En los zapatos del presidente Andrés Manuel López Obrador

Por Enrique “Kiki” Kao

Hay una frase de una autora estadounidense llamada Adriana Trigiani que dice: “Los zapatos no importan, la persona que los lleva sí”. Elegí esta frase para iniciar esta publicación ya que la semana pasada luego de un desafortunado twitter que compartió Pedro Ferriz Hijar, en el cual sube una foto de los “zapatos desgastados” de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador acompañado del siguiente comentario: “Es una pena que alguien así; represente al Presidente de una nación”, se volvió en el tema más comentado en redes sociales. Y como era de esperarse una fuerte lluvia de críticas, un tanto merecidas pero no del todo, y aquí les iré comentando porque lo creo así, tundieron al hijo del también periodista Pedro Ferriz de Con.

Una de las más “ubicadas” o “decentes” respuestas que recibió Ferriz Hijar, fue el de acusar de “clasista” su comentario, pero vamos hay que reconocer que cuando el foco de la atención es nuestro presidente, surgen de inmediato legiones que lo defienden a “capa y espada”, esos miles de paisanos mexicanos que más que defender a un presidente defienden al líder carismático que sin duda lo es Andrés Manuel López Obrador, y aquí abro un paréntesis dejando para más adelante el tema de los zapatos del presidente, y compartirles un poco de un libro que estoy leyendo que se llama “Con los zapatos gastados: Haciendo el camino en crisis”, de Faustino Merchán Gabaldón.

En este libro que es la continuación de su primer obra “Con los zapatos atados: Desde el pensamiento crítico”: el autor dedica un capítulo completo para describir desde su perspectiva, a los líderes carismáticos y el por qué, de su surgimiento.

Según el autor, los líderes carismáticos surgen de la desesperación de la gente y el caos manifiesto de lo que acontece en su entorno, del deseo de querer que se les resuelvan añejos y ásperos problemas que no han sido bien abordados por las autoridades en el pasado. Es por ello que cuando se presenta un hombre o una mujer, vigorizado o mimetizada con el fondo del problema que dicen saber cómo controlar o mejor aún, resolver una situación, la gente voltea a verlos sin importarles en ese momento si las soluciones que proponen sean descabelladas. Los líderes carismáticos saben capitalizar muy bien la angustia y el cansancio de la gente.

Pero para la gente todo tiene un precio, puede ser que la única decisión que hayan tomado antes de seguir el camino del líder carismático, sea la última que hayan tomado, porque a partir de depositar esa confianza en el líder carismático tendrán que acostumbrarse a que las cosas son tal y como las ve el líder, y lo que es más, van a desarrollarse tal como sus sueños o intuición le dicten, porque él o ella, dotado de poco menos que poderes mágicos o divinos, son los únicos capaces de encontrar la tierra prometida que nuestro desnortado caminar ha sido capaz de encontrar o identificar.

Merchán Gabaldón cita en este capítulo al sociólogo Max Weber y al considerado padre del psicoanálisis Sigmund Freud, quienes sobre el carisma teorizaron con gran acierto y con quienes está de acuerdo en que la fuerza de un líder carismático cuando se encuentra ejerciendo el poder, radica en mantener el desorden de los acontecimientos para seguir controlando la angustia de la gente a quienes de manera constante les repite que no hay más realidad que la que él les expone y que las únicas propuestas, que casi nunca se convierten en acciones, son las que él propone.

Después de leer este capítulo coincido con el autor cuando remata que el carisma es una forma falaz de atender a las necesidades y requerimientos de la realidad, al menos en nuestro país no parece el mejor momento para ello.

Ojala nuestro presidente encuentre la humildad para aceptar la crítica de todos quienes pensamos que debe empezar por dejar de culpar al pasado de todo lo malo que pasa en el país, nosotros también tenemos memoria y sabemos que las cosas no estaban bien, que deje de dividirnos como sociedad entre buenos y malos, fifís y chairos. Que tenga los tamaños para aguantar ahora desde la presidencia todo lo que a él como oposición se le permitió, que recuerde todo lo que se burló, lo que gritó y lo que maldijo. Que si bien su comportamiento como oposición lo hizo verse como el líder carismático que podía resolverlo todo con solo llegar a la presidencia, pues ahora ya es presidente, pero lo es de todos los mexicanos, no solo de los que votaron por él y que también nosotros contamos, que nuestras opiniones también deben ser tomadas en cuenta, que tenemos el derecho a no estar de acuerdo con él y estar molestos. Que nos lleve a todos los mexicanos a donde él dijo que era capaz de llevarnos y nos llevaría, al México grande y justo para todos.

Y volviendo al tema de los zapatos del presidente, en los que no quisiera estar porque creo que hasta a él le empiezan a incomodar pues resulta evidente que en poco más de 4 meses que lleva al frente del país no ha logrado frenar ni la inseguridad ni la violencia, tema del que fue un duro crítico en las pasadas administraciones y que hoy incluso va en aumento por más de que sea cien por ciento cierta la herencia que se le dejó, ya no debe, porque si puede y lo hace, seguir excusándose bajo el mismo argumento. Los zapatos “desgastados” que usa el presidente son de una marca inglesa de nombre Crokett & Jones que ofrece modelos de línea que van desde los 6 mil pesos los más económicos hasta los 23 mil pesos, pero que también los fabrica a la medida y en diseños exclusivos cuyo precio seguramente es mayor, y que cuenta entre sus clientes a actores y políticos como Daniel Craig, Brad Pitt, George Cloney, Nicolaá Sarkozy y Vladimir Putin, por mencionar algunos.

Con esta información ahora puedo estar un poquito de acuerdo con Pedro Ferriz Hijar, es una pena que nuestro presidente no cuide sus zapatos tan exclusivos y caros que son, a menos que tenga muchos pares más o mucho dinero para comprarse otros, pero aun así creo que nuestro presidente debería llevar a bolear sus zapatos al cabo que enfrente del Palacio donde vive hay muchos boleros que estarían dispuestos a sacarle brillo a los “papos” del presidente y a lo mejor ni le cobran, pues es de todos conocido que nuestro presidente solo anda con 200 pesos en la cartera y un billetito de 2 dólares doblado para la suerte y muchas estampitas que le regala la gente.

Señor presidente Andrés Manuel López Obrador, por mi usted puede comprarse los zapatos más exclusivos que existan o calzarse los más económicos que encuentre, si se los quiere bolear o solo darle una “restregadita” con el pantalón es su decisión, si no le da importancia a su vestimenta en los actos públicos en los que se presenta ante el pueblo mexicano también es su decisión, como también la es vestir sus trajes de su marca favorita Hugo Boss para asistir a eventos privados como la boda de su amigo y hombre de todas sus confianzas César Yañez Centeno -por cierto qué boda más elegante y exclusiva y que todos los mexicanos pudimos disfrutar gracias a la amplia cobertura que le dio la prestigiada y reconocida revista del “corazón” Hola-. Es más, si usted quiere verse como maratonista kenyano es SU DECISIÓN, pero por favor regálenos una “mañanera” donde no nos divida como sociedad, acuérdese que cuando apunta con un dedo de su mano, otros tres se quedan apuntándolo a usted.

Saludos cordiales.

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