Tres son tres

Son tres grandes obras de infraestructura las que pretende construir el gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador, tres obras con las que busca asegurar su lugar en la historia como el “mejor presidente de México” el que logro la cuarta transformación del país. El Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucía son la “tercia de ases” que trae en la mano el presidente de todos los mexicanos.

Los tres proyectos se han decidido con criterios políticos dicen algunos, por caprichos del presidente digo yo. Poco o nada ha importado el impacto ambiental que causaran y del costo económico ni hablar, con lo que se ha ahorrado el país al ya no existir corrupción alcanza para esto y para más, y si acaso llegara a faltar dinero no pasa nada, se le vuelve a pedir a los bancos “conservadores y neoliberales” un nuevo préstamo y asunto resuelto.

Las tres exigencias mínimas que en todo proyecto deben de cumplirse como la rentabilidad, la factibilidad e impacto ecológico son cosa del pasado, estudios innecesarios casi inútiles, nada vale y nada está por encima de la voluntad presidencial, no importan las opiniones de los expertos, con lo que diga y mande el señor presidente basta, y sobra hasta para repartir.

El 19 de marzo el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) anticipo que el costo de construcción del proyecto del Tren Maya podría elevarse entre 4 y 10 veces más de lo presupuestado por el gobierno federal, en cifras, lo que inicialmente costaría 150 mil millones de pesos podría terminar costando 480 mil millones de pesos incluso se podría elevar a un billón 599 millones de pesos.

MERIDA, YUCATÁN, 12NOVIEMBRE2018.- Andrés Manuel Lopez Obrador, presidente electo de Mexico se reunió con gobernadores del sureste de Mexico y con integrantes de su gabinete para coordinar el proyecto del tren maya FOTO: SAÚL LÓPEZ

El 20 de marzo nuestro contestario presidente dijo que no se elevaría el costo presupuestado argumentando que ya se cuenta con el derecho de vía, así como siempre, en su habitual tono simplón y burlón dijo que las cifras del IMCO no son correctas, que él tiene otras cifras.

¿Pero que creen? aun sin haber arrancado el proyecto insignia del gobierno transformador, solo en los estudios preliminares que dijo nuestro presidente que siempre si son necesarios, y que se harían para callar las voces de los fifís y conservadores, el costo inicial de los mismos que se habían presupuestado en 120 millones de pesos paso a 972 millones de pesos, subió tantito nomas ¿Qué tanto es 710% más? Nada, una cosita nada más. En las pasadas administraciones “inflaban” los precios para repartirse el dinero entre los corruptos. En este gobierno estas prácticas ya están erradicadas, aquí lo que sucedió fue un error de cálculo y planeación que cualquiera los tiene.

Y para un presidente que gusta más de hablar que de escuchar, nada mejor que Dos Bocas.

El 18 marzo pasado en la celebración del 81 aniversario de la expropiación petrolera, el presidente López Obrador anuncio el inicio del proceso de licitación para la construcción de la refinería de Dos Bocas, y para continuar con el distintivo de este gobierno cuando se habla de licitaciones, la licitación se hizo por invitación restringida, donde el presidente escogió a 4 empresas “las mejores del mundo” dijo entonces. Curiosamente las 4 empresas han estado y algunas aun están bajo investigación por ofrecer sobornos o “moches” a gobiernos y funcionarios gubernamentales de los países en donde han hecho obra pública.

Pero a menos de cumplirse un mes del anuncio, en un “inesperado” giro de timón, el presidente de todos los mexicanos declara desierta esta licitación y anuncia que ahora será PEMEX y la Secretaria de Energía quienes construirán la refinería de Dos Bocas ¿argumentos? Que las compañías invitadas se excedían en el costo y en el tiempo de construcción de la magna obra, esto lo dijo el 9 de mayo.

Seis días después del anuncio del presidente, la misma titular de la SecretarÍa de Energía, Rocío Nahle, anuncio que la refinería en Dos Bocas no será construida por Petróleos Mexicanos, que PEMEX junto con el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y la Secretaría de Energía (SENER), actuarán como “gerentes de proyecto” y que la obra se realizará en seis etapas y en cada una de ellas serán convocadas firmas nacionales y extranjeras. ¿Entonces se abrirán nuevos procesos de licitación?

De las tres obras emblemáticas del incipiente gobierno amloista hay una que se ha destacado por la cantidad de “detallitos” que han ido apareciendo. Resulta que por culpa de Paula ya se incrementó el costo de la construcción del aeropuerto de Santa Lucía en casi 10 mil millones de pesos, y todo porque no se había reparado en un pequeño detalle, pequeñísimo y que a cualquiera de nosotros se nos podía haber pasado, el Cerro de Paula con una altura de 2625 metros sobre el nivel del mar “apareció repentinamente” en donde se ubicaría la pista uno del aeropuerto y la presencia de este cerro no estaba en los planos originales.

Si en la “gran consulta popular” el presidente hubiera convocado a los habitantes de los 20 pueblos alrededor de Santa Lucía, tal vez uno de los casi 15 mil pobladores le hubiera advertido del cerro, pero como solo consulto a un pueblo de 628 habitantes y ninguno de los 213 que votaron menciono el cerro, pues entonces no es culpa del Secretario de Comunicaciones y Transportes, Jiménez Espriú, ni tampoco de José María Riobóo, esposo de la magistrada Yasmín Esquivel.

Quienes osen pensar siquiera que el compadre y amigo del presidente López Obrador, ponchado en dos turnos para construir un nuevo aeropuerto (incluido el de Texcoco) y designado para elaborar los planos del aeropuerto de Santa Lucía tiene responsabilidad en la “aparición del Cerro de Paula” se van a condenar en el infierno, él ha dejado claro que el cerro no estaba, en los planos obviamente, porque tamaño cerrote de 2625 metros se necesita en verdad estar completamente ciego para no haberlo visto.

En suma, dos de los tres proyectos que se van a realizar durante el gobierno del presidente López Obrador, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía, van a costar inicialmente 22 mil millones de pesos más de lo que se había presupuestado. Estos son los costos de una mala planeación y de desestimar la opinión de los expertos. Aún está a tiempo el presidente López Obrador de entender que las cosas se hacen como se deben hacer y no necesariamente como él quiere que se hagan. Sus “buenas intenciones”  ya nos han costado a todos los mexicanos miles de millones de pesos en obras que ni siquiera han empezado a construirse, y de las cuales se ha cuestionado mucho su viabilidad y efectividad, si es que algún día se concluyen.

Saludos.

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