¿Fue prudencia? o ¿falta de claridad y apoyo?

Olgafreda Cota     ofcota@prodigy.net.mx

Humillante situación la que vivieron en días pasados once soldados del ejército mexicano en La Huacana, estado de Michoacán. Fueron sometidos, maltratados, humillados y desarmados por los pobladores. En el video que circula, se ve en sus rostros: miedo, rabia e impotencia. Son los mismos sentimientos que experimentamos los mexicanos ante la inseguridad: miedo, rabia e impotencia.

Al ver a los jóvenes soldados tratados de esa manera, muchos de nosotros nos sentimos además ofendidos e indignados. Fueron obligados a regresar las armas que habían incautado, armas largas, cargadores y cartuchos de uso exclusivo de las fuerzas armadas, entre ellas un fusil Barret calibre 50 capaz de atravesar vehículos blindados y tirar helicópteros. Según dijeron las autoridades, les devolvieron a los delincuentes las camionetas y armas “con el fin de evitar el daño a la población civil y preservar la vida de los soldados”. Cuando un grupo de pobladores desarma a un soldado, secuestra a alguien, o hace justicia por su propia mano, se convierte en delincuente y así debería ser tratado. Por eso es inaudito que después de que fueran liberados los soldados, la SEDENA no enviara los refuerzos suficientes para recuperar las armas prohibidas y capturar a los que de esa manera trataron al grupo de militares.

El presidente los felicitó por su prudencia y yo me quedé pensando: si no pueden defenderse ellos mismos, ¿cómo van a poder defendernos a nosotros? Ojalá algunos guarden la prudencia dentro de la mochila y actúen persiguiendo y capturando a los grupos criminales. Porque si solamente se les va a permitir utilizar la prudencia, sería mejor que el presidente nombre curas y pastores.

La actuación de las fuerzas armadas consta de varias etapas, la primera es la presencia, la segunda es la persuasión, la tercera la reducción física, la cuarta la incapacitación y la quinta la letalidad. En el sexenio pasado, cuando el secretario de la SEDENA era el general Salvador Cienfuegos, con todos los bemoles del caso, se sentía a un general con… agallas. Esta no es la impresión que produce el actual secretario, general Cresencio Sandoval, al menos en lo que respecta a lo sucedido a los militares en La Huacana. ¿Cómo puede ser qué en Zamora, Michoacán circulen libremente camionetas que traen en los costados las iniciales del cartel al que pertenecen?

El gobierno está enviando a los delincuentes mensajes de debilidad, mensajes dobles, mensajes contradictorios, actitud que cada día nos preocupa más porque la entendemos menos. ¿No es contradictorio que la pensión para los adultos mayores se les vaya a entregar también a los reos de la tercera edad? Los presos deberían estar pagando con trabajo su estancia en los penales. Nosotros los mantenemos y ¿ahora vamos a pensionarlos?

Cuando ocurrió la terrible explosión del ducto de PEMEX en Tlahuelilpan, Hidalgo, dos horas antes los militares estuvieron tratando de persuadir a los habitantes para que se alejaran del lugar. Desde luego fue una espantosa desgracia, pero esas personas estaban robando combustible y eso es un delito. ¿Y qué sucedió? Pues que el gobierno les regaló una compensación de $15000.00 a cada familia. Traducido es: “yo robo combustible y si pasa algo me dan dinero”. Si revisamos las noticias respecto a este tema, veremos que cada vez son más y más frecuentes los casos en que los soldados son vapuleados.

Se necesita apoyo y claridad para la policía, el ejército y la marina. No es posible que expongan la vida y se defiendan con prudencia.

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