¿Cómo se llamó la obra?

Por Alejandro Barañano

Muchos hemos tenido alguna vez el sueño de escribir una obra de teatro y con ello unirnos a los dramaturgos contemporáneos, pero como siempre en la vida la primera interrogante que nacería es: ¿Por dónde empezar? La tarea parece fácil, pero en realidad creo que dependerá de la trama, los elementos estructurales dramáticos, los diálogos y las acotaciones.

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Ahora bien, para establecer las partes de una obra de teatro podemos dividir el texto en cuadros o escenas, y quienes conocen de esto señalan que estas se miden por sus actos, y que suelen ser normalmente de tres: uno para la introducción, otro para el desarrollo y el último para la conclusión.

Dicho lo anterior estaríamos en posición de armar un melodrama teatral. Pues bien, comencemos.

PRIMER ACTO: Para ir fraguando la tramoya imaginemos que un escándalo surge en medio del divisionismo reinante en el Conclave donde se elaboran las leyes que nos rigen, y que uno de sus parlamentarios -Rigoberto, nombre del actor principal- sería señalado por una pléyade como la persona que recibió 337 mil pesos para la organización de foros del pueblo y donde a ciencia cierta no se sabe a dónde fue a parar el jugoso recurso que se supone sería para el pago de la logística de dichos eventos.

Ante tal situación, el mortal que recibiría dicho desembolso al no recibir emolumento en su alforjas -Don Guillermo, nombre que le pondremos a este personaje- no le quedó de otra más que cancelar el pliego correspondiente, y para ensalzar con algo de romanticismo al asunto que nos ocupa, podríamos decir que una correligionaria de Rigoberto -pongámosle Perla, por ejemplo- se reuniría en una centro comercial -la Plaza Náutica por decir algo- a media tarde con Don Guillermo para tratar de mediar en algo la suerte de quien fuera alguna vez su compañero.

Rigoberto Murillo ASEGUNDO ACTO: En este punto de la melodramática escena, Rigoberto el personaje perdidizo de los dineros del pueblo, podría salir a justificar que fue víctima de una falsificación de firmas y que el susodicho en ningún momento habría tocado con sus manos el diezmo.

Para ello, entonces será necesario poner cara de pusilánime calamitoso y decir algo así como: “Yo no iba a manchar mi imagen por 337 mil míseros pesos, yo no endosé el documento, eso es completamente falso, alteraron mi firma”; claro, esto con singular énfasis de víctima y con una carraspera al momento de hablar para denotar timidez y por qué no, algo de pánico escénico.

El dialogo podría continuar con una postura aparentemente nerviosa, donde Rigoberto puntualizaría que tres meses después se enteró que en vez de transferencia bancaria se había emitido un cheque por dicha cantidad, fingiendo entonces cinismo, pues los asistentes a la conmovedora escena se darían cuenta que el perdidizo personaje no sólo no recordaba dónde estaba el dinero sino que peor aún, que había firmado el cheque en cuestión. ¿Qué tal, cómo vamos?

Bueno, luego entonces diremos que para darle un toque de mayor realce, Rigoberto con un dejo de fuerza y pundonor sostendría que si el problema es el dinero, él tiene lo suficiente para pagar los 337 mil pesos que se le reclaman por parte del Conclave y de Don Guillermo; y para mezclar algo de calamidad e infortunio, entonces proclamará que: “Si el Juez me encuentra culpable, por supuesto que voy a renunciar, pero yo soy inocente”, algo así, como “Pepe El Toro”.

TERCER ACTO: Aquí entraríamos de lleno a la conclusión del melodrama y por ello Don Guillermo saldría al proscenio subrayando que sigue esperando que el parlamentario -entiéndase que hablamos del personaje de Rigoberto- le liquide sus metálicos por la faena que se le encomendó, pues entregó su tarea en una carpeta de conclusiones debidamente documentada, la cual fue entregada el 3 de diciembre del año 2018.

“Fui invitado por Rigoberto y nos dijo que el trabajo debería ser entregado máximo el 4 de diciembre del 2018”, razón por lo cual ahora exigirá su liquidación y en caso de ser requerido por la Procuraduría General de Justicia del Estado no tendría empacho en asistir ante la dependencia; “por lo que nos pueden llamar para aclarar de forma correcta la parte que nos corresponde, ya que no hemos recibido recurso alguno y por ello estamos a la orden”.

Justo en ese momento es cuando caería el telón y con esto se cerrarían los bastidores, pudiendo ser aclamado entonces Rigoberto -personaje principal de la trama- por su fecundo y florido papel histriónico, bufo y protagonista. Pero un pequeño detalle nos hace falta. ¿Qué nombre que se le pondría a tan vívida obra? Confío amable lector que usted me ayudará con ello; por lo que mientras quien esto escribe mejor seguirá BALCONEANDO. . .

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