EN PRIVADO / Revocación de Mandato

Por Dionicio Lara Lucero

No es necesario ser muy inteligente para darse cuenta que el más grande defecto de Andrés Manuel López Obrador, es que tiene una gran atracción por las campañas. Lleva seis; y con esa idea que le revolotea en su cabeza, y que no lo deja ni dormir: la Revocación de Mandato, serían siete.

Así es. Y para refrescar nuestra memoria habría que recordar que en las elecciones por Tabasco, en sus tiempos de priista (ya que fue maestro en el Instituto de formación política del PRI, y presidente del Comité Estatal priista), participó en dos ocasiones. Una vez lo hizo en la Ciudad de México, y a ello habría que sumarle sus dos competencias presidenciales.

Y con ese afán recalcitrante de hacer campañas, como la que pretende hacer nuevamente con la supuesta Revocación de Mandato, a mí en lo particular, me deja en claro que aparte de egoísta y arrogante, el presidente que nos tocó tener, es egocéntrico y narcisista. Y que no tiene absolutamente nada de sensibilidad. Esto último por tantos hechos que han ocurrido y donde ha demostrado su escasa sensibilidad. Y esas posturas no dejan de ser nocivas para un pueblo que espera confiado y ansioso una clara y positiva respuesta de su guía, que lo lleve por senderos de seguridad, de paz, de progreso.

Primero, porque el presidente, y su gente que lo rodea desde diversos cargos públicos, sigue perdiendo su tiempo en nimiedades, en tonterías. Y segundo, porque pecando de ciego y sordo, no oye ni ve la existencia de prioridades como el hambre, la falta de empleo, la violencia, la pobreza. Y que, frente a estos fenómenos, hay un pueblo que lucha desesperadamente por subsistir y salir de esa arena movediza en que lo ha metido la corrupción y la falta de sensibilidad de los políticos.

Y por supuesto que a leguas se nota que todo esto en su conjunto, son solo perversas cortinas de humo que buscan desviar la atención; mientras, tejiendo maldades y perfidias, los medios de comunicación se han prestado mediante la realización de coberturas mediáticas a fin de que, los objetivos que persigue el político de que se trate, se cumplan, tal como ha sucedido.

Cajas chinas pues, que en la mayoría de las ocasiones crean psicosis, y a veces hasta terror y miedo entre la población.  Pero al final de cuentas, repito, logran sus insanos objetivos.

Luego entonces, en su afán de hacer que el pueblo olvide aquellos problemas mencionados, o los deje momentáneamente por un lado, el presidente busca pasatiempos inventando distractores, a veces increíbles, como ya lo hicieron antes otros.

Para López Obrador un primer distractor lo fue la cancelación de la construcción del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco. Otro distractor fue lo relacionado a la venta del Campo Militar Número 1, que se encuentra en pleno centro o casi, de la Ciudad de México, que dizque para poder echar a andar la Guardia Nacional. Ya después vendría otro distractor, cuando buscó disculpas por la Conquista de México. Pero ha habido varios en apenas estos meses de su administración…

Recordemos aquí que Salinas de Gortari lo hizo, y muy bien con el “Chupacabras”. Una distracción que para muchos no dejó de ser parte de una teoría de conspiración del gobierno, pues se formuló la creencia de que el mítico monstruo en realidad fue “inventado” -previa paga- por los medios de comunicación para desviar la atención de la terrible crisis que vivía el país en materia económica (la devaluación de 1994), y política, en relación a los asesinatos de gente importante como el cardenal Posadas Ocampo, Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu.

Y hoy, con la revocatoria de mandato o referéndum revocatorio, que es un procedimiento por el cual los ciudadanos pueden cesar de su cargo público a un funcionario electo antes del término de su mandato, Andrés Manuel López Obrador, pone en práctica un nuevo distractor…

Pero un distractor que lamentablemente encierra muchos cuestionamientos, especialmente aquel donde muchos se atreven a opinar que lo que AMLO busca -a un futuro-, es la reelección. Por lo cual, y con justa razón, ya los senadores de oposición, la califican como una treta electoral del presidente.

Y es que, frente a su reciente elección, donde prácticamente avasalló, AMLO está plenamente seguro de que de que la gran mayoría de los ciudadanos votarán, efectivamente, porque continúe en el cargo. Y esa es la intención del presidente al pretender adelantar la fecha del referéndum, pues habría que acotar que su intención es hacerla el 21 de marzo del 2021.

¿Por qué? Porque aun cuando ciertamente son muchos los que ya están arrepentidos de haber votado por él, no son los suficientes para rechazarlo. Así es que tiene razón la oposición respecto a esperar, cuando menos, a la mitad del sexenio para poner en práctica, a través de las boletas electorales, la ya famosa revocación de mandado pretendida por AMLO.

Y es que todo conocedor de la política sabe que, aunado a ese gusto por hacer campañas, el Presidente pretende estar en la boleta para ser la figura central de la elección intermedia y de esta manera influir para que su partido, Morena, gane todo lo que pueda ese año, pues en juego estarán 300 diputaciones federales por el principio de mayoría relativa, 200 de representación proporcional, 13 gubernaturas y centenares de presidencias municipales. Y no está por demás decir que la intención de AMLO es que haya un efecto bola de nieve, como hubo entonces en el 2018 y por consiguiente que el voto a favor de Andrés Manuel López Obrador se traduzca en votos favorables para Morena en las elecciones de gubernaturas, diputaciones y alcaldías.

Quiere pues, mantener el gran apoyo que ya tiene hoy en la Cámara de Diputados, gracias a los resultados electorales de 2018 y lo fundamentalmente importante para él es contar con dos tercios de los votos favorables. Es decir, la mayoría calificada para lograr las anheladas reformas a la Constitución.

Incluso vale anexar que la operación electoral intermedia, estará dirigida a ganar todo el terreno posible en los estados y municipios, tomando en cuenta que, hasta hoy, Morena y sus aliados sólo gobiernan cinco de los 32 estados de la República. Luego entonces, el objetivo central es controlar, para 2021, la mayoría de los gobiernos estatales.

En síntesis, tomando en cuenta que el poder enferma, como lo demuestra actualmente en Nicaragua, Daniel Ortega; Evo Morales, en Bolivia; Nicolás Maduro, en Venezuela. Y muchos otros hipócritas que lo han hecho, como Fulgencio Batista y Fidel Castro, en Cuba; Anastasio Somoza Debayle de Nicaragua; Augusto Pinochet en Chile; Jorge Videla en Argentina; Alfredo Stroessner en Paraguay; Hugo Banzer en Bolivia; Alberto Fujimori en Perú; así como Francois Duvalier en Haití, que vale decir, este último país, tiene el triste honor de ser el país más pobre de América. Pero que, antes de llegar al poder, todos, absolutamente todos, como lo hizo también el nefasto Hugo Chávez, se desgarraban sus vestiduras en promesas hacia su pueblo. Y cada pueblo tiene las consecuencias de su paciencia, de su confianza, de su tolerancia.

Es por todo lo anterior que hoy digo: López Obrador, pretende indudablemente amasar aún más poder del que actualmente tiene. Entonces, la pregunta obligada es: ¿buscará reelegirse en 2024?

Sin embargo, no olvidemos que AMLO firmó un manifiesto a través del cual se compromete a no hacerlo, lo que sin duda les trae el sueño a muchos.

Pero, el beneficio de la duda queda en el aire: ¿cumplirá lo prometido y firmado?

Cuestión de tiempo.

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