El papel actual de las Fuerzas Armadas Mexicanas

(Ejército Mexicano, Armada de México y Fuerza Aérea Mexicana)

“Un héroe es todo aquel que hace lo que puede”, Romain Rolland.

Por el Capitán Piloto Aviador Enrique A. Guerrero Osuna

Estrictamente hablando y a contra corriente de algunas opiniones de doctos historiadores, las tres fuerzas armadas nacieron en nuestro país durante el periodo conocido como el “Porfiriato” (o el Porfirismo), pero para no colgarnos de los mismos cartabones o divisiones históricas vamos a decir del periodo de tiempo que se inicia con el acceso al poder por primera vez de Porfirio Díaz Mori, allá por el lejano de 1877. No sé las razones por las que los miembros del ejército actual tratan de ignorar sistemáticamente la existencia del ejército federal de antes de la Revolución, para ellos todo es de Venustiano Carranza y el Ejército Constitucionalista para acá, cuando mucho se reconoce la participación de algunos cadetes del Colegio Militar en lo que conocemos como la Decena Trágica que desembocó, como sabemos, en el asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suarez, por miembros del ejército. De hecho, un alumno muy destacado del propio Colegio Militar, Victoriano Huerta, a la sazón con mando de tropas en la ciudad de México fue el que lidereó la asonada militar y el que eventualmente asumiría la presidencia de México después de llevar a cabo una serie de maniobras turbias para hacerse del poder. Todos estos acontecimientos en los cuales participaron brillantes generales egresados del Colegio Militar como que lo quieren borrar de la historia, es de reconocerse que un grupo de cadetes del propio Colegio escoltó al presidente Madero de Chapultepec al palacio nacional. Cosa curiosa para la historia: estos mismos cadetes se enfrentaron a otros cadetes que pertenecían a la Escuela Militar de Aspirantes que se habían sublevado. Una cosa si era evidente: el ejército federal ya existía perfectamente organizado, entrenado y equipado el de que hayan sido derrotados por un puñado de rebeldes al mando de civiles improvisados como Pancho Villa, Álvaro Obregón y otros, deja en duda la efectividad y capacidad de dicho ejército federal, al menos lo que al mando se refiere. La toma de ciudad Juárez marcó claramente la victoria de los revolucionarios y la debacle de Porfirio Díaz. ¿Por qué olvidarnos de esa parte de nuestra historia?

Después de la victoria, vino el licenciamiento de todos los contingentes revolucionarios y Madero decidió dejar a los restos del ejército federal casi intacto como el brazo militar actuante, lo cual algunos historiadores se lo achacan como un error, ya que fueron esos traidores los que lo derrocaron y asesinaron, quedando Victoriano Huerta como presidente, apoyado por sus fuerzas federales. Aquí se inicia otro periodo del cual también se quieren olvidar, hasta que las fuerzas constitucionalistas al mando del “primer jefe” Venustiano Carranza, derrotan a su vez a los restos de aquel ejército, se llevan a cabo elecciones y entonces si vemos surgir como ave fénix al nuevo Ejército Mexicano, este sí, reconocido por la historia como el verdadero y el único emanado del pueblo olvidándose de todo lo demás.

Regresando momentáneamente: en el tiempo de “don Porfirio” ya existían tanto la Armada como la Fuerza Aérea en forma muy incipiente y como parte integral de lo que fue la Secretaría de Guerra y Marina, normalmente al mando de un general del ejército. Eso ha cambiado muy poco, la única diferencia es que, en tiempos modernos, la Armada se separó del ejército y se integró a la secretaría de Marina. Sin embargo, la Fuerza Aérea Mexicana para su desgracia siguió incorporada a la secretaría de la Defensa Nacional bajo la férula férrea del ejército sin ninguna posibilidad de avance o modernización, condición que desgraciadamente sigue prevaleciendo sin ninguna esperanza para la FAM, de mejorar para desempeñar mejor su misión de salvaguardar los cielos de México.

Al desembocar en la II Guerra Mundial, México se mantuvo neutral, hasta 1942, ya que, a raíz de una directiva del alto mando alemán, la Kriegsmarine inició una campaña de ataques con submarinos contra todo el tráfico marítimo en el Atlántico, incluyendo las aguas del Golfo de México y Mar Caribe. Es así como fueron hundidos varios barcos petroleros con bandera mexicana, lo cual a su vez precipitó la entrada de nuestro país en la guerra. México envía una nota diplomática exigiendo una aclaración y demandando una compensación por los daños. Esta nota diplomática fue absolutamente desestimada, en un principio por Alemania, seguida de las otras dos naciones que conformaban el “Eje”. México, al no recibir respuesta no tuvo otra opción que la de declararles la guerra, eso sucedió en mayo de 1942. A partir de ahí, como nación beligerante nos unimos a nuestros aliados; sin embargo, esta participación fue más bien en el plano de dar apoyos a través del envío de materias primas como el petróleo principalmente y de mano de obra, pero ninguna participación directa en el conflicto. A cambio, recibimos apoyo en material de vuelo para la Fuerza Aérea Mexicana así como entrenamientos diversos para los pilotos mexicanos. Cabe hacer notar que ni el ejército ni la armada recibieron una ayuda significativa, quedándose rezagados. Para mí, este hubiera sido un buen momento para hablar de una posible independencia de la fuerza aérea, pero las cosas mantuvieron el statu quo.

Por fin, en 1944 el gobierno se decide a enviar un contingente armado a participar directamente en el combate. Como ya vimos ni la armada ni el ejército estaban preparados y mucho menos equipados para llevar a cabo esta misión, por lo tanto, el presidente Manuel Ávila Camacho se decidió por enviar una unidad de la Fuerza Aérea Mexicana. Este honor recayó en un grupo al que se le denominó: “Grupo de Perfeccionamiento Aeronáutico” o GPA, integrado por pilotos y mecánicos voluntarios. Todos fueron a entrenarse a diferentes bases en los Estados Unidos, fueron abanderados, se formó oficialmente el Escuadrón Aéreo de Pelea 201. Posteriormente, el mando decidió integrar diferentes elementos de servicios para conformar lo que conocemos como FAEM o Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana con 300 elementos de diferentes procedencias, mismos que, en mi opinión, no tenían ninguna necesidad de participar, me refiero a los elementos de diferentes servicios que fueron como complemento simplemente, pero eso fue decisión del mando mexicano.

La historia de esta participación de la FAM con el “201”, no pudiera yo comprimirla en estas limitadas líneas, por lo tanto, solo voy a agregar que los pilotos y el personal de mantenimiento estuvieron a la altura de su compromiso, cumpliéndolo a cabalidad, llevando a cabo todas las misiones que le fueron encomendadas y regresando a su país con la enorme satisfacción “del deber cumplido”, como lo entendemos todos los que hemos pertenecido a las fuerzas armadas.

A su regreso al país, la FAEM fue ignominiosamente desbandada, quedando solo el EAP 201 equipado con los muy modernos y poderosos P-47D RA Thunderbolts, recién salidos de la fábrica de la Republic. Permanecieron algún tiempo en el aeropuerto de la ciudad de México, luego fueron reubicados a “Las Bajadas” en Veracruz, reconcentrados nuevamente en los años 50as a la ciudad de México, para ahí aguardar una muerte lenta por falta de mantenimiento y refacciones, pero más que nada olvidados por la apatía oficial a todo lo que se refiere a la fuerza aérea. Para nuestro encuadre, las otras dos fuerzas armadas siguieron un camino de mediocridad siempre con material obsoleto. Hubo algunos chispazos para tratar de modernizar a la FAM que en la vida real no fueron más que eso, un fútil engaño, ya que se adquirió material prácticamente inservible y que gracias al ingenio de los mecánicos mexicanos, milagrosamente los mantuvieron en condición de vuelo y claro también gracias a los pilotos que valerosamente los tripulaban.

El papel que siempre ha sido asignado a los militares, es el de cumplir con su mandato constitucional; sin embargo, cabe hacer notar que a la FAM nunca se le ha dotado de material idóneo para desarrollar esa misión, invariablemente se han llevado a cabo compras de aviones totalmente innecesarios y que no están adaptados a un uso militar, han sido compras disparatadas, autorizadas por no sé quién, al final, todo acaba donde mismo: los deshuesaderos o cuando les va bien, sirven de adorno en las bases aéreas.

Actualmente, a las fuerzas armadas mexicanas se les quiere asignar, una vez más una misión estrafalaria: la de llevar a cabo acciones de policía civil totalmente fuera de su entorno militar, pero además y por disposición presidencial no deben tocar ni con el pétalo de una rosa a la población civil, yo me pregunto: ¿entonces para que mandarlos armados a patrullar las calles? Por qué mejor no los mandamos con ramos de flores a pregonar “paz y amor”, igualmente por disposición presidencial. Desgraciadamente, al cerrar este trabajo, se presentaron los hechos que todos conocemos en el estado de Michoacán, en donde un grupo de soldados fueron desarmados y humillados por una turba multa, según nuestro presidente, integrantes del “pueblo bueno y sabio”. Peor ofensa no podía hacérseles a nuestras fuerzas armadas, y mucho menos que el mando lo tolere y se queden vergonzosamente callados. El desprecio de este solo hecho por parte del presidente como del secretario de la defensa, es una muestra de su insensibilidad para gobernar. Se arguye que fue lo mejor para evitar “reprimir” al “pueblo honrado, honesto y prudente”. Si existe una ofensa para un soldado, es tratar de quitarle su arma porque se va a defender con su propia vida. El que sus superiores a ese contingente de soldados les hayan ordenado rendir sus armas a ese grupo de civiles, constituye un gravísimo error, eso y que el presidente nos ponga a todos los mexicanos a merced de la delincuencia es lo mismo. ¿Para qué tanta faramalla? ¿Por qué tanta incongruencia?

Et Cum.  (¿Hasta cuándo?).

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