Editorial Micrópolis

Hemos sido muy reiterativos, valga la expresión, cuando señalamos que el nuevo gobierno federal debería entender que eso es, y que la campaña política que durante 18 años realizó, ya terminó el pasado primero de julio del 2018 con su triunfo avasallador. Sin embargo, el pasado domingo 3 de marzo, parecía que volvíamos a esos tiempos electorales donde acusaciones diversas se lanzaban, solo que ahora cambió, ya no es el candidato, ahora son sus fanáticos los que lanzan la piedra, el insulto, la diatriba, el abucheo, la rechifla.

Al menos no observamos que el presidente de la República Andrés Manuel, mover un músculo para frenar esos 15 minutos de insultos al gobernante sudcaliforniano, tal parecía que esperaba “el espectáculo”, y cuando a él le correspondió hablar, por arte de magia desaparecieron los alaridos y se prestaron a escuchar la voz de su líder moral.

Bien lo dice Antonio Gómez Riojas, dirigente estatal del PRD, “ni la mujer gobernadora de Sonora se libró de este ‘protocolo’ que sistemáticamente se ha seguido con aquellos gobernantes estatales que no son de Morena, y que al intervenir el presidente, con tan solo levantar la mano, se calman”. Gómez Riojas le aclara a AMLO, “la jornada electoral, ya terminó, ya no es candidato ni dirigente social, es el presidente de todos los mexicanos y no debe de romper esa institucionalidad de respeto a su investidura como a la de los gobernantes anfitriones”.

Lo que pasó el domingo 3 de marzo en Cabo San Lucas, fue un acto que genera encono social, divide a la población, crea inestabilidad y enfrentamientos entre la sociedad y su gobernante, por lo que el líder del PRD, lo calificó como irresponsable “y aunque nieguen que hay un manual hecho por morenistas para estas giras del presidente de la República, ya existe conflicto, y nadie les cree que no sean ellos, pues qué casualidad que solo suceden esos bochornosos actos con gobernadores no afines a Morena, como sucedió ese domingo”.

Podremos no coincidir con el gobernante, a lo mejor no nos caerá bien, sin embargo, no son maneras de increparlo, sobre todo a Carlos Mendoza a quien le ha gustado dar respuestas de frente a la población, como ya lo ha hecho en varias giras de trabajo, cuando le cuestionan sobre alguna respuesta no correspondida a su responsabilidad.

Por eso, el dirigente estatal del PAN, Carlos Rochín Álvarez, fue contundente cuando afirma, a nombre de los militantes de su partido, que a ellos “les da mucho orgullo tener un gobernador que no se hace menos frente a los gritos y aspavientos de quienes no han entendido que primero está el interés de todos, antes que el particular”, y que además vieron en Carlos Mendoza “a un gobernador bien plantado, extendiendo una mano cordial y amiga al presidente de la República, porque así somos los sudcalifornianos, somos amables y hablamos de frente, y el gobernador no dejó de señalar los problemas que aquejan a la entidad invitando a AMLO a sumar esfuerzos para solucionarlos”.

Y creo que coincidimos muchos ciudadanos, lo que hicieron el domingo 3 de marzo, no le abona al clima de civilidad política ni estamos en campaña ni mucho menos en guerra como para estarse peleando, porque a nadie la conviene una sociedad dividida por el odio.

Vuelvo a insistir, ese domingo, tampoco escuché en el discurso presidencial, ese llamado a la unidad nacional, a esa reconciliación política pasado el proceso electoral, y creo que es lo que hace falta, pero también, que López Obrador calme a su tigre que tiene en Morena y se deje se andar organizando mítines en donde debería existir una reunión de trabajo en el cual participan las tres instancias de gobierno para resolver eso, los graves problemas que tiene la población.

Como bien dice Carlos Rochín, debe existir respeto, si se puede convivir aun con las diferencias políticas y tener una relación institucional de armonía con un presidente diferente al partido del gobernador. No olvidar que quienes distribuyeron el instructivo para impedir que el gobernador hablara durante esa reunión de trabajo, ahora se dicen sorprendidos de que ellos no fueron, que son del PAN, y por supuesto el dirigente estatal de Morena, Alberto Rentería Santana, que por cierto no estuvo en el evento del domingo 3 de marzo, dijo no conocer de ese documento y que no era atribuible a su partido. ¿Se las creemos?

Solo nos basta decir que ese 3 de marzo en Cabo San Lucas, pudimos observar a un gobernador que estoico, cumplió con su responsabilidad, plantearle al Presidente de la República el problema del agua, de la minería, y que López Obrador dio puntual respuesta con un ¡no a la minería tóxica! Y autorizar mil millones de pesos para construir una desalinizadora en Cabo San Lucas, y además de brindarle la “confianza al ciudadano gobernador” (sic), para resolver el asunto de la movilidad en la entidad.

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