La escritura, una actividad integrada a la vida jesuita

Sealtiel Enciso Pérez

En la actualidad, la mayor parte de la información que se tiene sobre la forma de vida de los naturales de la California, de su medio geográfico, su flora y su fauna, provienen de los textos que nos legaron los Jesuitas, y muchos de los cuales en la actualidad, han sido compilados en libros y antologías. Si bien es cierto que en un principio el propósito de los escritos era dar a conocer a sus superiores las vicisitudes cotidianas en las Misiones, con el paso del tiempo se transformaron en instrumentos multifuncionales para la Orden así como para la Corona Española.

Sobre los orígenes de La Compañía de Jesús o “Societas Jesu”, la Mtra. Nylsa Martínez Morón, nos relata lo siguiente en su libro “LA CALIFORNIA DE BAEGERT. Una aproximación sobre Noticias de la península americana de California de Juan Jacobo Baegert”; “fue fundada en 1539 en Roma por Ignacio de Loyola junto con otros miembros y aprobaba en 1540 por el Papa Paulo III. Esta orden religiosa católica desde su inicio fue concebida como una organización de corte militar en cuyo sentido alegórico sus integrantes eran -soldados- que iban al campo a librar una batalla contra lo Maligno. El principio de -movilidad- que los caracteriza se enuncia como sigue: Si ha de procederse buscando el mayor bien común y escogiendo los lugares de mayor concurso, entonces la Compañía de Jesús debe ser tan móvil y flexible que pueda emplear sus fuerzas según las necesidades materiales y espirituales”, lo cual implica una disponibilidad resuelta para trasladarse a los sitios más remotos con el fin de cumplir su misión en obediencia al Papa”.

Para finales del siglo XVI, los integrantes de la compañía de Jesús se encontraban diseminados por muchos territorios del mundo, entre ellos China y Japón, por lo que el uso de la escritura se hizo imprescindible. El propósito de sus cartas fue doble: por un lado para compartir la información sobre lo que sucedía en los lugares en que se encontraban y, por otro el facilitar a sus superiores un mayor control sobre la Orden, sus establecimientos y sus subordinados. El investigador en historia Federico Palomo comenta: “… la Compañía de Jesús supo establecer enseguida un complejo sistema de circulación de la información, que, con el recurso sistemático a la carta, serviría de base y, al tiempo, sería reflejo de una importante y relativamente eficaz máquina burocrática y administrativa. Junto a catálogos de religiosos, capítulos de visitas, reglas, instrucciones o avisos, las letras misivas, en la variada tipología que usaron los jesuitas (de gobierno, edificantes, cuatrimestrales, anuas, etc.), se convertirían en una pieza fundamental del funcionamiento institucional de la orden”.

A la llegada de los jesuitas a la California y con el establecimiento del primer enclave duradero en la península en el año de 1697, se iniciaron los escritos y envíos de los mismos de forma más o menos frecuente al interior de las misiones que se estaban fundando así con las diferentes regencias de estos sacerdotes en el Noroeste de la Nueva España. Interesante resulta retomar lo que la investigadora María Eugenia Patricia Ponce Alcocer construye sobre esta correspondencia: “San Ignacio insistió en que debía haber intercambio de información entre los misioneros, además, con el propósito de salvaguardar la unidad de la Compañía instauró la correspondencia frecuente, el epistolario misionero, por la que cada uno informaba de sus propios trabajos y era informado del de los demás […] Estas cartas tuvieron una función biográfica y apologética; fueron textos escritos para exaltar las virtudes humanas de los miembros de la Compañía puestas al servicio de Dios, y debían ser un ejemplo para sus integrantes. Al fallecer el jesuita, su vida ejemplar debía difundirse […] se enviaban copias a los demás, con la intención de que se imitaran sus virtudes; en estos casos, la carta principal pasaba a llamarse carta edificante”.

Entre los jesuitas que estuvieron en la California y que dejaron una buena cantidad de escritos fueron Juan Jacobo Baegert, Miguel del Barco, Francisco María Piccolo, Juan María de Salvatierra, Wenceslao Link, Juan de Ugarte, Clemente Guillén, Jaime Bravo, Juan Bautista Copart, entre muchos otros. Aunado a los anteriores destacan Francisco Javier Clavijero y Miguel Venegas, los cuales a pesar de nunca haber estado en la California lograron reunir una gran cantidad de cartas y documentos elaborados por sacerdotes que sí estuvieron en estas tierras y con ellos formaron antologías que fueron distribuidas a manera de libros entre los curiosos europeos.

Luego entonces, no es por azar o fortuito que gran información de la colonización de la California proceda de las bibliotecas de los Jesuitas, sino que gracias a ese afán organizador y previsor de la orden es que en función de su trabajo cotidiano se pudieron tener maravillosos relatos de cómo era la California que encontraron a finales del siglo XVII y durante la mayor parte del XVIII.

Bibliografía:

LA CALIFORNIA DE BAEGERT. Una aproximación sobre Noticias de la península americana de California de Juan Jacobo Baegert – Nylsa Martínez Morón

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