente permanente de La Paz, aunque apreciaba el malecón y sabía perfectamente que es la generadora de la primera impresión los turistas, pero socialmente es muy importante por ser el espacio más visitado por las familias sudcalifornianas.

Estaba de vacaciones y su salida de casa había sido para ir a pagar la “luz”, que desde luego le ocasionaba preocupación y enojo por los altos costos, ahora potencializado por los daños que le habían ocasionado los imprevistos “apagones” en el suministro de energía eléctrica, al haber dejado de funcionar su refrigerador; pero este tema por ahora lo pospondría al decidir disfrutar con su familia y amistades una bella ciudad, antes de que en una de esas, los tiempos de incertidumbres actuales, terminen por quitar nuestros mejores momentos que podemos construir ahora.

Esa tarde Rosa de regreso en el malecón paceño, rodeada de recuerdos y con toda su familia, de frente a la bahía de La Paz teñida de un brillante color bermejo, con los vientos del Coromuel acariciando su rostro, sumergidos sus pies en el agua de mar, lanzó nuevamente piedras a la superficie del agua haciendo “patitos” en la competencia familiar, que no ganó ante la destreza epostracista de uno de sus nietos, revalorando lo verdaderamente importante de unas vacaciones sobre lo urgente de una realidad, más catastrofista de lo que puede resultar ser.

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