Con mucho cuidado

Ángel Cu Ambriz

 Van cuatro meses del cambio de gobierno y los ánimos y polarizaciones continúan como si mañana fueran a ser las elecciones. Los simpatizantes del nuevo presidente constitucional, continúan defendiéndolo a ultranza y los opositores recurren hasta a las pitonisas con el fin de desprestigiar a López Obrador.

CON MUCHO CUIDADO 2Revuelo causó las cartas enviadas por el Presidente al rey… (¡perdón!) Rey de España y al Papa Francisco. Memes, críticas, burlas por todos los medios y en todos los tonos invadieron el ambiente. Pero: ¿Vivimos en el siglo XXI, hay satélites terrícolas viajando más allá de Plutón; estamos en 2019 y creer que se le falta el respeto a un Rey por una petición? ¿O pensar que el Papa a quien le tembló la mano para sancionar a los pederastas, no debe también reconocer los abusos de su institución contra los pueblos originarios?

“Que ya todos somos mestizos”, “que la conquista se realizó gracias a los tlaxcaltecas y a la malinche”, etcétera.

México es todo menos una homogeneidad; “mosaico cultural…”, suena bonito. Lo cierto es que sí hay pueblos originarios, con tradiciones, idioma e idiosincrasia que ha soportado el paso de los siglos. Comunidades aisladas que son casi cápsulas del tiempo, cuyos habitantes lo que menos les preocupa es una clave de wifi.

Esa tercera parte de la población de nuestro país, ha sido ofendida desde la conquista y hasta la actualidad, al considerarlos invisibles, cuasi inexistentes.

Los investigadores sociales, filósofos e historiadores consideran que las mentadas cartas del Presidente López Obrador, son otra manifestación de su deseo de recurrir a los símbolos para unir a los mexicanos en torno a su propuesta de gobierno… pero tal vez los mexicanos estemos irremediablemente divididos.

Nos ha dividido la guerra de reforma (opulencia clerical), la Revolución Mexicana (terratenientes explotadores) y la guerra fría y sus consecuencias (el libre mercado, donde no hay población; si no consumidores).

Los símbolos han sido tan manoseados que tal vez el único que goza de más prestigio, unifica en su entorno a más compatriotas y genera mayores recursos a sus operadores es la virgen de Guadalupe (libre de impuestos).

El Presidente va con cuidado (¿demasiado?), se ha rodeado (¿o lo han rodeado?) de personajes (los asesores empresariales, por ejemplo) que pareciera que están cuidando que no se vaya a pasar de la rayita. Y ese cuidado contrasta con su sobre exposición en las conferencias mañaneras… tal vez.

Hasta el momento, las decisiones tomadas transitan entre lo acertado y lo timorato; al parecer de muchos analistas de prestigio y esto es combustible para cualquier crítico espontáneo. Pero lo cierto es que no hay registro en la historia política de nuestro país; ni siquiera en la época del General Lázaro Cárdenas, en que un nuevo gobierno haya sido tan polarizante.

Para los que piensan que el Presidente López Obrador “insultó” al rey (siempre me falla) Rey de España y al Papa Francisco, les comparto parte del análisis de Carlos Herrera de la Fuente; economista, filósofo, ensayista y poeta. Licenciado en economía y Maestro en filosofía por la UNAM, y Doctor en filosofía por la Universidad de Heidelberg, Alemania, sobre lo que podría ser un verdadero insulto desde la presidencia de nuestro país:

Insulto, lo que se llama insulto, si se atentara contra los poderes económicos y financieros que gobiernan al país. Y para ello no es necesario decir ni una sola mala palabra. Insulto, si se eliminaran las comisiones de los bancos, si se les dejara de financiar, por completo, a través de la deuda pública, si se acabara la autonomía del Banco de México, si se cobraran muchísimo más impuestos a los empresarios y a las clases pudientes, si se protegiera la totalidad de la industria nacional y se limitaran los acuerdos comerciales que destruyen las incipientes cadenas y los sectores productivos internos, si se abrogara por completo la reforma energética de Peña Nieto; insulto, si se defendiera a los trabajadores y se apoyara su derecho a huelga (como lo hizo, en su momento, el general Lázaro Cárdenas), si se respetara el derecho de los pueblos a su autodeterminación, si se abrogara por completo la reforma educativa del sexenio pasado y se apostara cien por ciento por el desarrollo de las escuelas normales, si se invirtiera en educación superior y en desarrollo tecnológico y científico; insulto, lo que se llama insulto, si se investigaran los delitos cometidos por todos los funcionarios del pasado, incluyendo los expresidentes, si se rompiera la inercia corrupta y antidemocrática de los principales sindicatos del país, si se denunciara y se investigara realmente la complicidad de los medios de comunicación con los gobiernos pasados, si se abrieran, plenamente, al poder popular y democrático, los principales medios de difusión masiva; insulto, verdadero insulto, si se llamara a un nuevo proceso constituyente que, finalmente, reconociera como principios máximos del desarrollo económico la justicia social y el bienestar nacional, por encima de los intereses del mercado (nacional e internacional). Eso sí sería un insulto, una bofetada directa a la mejilla de los poderes económicos y políticos, y, como se dijo, sin la necesidad de proferir ninguna mala palabra.

No hay por qué defender una falsa unidad en la que los únicos que salen beneficiados son los políticos corruptos, los poderosos y los explotadores de siempre. Es mejor apostar por una política de beneficio para las mayorías, aunque eso moleste a la derecha mexicana y se rompa la “unidad nacional”. Pero, para ello, lo mejor sería dejar las palabras llamativas o altisonantes o la sobreexposición mediática; dejar de lado las decisiones llamativas, espectaculares o simbólicas (el caso de la carta al rey de España y al Papa), y ponerse a cambiar de fondo, realmente, aquello que, en definitiva, enfurecería a la derecha y a los poderes establecidos.

Por lo demás, es cierto que apenas han pasado 4 meses desde que Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como presidente de la república. Mucho de lo que aquí se señala puede ser asumido por este gobierno en el transcurso del sexenio. No obstante, las tendencias señaladas apuntan hacia otra dirección, y es mejor prevenir. El gobierno se encuentra ante la disyuntiva histórica de seguir privilegiando los símbolos huecos o dar cauce a un cambio real que, de llevarse a cabo, sacudiría las estructuras del poder en México”.

Así, vemos como la acción no ha correspondido al ímpetu de la llegada, se magnifican las pifias y se minimizan los retos; lo cierto es que; como expresó acertadamente Brozo hace algunas semanas: “Los causantes del desastre económico, energético, laboral y social que vivimos, están en España, viviendo de las utilidades de su vandalismo en contubernio de quienes lo llevaron hasta el lugar que detentaron, apoyados por una multitud de cómplices”. A ellos hay que llamarlos a cuentas, no merecen ningún cuidado

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