Las niñas que les gusta el mar

Francisco Javier Lino Briones

No es mala suerte venir a Los Cabos y convivir en una tormenta; porque los visitantes esperan llegar para ponerse el traje de baño y meterse al agua, pero ellas no. Tuvieron qué soportar el vendaval que imponente se dejó venir desde los mares del sur del país. El agua caliente “jaló” una tormenta y no dejó disfrutar a nuestras visitantes de las bondades que solo los mares de Baja California Sur pueden generosamente otorgar. Pero no es mala suerte porque hasta eso, puede ser una aventura.

Y no hay fecha que no se llegue y plazo que no se cumpla. Como suele ocurrir, luego de una jornada de exprimir trapeadores y trapos (ellas no, su mamá y Astrid) llegaron finalmente a una mar que ya estaba quieto y limpio, pues la tormenta no “ensució” esas aguas con los desechos que la humanidad deja en los arroyos allá, más arriba de la zona marítima.

Aunque ya lo conocían, al verse frente al quieto océano que acaricia la playa “Coral Negro” mejor conocido como “La Empacadora”, se embelesaron y antes de escuchar instrucciones para meterse, ya tenían en sus pies las caricias que solo el mar de junio puede dar ¡Y qué suerte! un mar limpio, cristalino y quieto ¿se puede pedir algo más? Ungidas se dejaron acariciar por las aguas de la Bahía de Cabo San Lucas.

Peces por sus pies que pasaban inadvertidos por ellas y miraron la energía desbordada por el gusto de saber nadar y estar al mismo tiempo cuidadas por los jóvenes del CET Mar 31, quienes ese día estaban de práctica en playa.

A mí me gusta el mar porque me divierto nadando-, dijo Kaori.

A mí me gusta el mar porque hay arena-, dijo Sayuri.

Por la razón que sea, ellas están de vuelta, y ya son tres veces las que con gran esfuerzo de Yuko, su señora madre y Astrid, la abuela que no le gusta que le digan abuela, hacen para juntar lo necesario y venir a esta comunión con el entorno de las playas de Cabo San Lucas y de los paisajes que solamente tenemos en los alrededores de la “Sierra de la Laguna”, anchurosa en la península como ella sola; pues en algún momento han visitado “La Ramadita”, del compadre Chava “Coyote” y el rancho “La Sabanilla”, de Santiago Zumaya.

Pero regresando al mar. En esta ocasión, pues ya son tres veces que nos visitan, en un lunes de julio las niñas que les gusta el mar se metieron nuevamente al mar. Éste las acariciaba y ellas lo disfrutaban. Pero para el martes se tuvieron que ir al “Tule”, pues aunque el huracán “Bárbara” estaba a mas de 2000 kilómetros de la costa, su efecto se dejó sentir en estas costas.

Pero el mar también se disfruta con el sentido de la vista. En la playa “El Tule” olas atípicas de gran altura e intensidad llegaban a la orilla pero, antes de esto eran formadas por esa fuerza que llegaba allende el mar y aunque las niñas no podían meterse, disfrutaron viendo a los osados surfistas que encontraron en el océano bravío su razón de ser. El motivo de haber elegido esa actividad que es para espíritus libres. Alguien tomó una ola y se desplazó con maestría hasta antes de llegar a las rocas.

Sayuri y Kaori los vieron y caminaron sobre esa arena casi virgen. También así se disfruta el mar.

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