Fallas de origen

Emilio Arce Castro

Brusco amanecer. No tenían una idea clara de que estaban viviendo esa realidad; abren los ojos amodorrados y con la cruda cuata a cuestas y los ojos lagañosos se descobijan bostezando, estiran la mano palpando a ciegas en el buró buscando algo que aún no saben qué es, que suponen que todavía está allí, a su alcance. Alguien recorre las cortinas, y con el sol golpeándoles la cara de golpe, se dan cuenta, por fin, encandilados, que el festín se terminó. Que ya es lunes, que les cambiaron de supervisor en el trabajo, que la nuevísima oportunidad que ellos y su mayoría de curules representaban de ser “ala derecha de la izquierda en el poder en el Congreso del Estado de Baja California Sur” voló como la contradicción misma.

Se la llevó el viento como cuando agarramos tierra en el puño y poco a poco la vamos soltando. Tierrita volada, decimos por acá. Y alguno de ellos hasta tendrá que caminar varias cuadras con la cruda a cuestas (a menos que madrugue) para conseguir estacionamiento porque en un arranque de protagonismo mediático lo donó el simple, sabiendo que no era de él, pero con la firme convicción de que todo les pertenece. Aún atolondrados, patalean como chamacos berrinchudos reclamando la golosina que tiraron al suelo y alguien se las ganó, y luego, como los cornúpetas ardidos de los corridos norteños ya hablan de traiciones, ultrajes y venganzas. Grave el asunto porque su labor de legislar pasó a segundo término y el de mujer despechada acaparó la plana. Nada de otro mundo. Algo parecido sucedió hace pocos años,  en la primera ocasión que tuvo Baja California Sur la oportunidad de votar. No existía el sufragio en nuestro estado ya que todos los gobernadores del estado eran impuestos desde el centro del país por el Presidente de la República. Por fin en 1976, después de largas luchas y reclamos por tener un gobernador nativo y con arraigo, que también fue la oportunidad histórica de instaurar en nuestro naciente estado una verdadera democracia de la que nos sintiéramos orgullosos, que fuera un ejemplo de democracia en este país, después del primer gobierno, en el primer relevo, se impuso el nepotismo: pesó más la cuestión personal que la observancia de la democracia, y el primer gobernador saliente le dejó el poder a su amado primo hermano y con ello la democracia recién instaurada, nuestra democracia, la de Baja California Sur, nació con fallas de origen. A partir de allí que no nos extrañe nada: todo lo demás no es nada nuevo. Ya no hay sorpresas, sino que nos sorprenden los sorprendidos.

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