BALCONEANDO / “LÍDER CHARRO”

Por Alejandro Barañano

La disputa por el control sindical de la clase trabajadora en México entre las organizaciones corporativas del hoy decadente PRI, y las fortalecidas tras el triunfo de Morena en julio del 2018, no tiene reversa.01 Isaías González Cuevas

Los nuevos dirigentes y legisladores del partido en el poder van tras los liderazgos de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, pero también por el control de gremios estratégicos como lo son la de los petroleros, ferrocarrileros y electricistas de la Comisión Federal de Electricidad.

Y es que muchos coinciden en que la estrategia para obtener el control de ello es con la aplicación de los convenios 87 y 98 de la Organización Internacional del Trabajo, ya que con ellos podrían iniciar el desplazamiento de sus líderes a través del voto secreto y universal, en una renovada democracia interna.

Así, los integrantes de las bancadas de MORENA en las Cámaras Baja y Alta del Congreso de la Unión, también le apuestan a un “golpe de poder” -un “quinazo” como aquel de enero de 1989- bajo la bendición presidencial o de algunos funcionarios del gabinete para acelerar el derrumbe de liderazgos como los de Carlos Romero Deschamps o Isaías González Cuevas.

Como es sabido, estos dos líderes han sido integrantes por décadas del sector obrero del PRI, cuya actual dirigente nacional Claudia Ruiz Massieu, fue la gran ausente en el 83 Aniversario de la CTM, celebrado el pasado 24 de febrero en el Auditorio Nacional, lo que indica que están soltando las amarras a los nefastos líderes “charros” sindicales.02 Carlos Romero Deshamps

En esta disputa inédita, siete son los puntos donde gravita la oferta laboral de las nuevas, viejas y ahora renovadas organizaciones para adjudicarse las banderas de lucha de una clase trabajadora venida a menos por los bajos salarios y la pérdida de conquistas laborales en las últimas tres décadas: reglamentación o desaparición del outsorucing; rechazo a los contratos de protección; mayores salarios; participación de utilidades; democracia sindical con voto libre y secreto; transparencia y rendición de cuentas; y promoción del voto secreto en las revisiones contractuales.

El llamado sindicalismo charro agrupado por antonomasia en organizaciones adherentes al Congreso del Trabajo y en donde militan centrales como la Confederación de Trabajadores de México y la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, ven derrumbarse su antes sólida unidad, sobre todo por los cantos de las sirenas que se lanzan a diversas organizaciones como el Sindicato de Ferrocarrileros, la Confederación Autónoma de los Trabajadores y Empleados de México.

Ahora, puesto en el banquillo de los acusados junto con el ex senador de la CTM, Tereso Medina por la presentación de la iniciativa laboral en diciembre de 2017, misma que buscaba aniquilar los derechos de millones de trabajadores, el todavía dirigente de la CROC, el también ex senador y actual diputado federal por el PRI, Isaías González Cuevas, es otro de los viejos “líderes charros” que ve como se desfonda su poder.

Tan es cierto lo anterior, que el pasado 25 de noviembre del 2018, dos días antes de celebrar su Congreso Nacional Extraordinario, diversas organizaciones disidentes de esta central así como centrales estatales, se dieron cita en la Ciudad de México para dar paso al nacimiento del Consejo Nacional Laboral.

El nuevo organismo se calcula que agrupa a casi 2 millones de trabajadores del país y representa para analistas del sector obrero, el principio del fin de Isaías González Cuevas al frente de una de las organizaciones obreras emblemáticas del viejo PRI.

Ahí los croquistas disidentes asentaron en el evento: “Nos constituimos para enfrentar a quienes han desviado los principios de nuestra central y sus raíces históricas y se han dedicado a enriquecerse a costillas de los trabajadores con la venta de contratos de protección y sustrayendo los recursos de sus agremiados”. Y obvio que se referían al denostado hombre octogenario que poco a poco va quedando sin la fuerza que lo caracterizaba.

Además, las voces de ese nuevo organismo sindical abundaron: “La CROC perdió su prestigio de décadas por conductas reprochables de quienes debían engrandecerla; no reconocemos ni toleramos ese liderazgo en decadencia que estamos dejando atrás con la integración de este Consejo Nacional Laboral”.

Podríamos finalizar diciendo que de esta forma y polarizados los bandos entre “charros y morenos”, será sin duda la posición que en los hechos asuman tanto el presidente de la República como la titular del Trabajo, Luis María Alcalde, lo que realmente compruebe en los hechos el respeto a la autonomía y vida interna de los sindicatos, dejando que sean los trabajadores los que decidan a quienes desean como sus representantes y no como acostumbraban hacer los “viejos líderes charros” sindicales; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .

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