Contaré una historia: mi historia con “Cucharita”

Luis Enrique Ojeda Molina

Cuando yo era niño, cursaba apenas el primer año de primaria en la escuela “Jaime Nunó”, que era el mismo edificio que ocupa en la actualidad la Escuela primaria “Francisco González Bocanegra”.

Se anunciaba que habría una función en la escuela, en la cual se presentaba un payaso de nombre muy curioso, se llamaba “cucharita”. Decían que haría magia y nos pondría a reír mucho.

Mi madre no me daba mucho para la escuela, así que empecé a ahorrar para poder comprar mi boleto.

Faltaban un par de días para la presentación, yo había ya reunido los 5 pesos de mi boleto y se lo pagué a mi maestro, una vez boleto comprado, lo puse en la bolsa de mis libros. Durante las clases sacaba el boleto una y otra vez, estaba muy emocionado pues solo había visto un payaso en el circo y en dibujos, saqué tantas y tantas veces el boleto de la mochila que poco a poco se fue desgastando y solo quedó un maltratado pedazo de cartón azul.

El día de la función llegó, estaba muy preocupado pues solo quedaban barbillas azules sin letras.

El espectáculo empezó con la aparición en escena de una dama muy guapa que anunciaba la entrada del payaso “Cucharita”, el cual llegó bailando mientras la presentadora le pedía que saludara correctamente al público y el no lo hacía.

Nos hizo reír, hizo magia y cerró la rutina con su muñeco que se llamaba “Pánfilo”, el cual también me hizo reír muchísimo.

Ese día “Cucharita” se quedó en mi mente, recordaba sus trucos, su muñeco y hasta como bailaba las pelotas del carey que le cantaba la bella dama.

Pasado un tiempo, mis hermanos y yo fuimos invitados a un festejo del día del niño donde vería de nuevo a cucharita.
Esta vez el contacto fue más cercano, pues al romper una piñata, los niños se desbordaron sobre los dulces que caían al piso, yo quedé abajo de ellos y al faltarme aire para respirar gritaba y lloraba desesperadamente, una mano tomo la mía y me rescató, al girar la vista vi que era “Cucharita”, el me sacudió un poco con una gorra, luego me abrazó tiernamente y me dijo: calmáte un poco, ya está todo bien, te daré un regalo y serás el primero en pegarle a la otra piñata.

Cuando llegamos a casa, le conté a mi papá con mucha emoción lo que había pasado.

Un buen día mi madre me dijo que nos mudaríamos a otra casa y así se hizo. Llegamos pues a una nueva colonia, recuerdo que fue una tarde y esa vez la noche llegó pronto, al día siguiente, un altavoz me despertó, se escuchaba muy cerca de casa, una voz anunciaba que ya habían llegado las tortillas, la leche y el pan, como buen niño curioso seguí el sonido y llegué a una pequeña tienda que se llamaba nada más y nada menos que miscelánea “CUCHARITA”.

Con mucha emoción entré a la tiendita esperando ver a “Cucharita”, atendía un señor alto de piel blanca y ojos azules, me dijo muy graciosamente -¿que va a llevar joven de los ojos azules? yo le respondí: nada señor, entré porque está tienda se llama como un payasito que conozco, entonces el me dijo –te haré una magia-, luego tomó un cubito de pollo, lo llevó a su otra mano y al cambiarlo de mano lo convirtió en una pequeña pelota de goma. Muy asombrado le dije ¡Usted es “Cucharita”!

Después conocí a Alejandro, uno de sus hijos con quién entablé una amistad y así entré a su casa, me di cuenta que la bella dama que acompañaba al payaso era su esposa, conocí también a todos sus hijos, el mayor de nombre Juan Carlos, a quien llamaban “Yony”, luego estaba Alejandro que no diré su apodo porque ya no le gusta, también está Natalia “Naty”, quien ahora dice que soy su hermano postizo y otros dos que en ese tiempo eran los peques de la casa Ulises (a) “El Bebé” y la pequeña Wendy a quien cargaba yo en brazos para llevarla a donde jugaba con sus hermanos.

Por petición mía don Yony (Cucharita) me enseñaba a hacer trucos de magia y algo de ventriloquia. Y así crecí junto a sus hijos.

El tiempo pasó y ya siendo yo adulto, me sentaba por las mañanas en un pequeño café y platicaba largamente con mi amigo Cucharita, me daba tips para mí show, puesto que fue tanta su influencia en mí que me dediqué al show como él. Me contaba historias y compartió conmigo muchos de sus secretos que siempre guardaré.

Un día 24 de abril de 2017, Cucharita partió a un viaje sin retorno, dejando a sus hijos y a mí una gran herencia que es el amor por el trabajo y la unidad en familia.

Ya no está, pero seguirá vivo en sus hijos, en mí y en cada uno de los que rieron de niños con él y disfrutaron de su gran talento y calidad humana. Te recuerdo con mucho amor mi querido “CUCHARITA”.

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