EN PRIVADO

Por Dionicio LARA

  • Perdón por España
  • Perdón por el léxico

¿Le asiste la razón al Presidente Andrés Manuel López Obrador, al solicitar a España, (Rey Felipe VI), que haga un relato de agravios y pida perdón a México, según él por las violaciones a los derechos humanos de los pueblos originarios durante la Conquista?

Si es así, entonces AMLO ya debe estar elaborando, cuando menos un par de misivas más. La primera que deberá enviar a Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron, presidente de Francia. Y la segunda al bien amado y muy querido por todos los mexicanos: Donald Trump.

PEDON POR ESPAÑA

A Emmanuel Macron, al recordar las dos intervenciones francesas en México: la primera, también conocida como la guerra de los Pasteles, que fue el primer conflicto bélico entre México y Francia y que tuvo lugar del 16 de abril de 1838 al 9 de marzo de 1839. Al igual que la segunda. Es decir, aquel conflicto armado entre México y Francia, en los años 1862 y 1867.

Y en el caso de Donald Trump, (que puede que hasta se hinque) para que pida perdón por la invasión de Estados Unidos a México, cuyo enfrentamiento le dio a James Polk el motivo para pedir la declaración de guerra contra México, un 13 de mayo de 1846, lo que le permitiría conservar Texas y apropiarse de los codiciados y ricos territorios de la Alta California y Nuevo México. Conflicto armado que se inició por las pretensiones expansionistas de los Estados Unidos de América, cuyo primer paso fue la creación de la República de Texas -a la que el gobierno mexicano consideraba un territorio rebelde que podía reconquistar-, sobre una parte del territorio de Coahuila, Tamaulipas y Chihuahua, entre otros.

Ya después, lo sabemos todos, vendría el arrebato de otras tierras mexicanas también por los gringos, y que hoy incluye la totalidad de los actuales estados de California, Nevada, y Utah, así como partes de Arizona excluyendo la región más tarde anexada en la Venta de La Mesilla. Además de Colorado y Wyoming, todo lo que ocasionó la perdida de la mitad de territorio que le pertenecía a México, pero que lo perdió luego de un conflicto bélico con su vecino del norte.

Entonces, por lo visto, a Donald Trump, le va a ir como en feria, pues los gringos -aquellos- sí que nos despojaron de la mitad de nuestro patrimonio, en tanto los españoles -aquellos- apenas se llevaron algunas joyitas. Pero nos dejaron espejitos… y apellidos. Pero los gringos nos dejaron puros muertos. Y sin siquiera tierras pa’ sepultarlos.

En fin. Me voy por otra vereda, pero derechito, pal mismo rumbo:

En efecto: Hernán Cortes fue un maldito depravado y lujurioso. Un bribón y un sátrapa desgraciado. Un sátiro inmoral. Un impúdico y malvado libidinoso. Un vil, perverso y asqueroso violador de mujeres indígenas. Y un asesino despiadado. Todo eso -según la historia-, es muy cierto.

Pero lamentablemente, en México, y particularmente aquí en BCS, lo siguen enalteciendo; y si se quiere, lo siguen honrando y casi glorificando cada año con representaciones escolares, y hasta oficialistas. Así como si se tratara de un gran héroe. Cuando los libros de historia debieran tratarlo como lo que fue; un hijo de la chingada.

Pero que quede claro. Muy claro. No fue un país. No fue España quien cometió esas vejaciones. Sino que fue un cabrón quien lo hizo, acompañado y protegido por una caterva, también de cabrones e hijos de la chingada.

Y hoy, justo en estos tiempos debo hacer la comparación con Venezuela. Y lo digo con certeza, no se trata de señalar a un país, sino a un cabrón como el único responsable (en el caso de Venezuela tiene nombre y apellido: Nicolás Maduro). De tal manera que una vez transcurridos 500 años de la masacre, que pida perdón este cabrón. Pero no Venezuela. No son los venezolanos los culpables, ni los responsables. Repito, es solamente un cabrón.

Sin embargo. Creo que ya no es dable llorar a los nonabuelos o decabuelos; porque probablemente ya ni sus espíritus han de vagar por el espacio etéreo. Por tanto, es mejor que descansen en paz. Luego entonces debemos lamentar el presente. Y, si se quiere, también el mañana.

Es decir, las viejas heridas cicatrizan y cierran. Son las nuevas heridas las que supuran dolor, las que sangran penas, las que causan llanto. Esas son las llagas que laceran el corazón y angustian el alma… Y duelen un chingo.

Además, ya otros derramaron lágrimas por los muertos de hace 498 años. Luego entonces la historia cuenta, narra, documenta. Pero también juzga. Por lo consiguiente pone a cada quien en su lugar.

Y porque de ahora son las ofensas, el sufrimiento y las afrentas contra muchos mexicanos y mexicanas.

Porque los denuestos y los oprobios están presentes. Porque las vejaciones son modernas. Y porque las injurias y los insultos, son actuales. Porque de ahora es el dolor, el miedo y los ultrajes contra las mujeres. Lo mismo que su indefensión, su desamparo, su abandono… sus lágrimas.

Porque es hoy cuando las madres sufren por su hijo muerto. Y porque las otras madres sufrirán mañana. Y porque es hoy, cuando los niños le lloran a su padre muerto. Y porque los otros niños llorarán mañana.

Porque la violencia, esa que trae aparejada los asaltos, las violaciones, los robos, los atentados, las crueldades, las barbaridades, la monstruosidad, y la bestialidad, lo mismo que el narcotráfico y el huachicol, no pertenecen al ayer.

Porque la impunidad, esa que se hace acompañar de la arbitrariedad, la exención, la indemnidad, la injusticia, la irresponsabilidad, la liberación, y el perdón, no pertenece al ayer. Y porque la corrupción, esa que en un perverso amasiato se coliga con todas las maldades, no pertenece al ayer.

Porque es hoy cuando pesan los muertos de hoy. Porque es hoy la desolación. Porque es hoy el desamparo. Porque es hoy la tristeza, la desolación y la pobreza de muchos mexicanos y mexicanas.

Porque los atropellos y los daños, no son de hace 498 años. Son de hoy. Y porque el hambre, la enfermedad, la falta de empleo, y la desigualdad, son de hoy.

Luego entonces hoy vamos a llorarle a los muertos de hoy. Y mañana a los de mañana.

“Hubieron matanzas, imposiciones, la llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz. Se edificaron las iglesias arriba de los templos, se excomulgó a nuestros héroes patrios, a los padres de nuestra patria a Hidalgo y a Morelos”, dijo el mandatario.

En efecto: “Hubieron”.

Pero la demanda y la exigencia de los mexicanos es por lo que sucede hoy. Y también por lo que sucederá mañana.

Y porque los muertos de ayer, ya están sepultados.

Cuestión de tiempo.

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