Existencia fracturada

CENTRO MOSUO

Por Mónica Camacho López

Inicia el séptimo mes del año; ya cruzamos la mitad del 2019. Con esta sentencia no se sabe si quien lo expresa celebra o se está lamentando, pudiera inferirse contenido esperanzador o desastroso, es en sí misma una expresión de incertidumbre.

Nuestra sociedad tiende a fraccionar todo; todo lo divide; tal pareciera que mientras más divisiones existen en la conciencia de una persona; mayor fuera su solvencia moral.

Hasta en el amor: “Te quiero como a un hijo”, “te quiero; pero como amigo”; “la quiere más que a su madre”… ¿Y si a su madre no la quiere en lo absoluto la referida persona? ¡Flaco favor conlleva la frase!

Nos han enseñado a dividir todo, a etiquetar a todos, a desperdiciar nuestro empeño en una multitud innumerable de intentos. A guardar distancia.

Brotan entonces en nuestra sociedad cantidad igual de incontables clasificaciones en la que como buenos miembros de la misma vamos acomodando a nuestra familia, a nuestros compromisos, nuestros amigos, siempre bajo la supervisión celosa de nuestros “valores”.

En la naturaleza, los miembros más exitosos de la misma, no son los que cuadriculan mejor su entorno; por el contrario, los seres vivos más exitosos de nuestro planeta son los que menos oponen resistencia a su entorno adaptándose al mismo.

Basta ver el nado raudo y juguetón del delfín, que con su figura hidrodinámica no tiene competidor en ese rubro. O también la tranquila imagen del albatros que pareciera estar suspendido en el aire; pero no hace otra cosa que fundirse con los elementos de su entorno.

El vuelo nocturno y sumamente silencioso del búho. El mundo maravilloso de los manglares; un universo de seres adaptados a su circunstancia.

No podemos diferenciar en el horizonte dónde termina una nube y dónde comienza otra. O en una desembocadura, dónde termina el río y comienza el mar.

La gran lección de la naturaleza es la unidad.

Una mirada al cielo nocturno en una carretera de nuestra Baja California Sur resulta categórica: no podemos dividir, clasificar; sin perder la maravilla del todo.

Para todas esas personas que transitan su vida clasificando y comparando, la desconfianza, el cansancio y sobre todo la amargura, serán sus frecuentes compañeras.

En la historia de la humanidad, los grandes emperadores y las organizaciones más despiadadas; en eso se han empeñado; en dividir.

Fomentar la división social garantiza la pérdida de rumbo; pero sobre todo; delata la falta de introspección.

Así como se funden los más de ochenta instrumentos musicales de una orquesta sinfónica para lograr un sublime pasaje: es saludable; nos hará más exitosos, cuando decidamos fundirnos con nuestro entorno, con nuestros compañeros, con nuestros anhelos.

Un solo cielo, un solo mar, una sola tierra; una sola humanidad.

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