El zapato de Nahomi Jared

Francisco Javier Lino Briones

Nahomi Jared. Así se llama ella. La que ese día se desvivió por encontrar su zapato en una escuela tan grande y con tal cantidad de alumnos que parecía más fácil encontrar una aguja en un pajar.

Preguntó por todos lados: en la cooperativa, a los intendentes, a una gran cantidad de alumnos, fue a Dirección y nada; en enfermería en el departamento de Orientación Educativa… incluso en la parte posterior del plantel, donde algunos conocen como “el ranchito”. En cada uno de los lugares en que pertinentemente se podía pensar que estuviera un zapato.

-¡Mms! Una morra anda preguntando por un zapato. No trae el izquierdo y así anda caminando por toda la escuela ¿fumaría orégano? Se escuchó entre los pasillos.

Y sí. Jared caminaba como queriendo ser un alma en pena, solo por aquello de que no la vieran caminar con una calceta azul casi rota, medio descalza y que hicieran mofa de ella, porque no es común ver a alguien en esas condiciones y menos en una escuela. Caminaba inventando estrategias para dar con él, a veces con verdades, a veces con mentiras.

 ello se andaba buscando.  preguntaba y no quitaba la vista deesaparecide que no la vieran caminar asñ-¡Tú escondiste mi zapato! ¡dámelo! ¿tú escondiste mi zapato? ¡dámelo! Decía una y otra vez no solo a sus compañeros del salón sino también a los conocidos que pasaban cerca de donde estaban cuando desapareció lo que andaba buscando. Preguntaba y no quitaba la vista de los ojos de ellos buscando un atisbo de mentira. Pero no, nadie daba razón, y a todos los que preguntó más bien se extrañaron de la pregunta o de la afirmación.

Por eso Jared hizo un recuento de las horas y de los minutos vividos desde que se quitó el zapatito izquierdo “para descansar mejor”, según ella: “me los quité y los puse juntos detrás de mi… luego me puse a platicar con los morros… luego pasó fulano, luego mengano y más adelante perengano”, pensaba juntando el dedo índice a la boca y levantando la mirada al cielo. “pero no… ¿quién más pasó?”

¡PROFE LINOOO MI ZAPATOOOO! Eso escribió en el whatsapp del grupo en donde estoy agregado, porque obvio, yo también había pasado junto a ese grupo de jóvenes que estaban sentados en la bardita habilitada como asiento y en donde se acomodan como queleles asoleándose, por ello escribió eso, todas con mayúsculas. Recuerdo que esa mañana me detuve a saludarles, así que yo también era sospechoso.

El punto es que emerge de todo esto una pregunta obligada: ¿qué sintió Jared al andar descalza durante esas horas? Pues recordemos que uno de los sueños que nos causan mucha ansiedad es precisamente soñar que perdemos un zapato, por lo menos eso es lo que yo he sentido y lo que he escuchado que sienten quienes abordan el tema y en verdad, he soñado que estoy en la calle y de repente me veo caminando sin un zapato y es horrible. Yo lo he soñado, pero esta jovencita lo vivió. Así anduvo o “andó” como Lázaro, desde las 09:32 de la mañana tal y como lo registra el whatspp que mandó al grupo de RA VI “A” hasta que lo encontró.

Por cierto, luego de ese mensaje que agregó Nahomi en el grupo recibió más de cien respuestas convertidos en memes, stickers, mensajes escritos y fotografías, en las que de estas últimas, en cincuenta y cinco sus compañeros salen con la boca abierta; dos durmiendo sobre su mesabanco; treinta riendo; algunos como Ana, Marcos y Alfonso con cara de “¡what!”; sin embargo, digno es de reconocer que de todas esta ovejas del buen rebaño, solamente uno dio testimonio de que verdaderamente es una persona consciente de su papel en su paso por nuestro templo de estudios de educación media superior: Angelito Herrera Ceseña permitió que subieran una fotografía leyendo en actitud del que tiene maestría en el arte de la hermenéutica.

Casi en punto de mediodía volvió Nahomi Jared -porque así se llama- a mi oficina. Estaba casi abatida: la cara larga y los hombros caídos.

-¿En verdad no ha visto usted mi zapato profesor?

La miré y me miró mientras se recargaba en el librero de la oficina. En ese momento recordé su cara luego de que extravió su zapato, pues sin que ella se percatara la estuve observando. Su cara al preguntar; su cara en el whatspp; su cara mientras caminaba en los pasillos; mientras revisaba los botes de basura, o los del baño; mientras miraba los árboles; su cara cuando le preguntaban el por qué andaba así; su cara al mirar a los profesores; y su cara al volverme a preguntar:

-¿En verdad no ha visto usted mi zapato profesor?

Hay momentos apropiados, como ese, en el que era útil recordar la paradoja del mentiroso y del sabio cuando se encontraron en la puerta de Siracusa.

Nahomi Jared Agúndez Beltrán, que así te llamas. Este es tu regalo de cumpleaños. Es posible que te dure años y ¿por qué no? toda la vida. Un abrazo para ti y todos tus compañeros del hermoso grupo RA VI “A”.Agradezco a Sofía Pacheco el apoyo que me dio para completar algunos datos de este escrito.

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